Cuando llegué al local, seis meses antes de que me visitara el ángel que vino a beber un poco de agua y que en prenda de mis obsesiones me dejará una hermosa pluma blanca a la que le hice su altar, allá en el rincón, conocía a Manuel.
Manuel guarda sobre la cabeza todo el cabello de su juventud, sólo que lo que antes fue negro noche ahora es de un blanco tan plata y tan profundo que bien podrían coserse con su cabello alamares en traje de charro.
Es un hombre rudo, carpintero de profesión. Su mirada es eterna cuando mira al horizonte, pero cada vez va siendo menos profunda, da la impresión que se le va acortando, es como si su bondad ya fuera para unos cuantos a pesar de que su amabilidad sigue siendo para todos.
El hombre está en esa edad indefinible que sólo se ganan como virtud aquellos que han sabido vivir bien, sus manos son toscas y tan rudas que una caricia de ellas bien podría ser el peor augurio para un bebe, y sin embargo, cuando carga a su nieta o acaricia a Remedios su esposa, la tranquilidad que emiten se siente hasta la esquina. Yo mismo lo he constatado aquí en el local, si su nieta está allá con él, enmudece el revolotear de las moscas y los murmullos de mis fantasmas.
El cuando conocí a Manuel afuera de su accesoria, tenía dos cajones de madera en la acera, y sobre de ellos, acariciaba, como sólo se acaricia un bien amado, lo que yo vi como una simple puerta.
Ese día supe que Manuel era amante de la madera por sobre todas las cosas. Imaginé a Remedios discutiendo y disputándole su amor después de tener sexo.
A partir de ese día, lo vi regalándole, a su puerta, su amor y dedicación lo menos 15 minutos al día. De sus manos admiré, y vaya que admire, cajoneras, bases de cama, roperos, en fin, todo lo que un carpintero puede crear. Sus manos mágicas tenían el poder de embelesar hasta a los adoradores del acero.
Cada día, cuando sacaba a la acera sus cajones le decía yo; ¿para cuándo Manuel, para cuándo podré ver esta joya que estas labrando? Y su respuesta siempre fue la misma; Ya lo dirá el Señor, yo no tengo prisa, y le daba la espalda al sol y de nuevo a acariciar la madera.
Ayer que regresó el ángel a mi local a beber de nuevo agua y a dejarme una nueva pluma pero ahora oxidada, y con la cual me pidió que escribirá su historia y no pendejadas, cuando salio y partió de mi vista, ahora caminando, descubrí que Manuel no estaba, creo que soy sumamente ingrato con la gente buena, creo que su magia me deslumbró los primeros días y después lo comencé a ver como algo normal, como algo de todos los días, algo así como cuando uno se enamora y ve virtudes hasta en la mierda del ser amado y que después, cuando el desamor llega y llega benigno, uno dice: carajos, sólo era mierda. No digo que Manuel ni su trabajo lo fueran, nada de eso, pero así me sentí al descubrir que ya era de noche y no había notado su ausencia.
Hoy lo vi al llegar al local y me tranquilicé, pero así como el ángel había cambiado en año y medio, Manuel había cambiado de forma tremenda en un par de días, apenas pudo cargar con mi ayuda sus cajones para colocar su obra de arte. Su voz se despeñaba de su boca al suelo y sus ojos hacían agua. De inmediato me alarme y con un nudo en la garganta le pregunté: ¿Remedios, está bien? mejor que nunca, se quedó en casa moliendo chiles, chocolate y pan para el mole que hará el día de mañana, sus lágrimas sólo son porque hace ya años que no asaba chiles, me dijo. Carambas Manuel, así que mañana habrá fiesta en casa, le dije, y el sonriendo me contestó; así lo quiera el Señor, así lo quiera.
Indignado conmigo mismo por no notar su ausencia y si esa especie de decadencia que cargaba sobre la espalda, me quedé charlando y acariciando su obra. Carajos, puedo jurar que he acariciado las pieles mas bellas que un hombre pueda tener, puedo jurar y lo firmo, que ninguna de ellas era tan calida, si, tan calida, como la obra de arte que tenía ante mis ojos y de la cual Manuel me dijo que por fin estaba terminada.
No había duda, bella entre las bellas su obra, curva sobre curva era sensual y hasta sexual, línea sobre línea era sobria, y ahí en una esquina pude ver lo que creí que era un bebe naciendo, seguí la línea en forma transversal y descubrí nuevos nacimientos, muertes, miseria, bonanza, es decir; todo lo que se vive en una vida hasta llegar al ocaso.
Curioso como soy y sabiendo que no hay cliente que espere dos años por ningún trabajo y conociendo que el hogar de Remedios y Manuel era sumamente modesto, le pregunté; ¿Manuel donde vas a poner esta belleza de puerta? Y calmado con su voz quebrada me respondió; así qué todos este tiempo la has visto como puerta, pues en cierta forma tienes razón, para unos será la puerta que cierre mi féretro, a mi me gusta pensar que será la puerta que abre otra vida. Coman y disfruten como remedio lo que Remedios guisará para mañana, el Señor me ha dicho que yo no despertare, y le creo. Yo guardé silencio anticipado.
Gayo 22.2.11 en una tarde recordando que el Señor nos tiene en sus manos.
viernes, 25 de marzo de 2011
evangelizándome.
Cuando pasó por el local, venia acompañado de sus hermanos de religión, de cinco que eran él fue el ultimo en entrar y el primero en hablar; si te tomas de la mano del Señor nada te faltará, dijo, y su voz me sonó como agua cayendo en un árido pastizal incluso olvidado de las lagrimas del Señor y me dije; si el precio de tenerte es tomarme de la mano del Señor, que me hagan un cita.
Tendría caso veintidós o quizás dos mil años, ¿Quién pude saberlo? Cuando me miró a los ojos con esas dos envidias de luceros de un azul profundo, de inmediato supe que de ahí se habría inspirado el Arquitecto para darle color al Pacifico, mi yo interno se inquietó mas de la cuenta, pero puso más atención en su estructura física que en lo que estaba diciendo.
Su cuello desprovisto de manzana era acaso una curva delicada pero sumamente peligrosa y aún así su voz seguía regando estos pastos de años y años de sequía mientras adentro de su cuello algo se movía.
De pronto, su mano color de cera se movió por el aire, despidió el aroma del veneno de abejas, y yo que antes de ser un canalla fui apicultor, ya sabía que sólo hay sobre la tierra un aroma mas hermoso que ese; el olor de algunas hormonas fieles y compatibles a mis necesidades y por aquí, de verdad, no volaba ningún insecto.
Su voz seguía regando mi miserable alma, debió ser así, porque debajo de mi ombligo, lento pero seguro, crecía con una fiereza ejemplar, el árbol de la vida.
En un instante, si darme cuenta de nada, colocó sobre la mesa un folletín que llevaba como ejemplo para compartir la instrucción de su fe a los que ya estábamos secos, me pidió que me acercara y mi perna tocó la suya que se movía de arriba abajo como lo hace un adolescente antes y después de recibir alguna calificación importante, no pude mas, la desértica estructura del árbol de la vida se humedeció de tal manera que por mis ojos sentí el canto de pájaros y la oscuridad blanca que se forma en la mente cuando un cuerpo ha derramado la simiente sobre de otro, temí por un momento que el fuerte aroma que estaba yo despidiendo fuera percibido por ellos, pero al parecer sólo él lo descubrió en el aire de local, pues me sonrío como sonríe la luna y me guiñó un ojo de tal manera que ahí en ese guiño se resumía el pecado del mundo.
Justo en ese momento terminaros su labor conmigo y con lo que me quedaba de alma, casi al unísono dieron que tenían que partir y partieron.
Cuando dieron la vuelta vi su espalda y quise exclamar ¡Demonios! ¡Pero si debajo de la camisa oculta los muñones que quedan cuando alguien cuelga las alas atrás de la puerta!, pero creo que de alguna manera su palabra me había tocado y sólo pude exclamar para mis adentro ¡Dios mío!
Cuando se fue, se llevó hasta mi última moneda, a cambio me dejó unos folletos, un llano perfectamente húmedo y la advertencia que la semana entrante serían sus hermanos, no él, los que me visitaran para aclarar mis pensamientos sobre la charla que él me había dado y sobre la lectura que reposaba sobre la mesa y se me quedaba de tarea.
Me lleva la chingada, no sé porqué tienen esa afición los ángeles de pasar por el local a tocar, solamente mi alma.
Gayo. 22.2.11 En una tarde mística evaluando qué es pecado y qué no lo es.
Tendría caso veintidós o quizás dos mil años, ¿Quién pude saberlo? Cuando me miró a los ojos con esas dos envidias de luceros de un azul profundo, de inmediato supe que de ahí se habría inspirado el Arquitecto para darle color al Pacifico, mi yo interno se inquietó mas de la cuenta, pero puso más atención en su estructura física que en lo que estaba diciendo.
Su cuello desprovisto de manzana era acaso una curva delicada pero sumamente peligrosa y aún así su voz seguía regando estos pastos de años y años de sequía mientras adentro de su cuello algo se movía.
De pronto, su mano color de cera se movió por el aire, despidió el aroma del veneno de abejas, y yo que antes de ser un canalla fui apicultor, ya sabía que sólo hay sobre la tierra un aroma mas hermoso que ese; el olor de algunas hormonas fieles y compatibles a mis necesidades y por aquí, de verdad, no volaba ningún insecto.
Su voz seguía regando mi miserable alma, debió ser así, porque debajo de mi ombligo, lento pero seguro, crecía con una fiereza ejemplar, el árbol de la vida.
En un instante, si darme cuenta de nada, colocó sobre la mesa un folletín que llevaba como ejemplo para compartir la instrucción de su fe a los que ya estábamos secos, me pidió que me acercara y mi perna tocó la suya que se movía de arriba abajo como lo hace un adolescente antes y después de recibir alguna calificación importante, no pude mas, la desértica estructura del árbol de la vida se humedeció de tal manera que por mis ojos sentí el canto de pájaros y la oscuridad blanca que se forma en la mente cuando un cuerpo ha derramado la simiente sobre de otro, temí por un momento que el fuerte aroma que estaba yo despidiendo fuera percibido por ellos, pero al parecer sólo él lo descubrió en el aire de local, pues me sonrío como sonríe la luna y me guiñó un ojo de tal manera que ahí en ese guiño se resumía el pecado del mundo.
Justo en ese momento terminaros su labor conmigo y con lo que me quedaba de alma, casi al unísono dieron que tenían que partir y partieron.
Cuando dieron la vuelta vi su espalda y quise exclamar ¡Demonios! ¡Pero si debajo de la camisa oculta los muñones que quedan cuando alguien cuelga las alas atrás de la puerta!, pero creo que de alguna manera su palabra me había tocado y sólo pude exclamar para mis adentro ¡Dios mío!
Cuando se fue, se llevó hasta mi última moneda, a cambio me dejó unos folletos, un llano perfectamente húmedo y la advertencia que la semana entrante serían sus hermanos, no él, los que me visitaran para aclarar mis pensamientos sobre la charla que él me había dado y sobre la lectura que reposaba sobre la mesa y se me quedaba de tarea.
Me lleva la chingada, no sé porqué tienen esa afición los ángeles de pasar por el local a tocar, solamente mi alma.
Gayo. 22.2.11 En una tarde mística evaluando qué es pecado y qué no lo es.
ángeleando de nuevo
Eran seis los botones de su camisa las garitas que mal cuidaban su pecho de mi mirada, y un gabán negro como la noche el que colgaba del perchero de sus hombros. Sus piernas, torneadas a fuego lento, me dejaban ver a través de sus jeans raídos como se movían despacito como trigal acariciado por el viento sus dorados vellos. Su mirada recia azul profundo era la envidia de lo que un día, al principio de los días, quiso ser el color del acero. Sus dorados cabellos caían como tormenta de rayos en seco sobre sus hombros, y sus labios de carnada, rojos como la granada, apenas se abrían para suspirar y exhalar el perfume del veneno de abeja.
Se deshizo lentamente de la prisión de las garitas que cedieron fácilmente a las caricias de sus dedos, yo, absorto con la visión de su pecho desnudo, escuché su voz de melodía sin fin que me decía; no todo es sexo en la vida. En ése momento quedé inmóvil, crucificado a la cama y totalmente húmedo por el sudor y otros líquidos corporales, pensé; ojalá éste sea uno de esos momentos en los que lo único que no importa es la vida.
Mi cuerpo y alma estaban listos para ser usado con el perdón del lector, del Señor y de la moral aprendida en los tiempos del ocio.
Por fin, después de algo que pareció la autentica eternidad, se sentó en la cama a mi lado para rozar con sus labios mi boca, apenas fue un roce, nada de contacto, sin embargo sentí como mis labios estaban a un aliento de fundirse y dejarme mudo para siempre.
Me miró de pies a cabeza deteniéndose un segundo a escudriñar las palpitaciones de mi hombría y a rociar mi carne con una lágrima antigua.
Su mirada se convirtió al mismo tiempo en la tristeza y la paz de un camposanto, sonrío levemente y con un sólo movimiento bastante brusco se puso de pie al tiempo que se despojaba de la camisa y el gabán, dio media vuelta y sus alas blancas aletearon con fuerza impulsando su cuerpo hacia la ventana que se estrelló en cien mil luceros como añicos, su volar levantó todo el polvo del mundo que se alojo sin piedad en mis ojos, no pude ver más.
Cuando el agua de mis cristalinos me permitió ver de nuevo la luz, encendí un cigarro y con toda la furia que puede contener la botella de un genio atrapado con bajas argucias, exclamé; Demonios, otro ángel más que pasa por mis santísimas ganas sin tocar nada ¿será caso qué de verdad los ángeles no tienen sexo?
Gayo 23.2.11 en una tarde en la que el viento apenas despeina, apenas remueve el sentir de los recuerdos.
Se deshizo lentamente de la prisión de las garitas que cedieron fácilmente a las caricias de sus dedos, yo, absorto con la visión de su pecho desnudo, escuché su voz de melodía sin fin que me decía; no todo es sexo en la vida. En ése momento quedé inmóvil, crucificado a la cama y totalmente húmedo por el sudor y otros líquidos corporales, pensé; ojalá éste sea uno de esos momentos en los que lo único que no importa es la vida.
Mi cuerpo y alma estaban listos para ser usado con el perdón del lector, del Señor y de la moral aprendida en los tiempos del ocio.
Por fin, después de algo que pareció la autentica eternidad, se sentó en la cama a mi lado para rozar con sus labios mi boca, apenas fue un roce, nada de contacto, sin embargo sentí como mis labios estaban a un aliento de fundirse y dejarme mudo para siempre.
Me miró de pies a cabeza deteniéndose un segundo a escudriñar las palpitaciones de mi hombría y a rociar mi carne con una lágrima antigua.
Su mirada se convirtió al mismo tiempo en la tristeza y la paz de un camposanto, sonrío levemente y con un sólo movimiento bastante brusco se puso de pie al tiempo que se despojaba de la camisa y el gabán, dio media vuelta y sus alas blancas aletearon con fuerza impulsando su cuerpo hacia la ventana que se estrelló en cien mil luceros como añicos, su volar levantó todo el polvo del mundo que se alojo sin piedad en mis ojos, no pude ver más.
Cuando el agua de mis cristalinos me permitió ver de nuevo la luz, encendí un cigarro y con toda la furia que puede contener la botella de un genio atrapado con bajas argucias, exclamé; Demonios, otro ángel más que pasa por mis santísimas ganas sin tocar nada ¿será caso qué de verdad los ángeles no tienen sexo?
Gayo 23.2.11 en una tarde en la que el viento apenas despeina, apenas remueve el sentir de los recuerdos.
Huelleando
A tus huellas preñadas
de adioses le están naciendo
dunas en los sabañones,
cojean en la memoria,
en las vueltas de mentiras,
en los tacones de otros pies
que intentan e intentan todo
con sus danzas inventadas.
Les están naciendo dudas
en lo verbos de aquel
antiguo código que te dejé escrito
cuando me miraste de hinojos,
los nuevos vientos les están soplando
sobre los vestigios,
casi es una palabra enorme
al mirar casi sus restos,
casi nada queda,
se están desmoronando
como faro de arena intentado
rescatar las naves al llevarlas
a puerto seguro.
A tus adioses les está naciendo
humo de mi pecho,
déjame inhalarlo nuevamente,
no te vayas pies de azúcar,
duéleme hasta que de nuevo
brote una nueva tarde.
Hasta que de tus huellas preñadas
les germinen nuevos pasos.
Gayo. 25.2.11 en una tarde extraña, con vientos de buenaventura a la vuelta de la esquina, con vientos que quieren volar a sotavento y los suspiros fríos no los dejan.
de adioses le están naciendo
dunas en los sabañones,
cojean en la memoria,
en las vueltas de mentiras,
en los tacones de otros pies
que intentan e intentan todo
con sus danzas inventadas.
Les están naciendo dudas
en lo verbos de aquel
antiguo código que te dejé escrito
cuando me miraste de hinojos,
los nuevos vientos les están soplando
sobre los vestigios,
casi es una palabra enorme
al mirar casi sus restos,
casi nada queda,
se están desmoronando
como faro de arena intentado
rescatar las naves al llevarlas
a puerto seguro.
A tus adioses les está naciendo
humo de mi pecho,
déjame inhalarlo nuevamente,
no te vayas pies de azúcar,
duéleme hasta que de nuevo
brote una nueva tarde.
Hasta que de tus huellas preñadas
les germinen nuevos pasos.
Gayo. 25.2.11 en una tarde extraña, con vientos de buenaventura a la vuelta de la esquina, con vientos que quieren volar a sotavento y los suspiros fríos no los dejan.
Coñeando
Cuando faltaste a tu palabra de quedarte
le cambie la cerradura de la puerta a las noches,
condené a perpetua a los sueños
en su claustro de pestañas,
derrumbé con ira el monumento a tu coño
que adornaba sobre la mesita el manual hindú
al que le agregamos el prefacio y las conclusiones,
cuanta falta le haces al bao de mis pasiones y
a la espuma de mis mares que se va secando
entre los trapos, en las pretensiones,
en las ganas sin la playa de tu tafanario,
en la soledad de recordar los rincones
de tu piel que nunca habían sido allanados,
vuelve corazón de azúcar, vamos a cambiarle
al sol las cerraduras para que nunca amanezca,
abramos levemente los párpados a las persianas
para dorarnos con la luz de luna, vamos a
inaugurarle otro monumento al nido de tus piernas y
a escribir otro epilogo en tu piel que te sostenga
entre mi espada, la pared, y tres puntos suspensivos.
Gayo. 24.3.11 en una tarde que ha sentido tanto calor que se ha despojado de todas sus nubes.
le cambie la cerradura de la puerta a las noches,
condené a perpetua a los sueños
en su claustro de pestañas,
derrumbé con ira el monumento a tu coño
que adornaba sobre la mesita el manual hindú
al que le agregamos el prefacio y las conclusiones,
cuanta falta le haces al bao de mis pasiones y
a la espuma de mis mares que se va secando
entre los trapos, en las pretensiones,
en las ganas sin la playa de tu tafanario,
en la soledad de recordar los rincones
de tu piel que nunca habían sido allanados,
vuelve corazón de azúcar, vamos a cambiarle
al sol las cerraduras para que nunca amanezca,
abramos levemente los párpados a las persianas
para dorarnos con la luz de luna, vamos a
inaugurarle otro monumento al nido de tus piernas y
a escribir otro epilogo en tu piel que te sostenga
entre mi espada, la pared, y tres puntos suspensivos.
Gayo. 24.3.11 en una tarde que ha sentido tanto calor que se ha despojado de todas sus nubes.
Androginiando o la primera angeleada
Durante años, infinidad de años, han sido ellos los que me han buscado, los que me ha tentado, los que por broma o afición me persiguen. Han sido ellos los que con las más bajas argucias han tratado de seducirme y no los culpo, la realidad es que el pecador fui yo, o al menos así lo creo, de lo que si estoy seguro, de lo que no tengo duda, es que éste eterno ritual en el que vivo, es el castigo que me ha sido dictado.
Todo comenzó antes de que yo mismo tuviera razón, de verdad, y lo juro, no sé cual fue mi pecado original, no sé el por qué soy un paria, un maldito, un gandaya, un perseguido por las más ¿despreciables? pasiones. Pero en realidad tampoco me quejo tanto, el deseo es una pócima encantadora. Si acaso el único dolor que siempre me queda es que jamás he podido, y tal vez jamás podré, culminar con la explosión del llanto blanco de mi cuerpo dentro de su ser el acto que tanto deseo y que es el vértice de la cruz que he de cumplir.
Todo comenzó aquella tarde en la que Pedro no quiso soltar la sopa y negó mas de dos veces a sus camaradas y al señor que antes le había dado de comer y de beber, fue la tarde en la que los oriundos pedían a gritos sangre y carne, llanto y muerte, la tarde en la que se terminaron de un tajo los milagros a ojos vistas, la tarde en la que el cielo se cerró mientras que yo, alejado de las traiciones, la diabólica política y los tumultos, moría a solas ávido de amor y sexo.
En aquel tiempo, ya tenía mas de doscientos años de vagar, de ir y venir, de morir cada tarde, cada noche y despertar vivo en cada amanecer sólo para repetir la odiosa rutina, sólo para abrir mis venas y darme cuenta que de no había modo de mantenerlas abiertas. Sin embargo, por absurdo que parezca, mis ojos en aquel entonces aún sabían asombrarse, aún sabían llorar, aún se cerraban de cuando en cuando para hacer lo que mejor saben hacer los ojos cerrados: soñar.
Fue entonces, en uno de esos sueños repentinos cuando lo vi a lo lejos tirado debajo de una higuera, su alma, al igual que su cuerpo semidesnudo con lo poco de su ropa echa jirones hubieran podido ser el desprecio de cualquier mendigo. Miré a un lado y al otro, no había nadie, su soledad y la mía eran sin vacilación las soledades mas tristes y sin remedio que cualquiera pueda imaginar, sentí harta piedad de mí y me acerqué con la intención de darle de comer un poco de pan y beber un poco de vino que despreció sin miramientos y que yo había robado la noche anterior de una mesa donde se sirvió una cena en la poco después, supe que él había sido un invitado.
Levanté su cabeza del suelo para posarla en mis rodillas, acaricie su andrógino y angelical rostro para poder mirarlo y a la vez librarlo de los rulos de su cabellera negra como noche que le llovían sobre los ojos y le ahogaban la mirada, sentí en una mano el fuego de su piel canela, en el corazón toda la misericordia posible y en la otra mano las plumas que nacían de su espalda y que parecían madroños de estopa con la que ha sido limpiado por años las lámparas de aceite y los incensarios de algún templo pagano.
Cuando me miró a los ojos, vi que se encontraba en el fondo, más allá de su situación sólo quedaban los fuegos del infierno, lo supe porque yo de ellos venia saliendo, su voluntad había sido completamente resquebrajada, sólo le quedaba lo que para otros, los normales, era el lujo de respirar y que para nosotros los caídos, era el hálito que nos descubría ante los ojos de cualquiera como malditos.
Mi piedad en aquel tiempo era tan grande como mi lujuria, y sus ojos negros de obsidiana, su cabellera como tempestad nocturna, sus labios curvos de acertijo, su piel sedosa de color canela, la inmensa ternura que se desprendía de su desamparo y su cuerpo todo sin sexo a la vista, eran la formula perfecta para saciar los mas bajos instintos a los que yo de antemano había sido sentenciado.
Limpié su rostro y le besé en frente, mis labios se acercaron a los suyos a un suspiro de distancia, sin embargo, cuando iba a realizar la conjunción deseada, mis labios se abrasaron a su aliento y comenzaron a fundirse como si fueran cera alrededor del pabilo en llamas, alejé con temor mi rostro, no así mis manos que continuaron con malicia acariciándolo con la esponja llena de agua con la que lavaba su cuerpo y que debió parecer bendita, pues al tiempo que el cochambre de su piel salía, él se iba incorporando batiendo lentamente sus desastrosas alas hasta ponerse de pie. Sus labios, ay señor, ¿cómo olvidarlo?, se movieron para ofrecerme una sonrisa llena de ironía y ternura si es que eso se puede, una sonrisa tan enorme que aun perdura hasta nuestros días y que se puede mirar en las noches claras cuando la luna, siendo apenas el filo de una uña, se disfraza como rama de árbol dispuesto para horca.
Fue ese día cuando aprendí que jamás tendría descanso, que por mas que me ocultara en algún local alejado de la mirada del señor y rodeado de nativos hambrientos de sesos y sedientos de verbo, ellos, los caídos, por culpa de mi maldecida piedad seguirían buscándome cada vez que necesitaran quien les reconfortara, quien les otorgara una caricia que al ser concedida no condenara a nadie, un maldito que al mirar al cielo no tuviera con quien quejarse, un inexperto del sexo que por más que estuviera cerca de su piel y de ellos jamás pudiera conocer si tienen sexo, una victima de sus chanzas a quien removerle toda la lujuria de su alma y cuerpo sin que pueda reventar en todo lo posible, el llanto blanco de su cuerpo.
Gayo. 24.3.11 en una tarde en la que, después de pagar la cuenta del teléfono y rumbo al local, me ha seguido una parvada de seres alados, una parvada de golondrinas sin nidos, sin adioses.
Todo comenzó antes de que yo mismo tuviera razón, de verdad, y lo juro, no sé cual fue mi pecado original, no sé el por qué soy un paria, un maldito, un gandaya, un perseguido por las más ¿despreciables? pasiones. Pero en realidad tampoco me quejo tanto, el deseo es una pócima encantadora. Si acaso el único dolor que siempre me queda es que jamás he podido, y tal vez jamás podré, culminar con la explosión del llanto blanco de mi cuerpo dentro de su ser el acto que tanto deseo y que es el vértice de la cruz que he de cumplir.
Todo comenzó aquella tarde en la que Pedro no quiso soltar la sopa y negó mas de dos veces a sus camaradas y al señor que antes le había dado de comer y de beber, fue la tarde en la que los oriundos pedían a gritos sangre y carne, llanto y muerte, la tarde en la que se terminaron de un tajo los milagros a ojos vistas, la tarde en la que el cielo se cerró mientras que yo, alejado de las traiciones, la diabólica política y los tumultos, moría a solas ávido de amor y sexo.
En aquel tiempo, ya tenía mas de doscientos años de vagar, de ir y venir, de morir cada tarde, cada noche y despertar vivo en cada amanecer sólo para repetir la odiosa rutina, sólo para abrir mis venas y darme cuenta que de no había modo de mantenerlas abiertas. Sin embargo, por absurdo que parezca, mis ojos en aquel entonces aún sabían asombrarse, aún sabían llorar, aún se cerraban de cuando en cuando para hacer lo que mejor saben hacer los ojos cerrados: soñar.
Fue entonces, en uno de esos sueños repentinos cuando lo vi a lo lejos tirado debajo de una higuera, su alma, al igual que su cuerpo semidesnudo con lo poco de su ropa echa jirones hubieran podido ser el desprecio de cualquier mendigo. Miré a un lado y al otro, no había nadie, su soledad y la mía eran sin vacilación las soledades mas tristes y sin remedio que cualquiera pueda imaginar, sentí harta piedad de mí y me acerqué con la intención de darle de comer un poco de pan y beber un poco de vino que despreció sin miramientos y que yo había robado la noche anterior de una mesa donde se sirvió una cena en la poco después, supe que él había sido un invitado.
Levanté su cabeza del suelo para posarla en mis rodillas, acaricie su andrógino y angelical rostro para poder mirarlo y a la vez librarlo de los rulos de su cabellera negra como noche que le llovían sobre los ojos y le ahogaban la mirada, sentí en una mano el fuego de su piel canela, en el corazón toda la misericordia posible y en la otra mano las plumas que nacían de su espalda y que parecían madroños de estopa con la que ha sido limpiado por años las lámparas de aceite y los incensarios de algún templo pagano.
Cuando me miró a los ojos, vi que se encontraba en el fondo, más allá de su situación sólo quedaban los fuegos del infierno, lo supe porque yo de ellos venia saliendo, su voluntad había sido completamente resquebrajada, sólo le quedaba lo que para otros, los normales, era el lujo de respirar y que para nosotros los caídos, era el hálito que nos descubría ante los ojos de cualquiera como malditos.
Mi piedad en aquel tiempo era tan grande como mi lujuria, y sus ojos negros de obsidiana, su cabellera como tempestad nocturna, sus labios curvos de acertijo, su piel sedosa de color canela, la inmensa ternura que se desprendía de su desamparo y su cuerpo todo sin sexo a la vista, eran la formula perfecta para saciar los mas bajos instintos a los que yo de antemano había sido sentenciado.
Limpié su rostro y le besé en frente, mis labios se acercaron a los suyos a un suspiro de distancia, sin embargo, cuando iba a realizar la conjunción deseada, mis labios se abrasaron a su aliento y comenzaron a fundirse como si fueran cera alrededor del pabilo en llamas, alejé con temor mi rostro, no así mis manos que continuaron con malicia acariciándolo con la esponja llena de agua con la que lavaba su cuerpo y que debió parecer bendita, pues al tiempo que el cochambre de su piel salía, él se iba incorporando batiendo lentamente sus desastrosas alas hasta ponerse de pie. Sus labios, ay señor, ¿cómo olvidarlo?, se movieron para ofrecerme una sonrisa llena de ironía y ternura si es que eso se puede, una sonrisa tan enorme que aun perdura hasta nuestros días y que se puede mirar en las noches claras cuando la luna, siendo apenas el filo de una uña, se disfraza como rama de árbol dispuesto para horca.
Fue ese día cuando aprendí que jamás tendría descanso, que por mas que me ocultara en algún local alejado de la mirada del señor y rodeado de nativos hambrientos de sesos y sedientos de verbo, ellos, los caídos, por culpa de mi maldecida piedad seguirían buscándome cada vez que necesitaran quien les reconfortara, quien les otorgara una caricia que al ser concedida no condenara a nadie, un maldito que al mirar al cielo no tuviera con quien quejarse, un inexperto del sexo que por más que estuviera cerca de su piel y de ellos jamás pudiera conocer si tienen sexo, una victima de sus chanzas a quien removerle toda la lujuria de su alma y cuerpo sin que pueda reventar en todo lo posible, el llanto blanco de su cuerpo.
Gayo. 24.3.11 en una tarde en la que, después de pagar la cuenta del teléfono y rumbo al local, me ha seguido una parvada de seres alados, una parvada de golondrinas sin nidos, sin adioses.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Juegueando
vamos a jugar de nuevo a que naciste indiferente,
a que tu cuello sin manzana es sólo azar y
no la credencial de identidad del ángel que yo creo,
vamos a que seas tú quien ponga
la cintura y
yo el cordel de versos
que te anuden a mi cama con mis yemas
a mi hoy,
a mi siempre,
a una noche o dos o hasta mañana, y
juguemos a que cuando cierras
las pestañas con mi yo adentro y
la blanca oscuridad de tu cerebro
te reproduce pálpitos en todo el cuerpo,
te enerva,
te humedece y
te haces sentirte preso de mis versos, y
sabes que esto es sólo es juego, nada serio,
cien caricias a lo sumo y
a que mi zumo huele a mí entre tus dedos.
Vamos a sentir que nos jugamos tú la indiferencia y
yo todo el amor posible a que eres mío, y
jugamos a que gano, y
también a que te tengo y
que también tú ganas al perder tu indiferencia y
te quedas, y
le haces un lugar a mis empeños en tu vida y
tu alma se queda empeñada por el juego
en mi cama, en mi cuerpo, en mi alma.
Gayo. 2.3.11 en una tarde en la que el sol escudriña por debajo de las piedras en busca de humedad que después de sus caricias sea polvo, sólo polvo.
Nota1. hoy aprendí que en el tianguis venden mariposas para los aretes, y yo que ingenuo siempre creí que los aretes por si mismos eran ya mariposas en las primaveras que custodian los suspiros.
Nota 2. ¿qué será de las mariposas que con el amor vuelan en la panza cuando el desamor les corta las alas?
Nota 3. Yo sé que cuando muera el Don tomará mi alma, le pondrá alas y me mandará a una cueva a volar como murciélago.
Nota 4. no tengo prisa, un día pedí ser inmortal y hasta hoy se me va cumpliendo, pero por si caso, vaya usted donando a alguna organización que cuide a los murciélagos, hágalo por mi alma.
PD: Bacardy no protege a los murciélagos, así que nada de bromitas ¿he?
a que tu cuello sin manzana es sólo azar y
no la credencial de identidad del ángel que yo creo,
vamos a que seas tú quien ponga
la cintura y
yo el cordel de versos
que te anuden a mi cama con mis yemas
a mi hoy,
a mi siempre,
a una noche o dos o hasta mañana, y
juguemos a que cuando cierras
las pestañas con mi yo adentro y
la blanca oscuridad de tu cerebro
te reproduce pálpitos en todo el cuerpo,
te enerva,
te humedece y
te haces sentirte preso de mis versos, y
sabes que esto es sólo es juego, nada serio,
cien caricias a lo sumo y
a que mi zumo huele a mí entre tus dedos.
Vamos a sentir que nos jugamos tú la indiferencia y
yo todo el amor posible a que eres mío, y
jugamos a que gano, y
también a que te tengo y
que también tú ganas al perder tu indiferencia y
te quedas, y
le haces un lugar a mis empeños en tu vida y
tu alma se queda empeñada por el juego
en mi cama, en mi cuerpo, en mi alma.
Gayo. 2.3.11 en una tarde en la que el sol escudriña por debajo de las piedras en busca de humedad que después de sus caricias sea polvo, sólo polvo.
Nota1. hoy aprendí que en el tianguis venden mariposas para los aretes, y yo que ingenuo siempre creí que los aretes por si mismos eran ya mariposas en las primaveras que custodian los suspiros.
Nota 2. ¿qué será de las mariposas que con el amor vuelan en la panza cuando el desamor les corta las alas?
Nota 3. Yo sé que cuando muera el Don tomará mi alma, le pondrá alas y me mandará a una cueva a volar como murciélago.
Nota 4. no tengo prisa, un día pedí ser inmortal y hasta hoy se me va cumpliendo, pero por si caso, vaya usted donando a alguna organización que cuide a los murciélagos, hágalo por mi alma.
PD: Bacardy no protege a los murciélagos, así que nada de bromitas ¿he?
Gandayeando con un seudo ángel
Ya había partido rumbo a casa cuando a media calle me di cuenta que había dejado mi libro sobre la mesa. El mal habito de leer siempre me ha hecho pensar en demonios cuando no lo hago, las obviedades de la vida me fatigan tanto que en ocasiones, cuando no leo, me doy cuenta cuan canalla soy, y yo mismo me doy harto miedo, así que no pude más, deshice el camino, y regresé por él.
Lo encontré a un lado de la cortina metálica del local, sostenía todo su cuerpo sobre una pierna en el suelo al tiempo que la otra manchaba la pared, los brazos cruzados sobre el pecho como quien mira y juzga el paso de la vida por sus ojos y lo aprueba con un leve asentimiento de cabeza.
No se movió ni un ápice cuando me tuvo de hinojos mientras abría la cortina, y yo, desde ahí abajo, lo miré, lo miré tan joven, bello y enorme, digamos, tan angelical, que cuando logré controlar mis nervios y abrí el local, escuché dentro de mi pecho; regrésate por mí, no por el libro, lo miré a la cara y vi que sus labios de fuego apenas se habían movido.
Comencé a sudar y me dije; vaya, por fin, tal vez sea éste el ángel que tanto he estado esperando.
El cómo iba vestido es lo de menos, lo importante es que cuando me di cuenta ya había cerrado tras de si, y tras de mí, la puerta de la cortina de metal y sin mediar palabra desabotonó cuatro de los seis botones de su camisa, la corbata rojo fuego cayó a mis pies permitiendo ver que en su cuello no había rastros de manzana, signo inequívoco, para mi que soy docto en la materia, de que era un verdadero ángel.
Su pecho brillaba y se expandía a un ritmo inusual, los siglos que tengo siendo un canalla, me dijeron que ello respondía a una excitación usualmente terrenal, pero no presté la atención debida, pues en la penumbra no localizaba mi libro.
Todo en él, excepto sus diente, sus enormes alas blancas y la macula de sus ojos era de un color caoba claro. De su mirada recia se podrían colgar todos los sueños que quedan por mal vivir y hasta una o dos realidades, la macula de sus ojos era de un blanco tan profundo que sin duda eran las virutas de las ansiedad que quedan en las noches de adolescencia cuando uno aprende a pecar hundido entre las sábanas, el amor y la compleja realidad de estar a solas. Sus dientes se asomaban atrás de su sonrisa como avisado que tenían hambre de mis carnes.
Su divino aliento inundo el local, era como estar en medio de millones de abejas, todo olía a abejera en busca de venganza, claramente pude imaginar a todas ellas con la gota de veneno colgando de la punta del aguijón y a mí, sonriendo, como su mortal victima.
Se acerco a un suspiro de mi boca y con su voz de cascada sin fin me dijo; sé que conoces el precio de un beso, tus labios se fundirán con mi miel y quedaras mudo, ¿aún así le quieres jugar al valiente?, asentí con la cabeza, finalmente mis labios han besado tanto que ya están fundidos y mi voz no sirve mas que para distraer de sus vuelos a cuervos y gaviotas, y yo después de tanto y todo, sólo se jugar y nada tomo en serio, pues nada me queda en la vida.
Cuando sus brazos rodearon mi cintura, recordé que siempre he sido un hombre precavido, lo detuve antes del beso, un poco más por precaución que por miedo a las consecuencias y le pregunté su nombre, yo ya acariciaba las plumas de sus blancas alas y el nacimiento de sus nalgas, ya no estaba en mí, casi toda la razón se me había esfumado, los líquidos de mi cuerpo ya se aferraban a las ropas y a mi piel, sus dedos reptaban por la cremallera de mi pantalón intentando hacer que el cierre cediera, de pronto, respondió a mi pregunta que en realidad ya no era importante pues yo jugaba, Ángel me dijo, y con ello rompió toda la magia posible ¡demonios! el encanto se conjuró con esa palabra haciendo que la razón me regresara de inmediato, lo solté como quien suelta de la mano una serpiente, le pedí con mi voz de gandaya y sin ninguna duda que cogiera su ropa y se largara.
Si al menos me hubiera dicho Jesús, o José, no sé, tal vez hasta Juan, habría comprendido que un nombre es sólo un nombre y no encierra en él ni virtud ni pecado.
Aún tengo aquí en mis manos sus lagrimas cristalizadas que me hacen pensar que su llanto era verdadero, yo un canalla, y él la excepción de la regla que mas encabrona a la gente docta, que como yo, experto conocedor en cuestiones de ángeles de todos colores, y hombre realmente sensible como soy, sé a ciencia cierta que no era un verdadero ángel, pues los verdaderos ángeles jamás me hacen sentir miedo de mi mismo, ni juegan con su nombre, ni fatigan con absurdas obviedades.
Gayo. en una tarde en la que el calor es tan fuerte que en venganza a mis canalladas, el calido viento envía al local a un ejercito de seres alados llamados: moscas.
Nota 1. si usted tiene un ángel verdadero manténgalo lejos de mi.
Nota 2. si su ángel verdadero es su ángel de la guarda, entonces pierda cuidado.
Nota 3. no todo lo que brilla es oro, ni todas las cagadas salen por el recto.
Nota 4. las cagadas que más apestan son las que uno comete lastimando a otro…………Shilaes, las dos ultimas notas no viene ni al caso ¿verdad?
Lo encontré a un lado de la cortina metálica del local, sostenía todo su cuerpo sobre una pierna en el suelo al tiempo que la otra manchaba la pared, los brazos cruzados sobre el pecho como quien mira y juzga el paso de la vida por sus ojos y lo aprueba con un leve asentimiento de cabeza.
No se movió ni un ápice cuando me tuvo de hinojos mientras abría la cortina, y yo, desde ahí abajo, lo miré, lo miré tan joven, bello y enorme, digamos, tan angelical, que cuando logré controlar mis nervios y abrí el local, escuché dentro de mi pecho; regrésate por mí, no por el libro, lo miré a la cara y vi que sus labios de fuego apenas se habían movido.
Comencé a sudar y me dije; vaya, por fin, tal vez sea éste el ángel que tanto he estado esperando.
El cómo iba vestido es lo de menos, lo importante es que cuando me di cuenta ya había cerrado tras de si, y tras de mí, la puerta de la cortina de metal y sin mediar palabra desabotonó cuatro de los seis botones de su camisa, la corbata rojo fuego cayó a mis pies permitiendo ver que en su cuello no había rastros de manzana, signo inequívoco, para mi que soy docto en la materia, de que era un verdadero ángel.
Su pecho brillaba y se expandía a un ritmo inusual, los siglos que tengo siendo un canalla, me dijeron que ello respondía a una excitación usualmente terrenal, pero no presté la atención debida, pues en la penumbra no localizaba mi libro.
Todo en él, excepto sus diente, sus enormes alas blancas y la macula de sus ojos era de un color caoba claro. De su mirada recia se podrían colgar todos los sueños que quedan por mal vivir y hasta una o dos realidades, la macula de sus ojos era de un blanco tan profundo que sin duda eran las virutas de las ansiedad que quedan en las noches de adolescencia cuando uno aprende a pecar hundido entre las sábanas, el amor y la compleja realidad de estar a solas. Sus dientes se asomaban atrás de su sonrisa como avisado que tenían hambre de mis carnes.
Su divino aliento inundo el local, era como estar en medio de millones de abejas, todo olía a abejera en busca de venganza, claramente pude imaginar a todas ellas con la gota de veneno colgando de la punta del aguijón y a mí, sonriendo, como su mortal victima.
Se acerco a un suspiro de mi boca y con su voz de cascada sin fin me dijo; sé que conoces el precio de un beso, tus labios se fundirán con mi miel y quedaras mudo, ¿aún así le quieres jugar al valiente?, asentí con la cabeza, finalmente mis labios han besado tanto que ya están fundidos y mi voz no sirve mas que para distraer de sus vuelos a cuervos y gaviotas, y yo después de tanto y todo, sólo se jugar y nada tomo en serio, pues nada me queda en la vida.
Cuando sus brazos rodearon mi cintura, recordé que siempre he sido un hombre precavido, lo detuve antes del beso, un poco más por precaución que por miedo a las consecuencias y le pregunté su nombre, yo ya acariciaba las plumas de sus blancas alas y el nacimiento de sus nalgas, ya no estaba en mí, casi toda la razón se me había esfumado, los líquidos de mi cuerpo ya se aferraban a las ropas y a mi piel, sus dedos reptaban por la cremallera de mi pantalón intentando hacer que el cierre cediera, de pronto, respondió a mi pregunta que en realidad ya no era importante pues yo jugaba, Ángel me dijo, y con ello rompió toda la magia posible ¡demonios! el encanto se conjuró con esa palabra haciendo que la razón me regresara de inmediato, lo solté como quien suelta de la mano una serpiente, le pedí con mi voz de gandaya y sin ninguna duda que cogiera su ropa y se largara.
Si al menos me hubiera dicho Jesús, o José, no sé, tal vez hasta Juan, habría comprendido que un nombre es sólo un nombre y no encierra en él ni virtud ni pecado.
Aún tengo aquí en mis manos sus lagrimas cristalizadas que me hacen pensar que su llanto era verdadero, yo un canalla, y él la excepción de la regla que mas encabrona a la gente docta, que como yo, experto conocedor en cuestiones de ángeles de todos colores, y hombre realmente sensible como soy, sé a ciencia cierta que no era un verdadero ángel, pues los verdaderos ángeles jamás me hacen sentir miedo de mi mismo, ni juegan con su nombre, ni fatigan con absurdas obviedades.
Gayo. en una tarde en la que el calor es tan fuerte que en venganza a mis canalladas, el calido viento envía al local a un ejercito de seres alados llamados: moscas.
Nota 1. si usted tiene un ángel verdadero manténgalo lejos de mi.
Nota 2. si su ángel verdadero es su ángel de la guarda, entonces pierda cuidado.
Nota 3. no todo lo que brilla es oro, ni todas las cagadas salen por el recto.
Nota 4. las cagadas que más apestan son las que uno comete lastimando a otro…………Shilaes, las dos ultimas notas no viene ni al caso ¿verdad?
Credeando
Y me quedé con el bocado atorado
después de ésa última cena en donde tu historia,
la historia y
la madre de todas mis derrotas
se quedaron sin mesías impoluto,
iba por ti con todos tus portentos y
preferiste cambiar la silla de virtud
para besarme desde un lado a un lado en mi mejilla, y
después la otra, y
te urgían tantos labios que los labios míos
fueron los paganos mientras te escondías
detrás de un árbol engalanado con una soga por corbata,
hay Jesús,
ay señor de casi todos mis desvelos
¿porqué cambiaste de ser mi adoración
a ser apóstata si eras redentor de mi pasado, y
de la buenaventura, de todo lo buena
que pudiera ser tu alma y tu piel
cubriendo la mía del pecado?
Ay Jesús mentor de todos mis pecados,
qué puñal ilumino tu vista con su brillo
para que hiciera que tu paso fuera liviandad
de solo un paso, sólo de paso.
Y yo que te miraba a futuro caminar mis mares
extrayendo de ellos los moluscos, vino, rezos,
conchas, caracolas con sus cantos y
a granel los peces sin argucias,
sin remilgos,
con nada que no fuera mas que el credo
que aprendí desde tus labios.
Gayo. en una tarde harta de calor recordando por temor el credo que casi estoy olvidando.
después de ésa última cena en donde tu historia,
la historia y
la madre de todas mis derrotas
se quedaron sin mesías impoluto,
iba por ti con todos tus portentos y
preferiste cambiar la silla de virtud
para besarme desde un lado a un lado en mi mejilla, y
después la otra, y
te urgían tantos labios que los labios míos
fueron los paganos mientras te escondías
detrás de un árbol engalanado con una soga por corbata,
hay Jesús,
ay señor de casi todos mis desvelos
¿porqué cambiaste de ser mi adoración
a ser apóstata si eras redentor de mi pasado, y
de la buenaventura, de todo lo buena
que pudiera ser tu alma y tu piel
cubriendo la mía del pecado?
Ay Jesús mentor de todos mis pecados,
qué puñal ilumino tu vista con su brillo
para que hiciera que tu paso fuera liviandad
de solo un paso, sólo de paso.
Y yo que te miraba a futuro caminar mis mares
extrayendo de ellos los moluscos, vino, rezos,
conchas, caracolas con sus cantos y
a granel los peces sin argucias,
sin remilgos,
con nada que no fuera mas que el credo
que aprendí desde tus labios.
Gayo. en una tarde harta de calor recordando por temor el credo que casi estoy olvidando.
Hablando con el señor o puras pendejadas.
No sé si fue al segundo día de todos los días o al tercero, pero sin duda fue antes del séptimo cuando fue creada, de un soplo como todo, la abeja.
Lo sé porque antes de ser el tipo de canalla que soy, el señor me lo dijo justo una tarde mientras me dedicaba a la apicultura. El como llegué a esa profesión es sencillo. Tenía yo 15 años, era soltero, seguramente muy guapo pues a esa edad el que no lo es, o el que no se siente así, se mete un definitivo balazo, y yo a los 12, lleno de acné, chaparro y sin aspiraciones sexuales ya lo había hecho y seguía de pie para contarlo.
Total que a esa edad, la única vez que entré a una escuela, supe que había mucho mundo por recorrer, y ante el llamado del señor, me metí por dinero con las abejas, es decir, a su mundo.
El como supe que la abeja fue creada en esos tiempos también es sencillo, y cualquiera que se haya quedado dormido en el campo llano debajo de un maguey a 38 grados a las sombra, sabe que hay muy pocas sombra ahí debajo, que el agua del cuerpo se consume rápidamente, que la temperatura del cuerpo sube a los mismos niveles de quien delira una sifilítica fiebre y que antes de morir asado, los sueños se vuelven palabra del señor.
Así pues, cumplía todos los requisitos para ser confidente de cualquiera, incluso del señor que durante una hora me confesó que la abeja nació antes que cualquier ser pensante, y que lo hizo en ese orden para facilitarle a los pensantes la forma en la que explicarían, mas adelante a su grey y cuando la moral fuera ley, la forma de fornicar.
Sin embargo, la abeja tenía otros planes, los cuales no incluían ser para siempre la mala metáfora del coito, la abeja, me dijo el señor, trabajadora como es, no le inspiraba para nada eso de estar en boca de los padres mintiendo con eso de los pistilos y las corolas, a ella las cosas como son, o se habla claramente de penes, vaginas (uy, ésta palabra algo de super mística tendrá, que no viene en el corrector ortográfico de mi PC) , óvulos y esperma, o si no ni madres, que no se hable de ella, total para habladurías ya tenia de sobra con los zánganos de la colmena, sus planes eran definitivos, dominar la tierra.
Así que voló por todos los confines a polinizar hasta en los calzones de la tía Amelia que argüía que a ella le olía el trasero a rosas, creo panales aquí y allá, diseñaron el mejor sistema clasista de la era, el mejor alimento que jamás haya existido, cera para iluminar con velas las cenas románticas, los féretros, las misas blancas y las negras, para aromatizar cuartos de baño y para suplir al vibrador en las noches en las que uno no encuentra baterías y no ha pagado el consumo de energía eléctrica.
Crearon todo lo útil menos la democracia, bueno, crearon todo lo útil y se desarrollaron como el primer ser dominador de la tierra, incluso, a riesgo de su vida crearon el veneno en la punta de su aguijón para defenderse de moros y cristianos, ateos y conversos, negros, rojos amarillos y hasta rubios de ojos verdes mar en calma, y que dicho sea de paso, huele como a hormonas de ángeles, no sabe, la cosa mas divina del mundo, así que si a usted algún día le llega a sus narinas el perfume mas seductor de la vida, corra a todo lo que da, no importa si hay o no abejas, la vida en libertad es lo primero.
Bueno, pero regresando a esta romántica historia y para concluirla.
Yo absorto con semejantes revelaciones le pregunté al señor; Bueno ¿y cuál fue la falla del plan de las abejas? Y el señor me respondió; sepa la chingada, no sé de que me hablas, bebe a sorbitos el agua, si no te encuentro te mueres, mira nada mas como tienes la piel llena de llagas y por allá las colmenas aún sin “ordeñar”, eres un zángano cabrón.
En aquel tiempo era muy joven y atrabancado, pero perdoné sin rencores al señor cuando me despidió con majaderías y ahí en medio de la nada.
Aún creo en su palabra y más en aquella que decía que yo jamás sería buen apicultor, por fortuna también me quedó la enseñanza y el recuerdo de Raquel su hija, que santa entre todas las santas me obsequió su virginidad a cambio de mi ultima paga.
Gayo 3.311 en una tarde en la que el calor hace delirar hasta a los sueños de verdad, a los sueños de soñar despierto.
Lo sé porque antes de ser el tipo de canalla que soy, el señor me lo dijo justo una tarde mientras me dedicaba a la apicultura. El como llegué a esa profesión es sencillo. Tenía yo 15 años, era soltero, seguramente muy guapo pues a esa edad el que no lo es, o el que no se siente así, se mete un definitivo balazo, y yo a los 12, lleno de acné, chaparro y sin aspiraciones sexuales ya lo había hecho y seguía de pie para contarlo.
Total que a esa edad, la única vez que entré a una escuela, supe que había mucho mundo por recorrer, y ante el llamado del señor, me metí por dinero con las abejas, es decir, a su mundo.
El como supe que la abeja fue creada en esos tiempos también es sencillo, y cualquiera que se haya quedado dormido en el campo llano debajo de un maguey a 38 grados a las sombra, sabe que hay muy pocas sombra ahí debajo, que el agua del cuerpo se consume rápidamente, que la temperatura del cuerpo sube a los mismos niveles de quien delira una sifilítica fiebre y que antes de morir asado, los sueños se vuelven palabra del señor.
Así pues, cumplía todos los requisitos para ser confidente de cualquiera, incluso del señor que durante una hora me confesó que la abeja nació antes que cualquier ser pensante, y que lo hizo en ese orden para facilitarle a los pensantes la forma en la que explicarían, mas adelante a su grey y cuando la moral fuera ley, la forma de fornicar.
Sin embargo, la abeja tenía otros planes, los cuales no incluían ser para siempre la mala metáfora del coito, la abeja, me dijo el señor, trabajadora como es, no le inspiraba para nada eso de estar en boca de los padres mintiendo con eso de los pistilos y las corolas, a ella las cosas como son, o se habla claramente de penes, vaginas (uy, ésta palabra algo de super mística tendrá, que no viene en el corrector ortográfico de mi PC) , óvulos y esperma, o si no ni madres, que no se hable de ella, total para habladurías ya tenia de sobra con los zánganos de la colmena, sus planes eran definitivos, dominar la tierra.
Así que voló por todos los confines a polinizar hasta en los calzones de la tía Amelia que argüía que a ella le olía el trasero a rosas, creo panales aquí y allá, diseñaron el mejor sistema clasista de la era, el mejor alimento que jamás haya existido, cera para iluminar con velas las cenas románticas, los féretros, las misas blancas y las negras, para aromatizar cuartos de baño y para suplir al vibrador en las noches en las que uno no encuentra baterías y no ha pagado el consumo de energía eléctrica.
Crearon todo lo útil menos la democracia, bueno, crearon todo lo útil y se desarrollaron como el primer ser dominador de la tierra, incluso, a riesgo de su vida crearon el veneno en la punta de su aguijón para defenderse de moros y cristianos, ateos y conversos, negros, rojos amarillos y hasta rubios de ojos verdes mar en calma, y que dicho sea de paso, huele como a hormonas de ángeles, no sabe, la cosa mas divina del mundo, así que si a usted algún día le llega a sus narinas el perfume mas seductor de la vida, corra a todo lo que da, no importa si hay o no abejas, la vida en libertad es lo primero.
Bueno, pero regresando a esta romántica historia y para concluirla.
Yo absorto con semejantes revelaciones le pregunté al señor; Bueno ¿y cuál fue la falla del plan de las abejas? Y el señor me respondió; sepa la chingada, no sé de que me hablas, bebe a sorbitos el agua, si no te encuentro te mueres, mira nada mas como tienes la piel llena de llagas y por allá las colmenas aún sin “ordeñar”, eres un zángano cabrón.
En aquel tiempo era muy joven y atrabancado, pero perdoné sin rencores al señor cuando me despidió con majaderías y ahí en medio de la nada.
Aún creo en su palabra y más en aquella que decía que yo jamás sería buen apicultor, por fortuna también me quedó la enseñanza y el recuerdo de Raquel su hija, que santa entre todas las santas me obsequió su virginidad a cambio de mi ultima paga.
Gayo 3.311 en una tarde en la que el calor hace delirar hasta a los sueños de verdad, a los sueños de soñar despierto.
Perpetuideando
Qué vas hacer conmigo
cuándo ya no tenga sexo,
ni brazos,
ni piernas, y
el tronco sólo sea una caja hueca
sin lugar a resonancias, y
a mis ojos sean las sombras todas
las que lleguen y
ya no tenga párpados
para cubrirlos de temores,
qué vas hacerle a mi nombre
cuándo sea más número que letra y
se mantenga en la costilla
de un simple expediente, y
mis labios y
mi lengua no se muevan para reclamarle
a los terrores que no vuelvan,
que no abracen mi recuerdo
cada vez que la gaveta se abra y
sea mi número y
mis letras las que no se muevan,
las que nadie busque,
las que queden arrumbadas
tras la broma del destino,
qué vas hacer con los gusanos
que se cuelguen de las cuencas
de mi cráneo cuando ya no quede carne,
cuando todo haya pasado,
cuando todo sea un jirón de pelos
adornando acaso una sardónica sonrisa,
qué haré yo cuando me lleves y
a un lado de tu plano me vea como despojo,
sin luz,
sin voz
ni movimiento cuando exhumen
lo que quede, cuando la perpetuidad
del papel del camposanto haya vencido
como todo vence
entre tus manos de reloj y calendario.
Gayo. 3.3.11 en un tarde en la que pasó por mi mente que todo pasa cuando ya es tarde, cuando no hay remedio ni lágrima que riegue lo que ya es árido para las tardes
cuándo ya no tenga sexo,
ni brazos,
ni piernas, y
el tronco sólo sea una caja hueca
sin lugar a resonancias, y
a mis ojos sean las sombras todas
las que lleguen y
ya no tenga párpados
para cubrirlos de temores,
qué vas hacerle a mi nombre
cuándo sea más número que letra y
se mantenga en la costilla
de un simple expediente, y
mis labios y
mi lengua no se muevan para reclamarle
a los terrores que no vuelvan,
que no abracen mi recuerdo
cada vez que la gaveta se abra y
sea mi número y
mis letras las que no se muevan,
las que nadie busque,
las que queden arrumbadas
tras la broma del destino,
qué vas hacer con los gusanos
que se cuelguen de las cuencas
de mi cráneo cuando ya no quede carne,
cuando todo haya pasado,
cuando todo sea un jirón de pelos
adornando acaso una sardónica sonrisa,
qué haré yo cuando me lleves y
a un lado de tu plano me vea como despojo,
sin luz,
sin voz
ni movimiento cuando exhumen
lo que quede, cuando la perpetuidad
del papel del camposanto haya vencido
como todo vence
entre tus manos de reloj y calendario.
Gayo. 3.3.11 en un tarde en la que pasó por mi mente que todo pasa cuando ya es tarde, cuando no hay remedio ni lágrima que riegue lo que ya es árido para las tardes
Casiando
casi aurora, casi tarde, casi noche,
casi cínica luna la muy desvergonzada,
sonriente con su labios curvos de perchero
para colgar cual trapo casi un recuerdo,
para secar sin sol casi todos los suspiros,
para ahorcarse sin remedio mientras
no se acobarde el olvido,
casi es una palabra casi hermosa
cuando mantiene viva la esperanza,
cuando ya no hay agua,
cuando no hay retorno,
cuando ya no hay dios y
adiós es la única palabra con verdad
que de verdad será casi la ultima, y
se ve tan bella luna, casi bella luna
quitándoles la pena y
las ilusiones a los adoradores
del colorín del cuento que se ha terminado,
alunando a los novatos que se juran así mismos
que el primero amor sí es eterno
aunque sólo dure el lamento de los cierres y
botones botando por el suelo las ropas y
en la cama las saleas a las que casi sala y
mata,
a las que casi endulza y
cura, y
sale casi tarde para ser de noche, y
aunque no le toque sale casi siempre,
casi noche surge para ser de día,
casi nunca, casi luna, casi siempre.
Gayo 8.3.11 en una tarde en la que casi olvido que el tiempo lo cura todo, menos a la verdad.
casi cínica luna la muy desvergonzada,
sonriente con su labios curvos de perchero
para colgar cual trapo casi un recuerdo,
para secar sin sol casi todos los suspiros,
para ahorcarse sin remedio mientras
no se acobarde el olvido,
casi es una palabra casi hermosa
cuando mantiene viva la esperanza,
cuando ya no hay agua,
cuando no hay retorno,
cuando ya no hay dios y
adiós es la única palabra con verdad
que de verdad será casi la ultima, y
se ve tan bella luna, casi bella luna
quitándoles la pena y
las ilusiones a los adoradores
del colorín del cuento que se ha terminado,
alunando a los novatos que se juran así mismos
que el primero amor sí es eterno
aunque sólo dure el lamento de los cierres y
botones botando por el suelo las ropas y
en la cama las saleas a las que casi sala y
mata,
a las que casi endulza y
cura, y
sale casi tarde para ser de noche, y
aunque no le toque sale casi siempre,
casi noche surge para ser de día,
casi nunca, casi luna, casi siempre.
Gayo 8.3.11 en una tarde en la que casi olvido que el tiempo lo cura todo, menos a la verdad.
Postergueando
Tal vez era martes o
tal vez quizás un jueves,
no recuerdo el día ni que mes
del calendario le apellidaba,
sólo sé que era un día como hoy
pues en el negro firmamento había
un filón de luna y
tres estrellas
como esos tres lunares arriba de tu pecho,
sólo sé que era tarde y
con las prisas no leíste los versos
con los que lloró la ducha mientras
de tu piel los iba deslavando,
no recuerdo tanto el primer beso
como el ultimo cariño,
pero aún tengo atorado en el pecho
el apremio que tenias de unos labios
que pagaran tus urgencias,
he olvidado mucho y
mucho he idealizado,
mucho he escrito de aquel lunes o
de aquel viernes embustero
en la que te bordé una casi noche con caricias,
con amor de largo plazo, con estrellas
como fuegos de artificio,
un divino baile loco,
una puesta en escena a tus pies
declamándote poemas,
un anillo en tu dedo sin mentiras y
un olvido sin recuerdos sumamente postergable.
Gayo 8.3.11 esa tarde casi noche había en el cielo tres lucero y una luna delgadita como guiño, como broma, como la de ahora.
tal vez quizás un jueves,
no recuerdo el día ni que mes
del calendario le apellidaba,
sólo sé que era un día como hoy
pues en el negro firmamento había
un filón de luna y
tres estrellas
como esos tres lunares arriba de tu pecho,
sólo sé que era tarde y
con las prisas no leíste los versos
con los que lloró la ducha mientras
de tu piel los iba deslavando,
no recuerdo tanto el primer beso
como el ultimo cariño,
pero aún tengo atorado en el pecho
el apremio que tenias de unos labios
que pagaran tus urgencias,
he olvidado mucho y
mucho he idealizado,
mucho he escrito de aquel lunes o
de aquel viernes embustero
en la que te bordé una casi noche con caricias,
con amor de largo plazo, con estrellas
como fuegos de artificio,
un divino baile loco,
una puesta en escena a tus pies
declamándote poemas,
un anillo en tu dedo sin mentiras y
un olvido sin recuerdos sumamente postergable.
Gayo 8.3.11 esa tarde casi noche había en el cielo tres lucero y una luna delgadita como guiño, como broma, como la de ahora.
Fumar
Esa tarde había comido arroz con camarones y un cóctel de mariscos que compró en una fonda cercana al hostal igual que lo había hecho los años anteriores. No era fanático de ese tipo de comida, pero la primera vez intuyó que ello sería lo más rápido antes de regresar a su habitación.
Esté año y el pasado y todos los demás lo hizo con la consigna de que todo fuera como la primera vez.
Pidió dos porciones para llevar, un puñado extra de servilletas de papel y dos flanes que finalmente olvidó junto con el cambio sobre la barra de la fonda mientras pagaba.
La primera vez bien habría podido regresar por el dinero y por los postres, ya que se dio cuenta del descuido apenas había dado unos cuantos paso, sin embargo, pensó que bien valía la pena dejarlo como propina, ya que lo que le esperaba dentro del cuarto era mas valioso que cualquier dinero y mucho mas dulce que cualquier flan. Al siguiente año se dijo; siempre es bueno inaugurar un nuevo ritual.
Caminó entre la gente de prisa, si bien era poca la distancia, las ansias de llegar eran muchas. En un descuido golpeo con la bolsa de comida la pierna de un tipo que ni se dignó a mirarlo, algo se rompió ahí adentro -era el segundo año y éste hecho lo único que varío de aquella ocasión-, demonios, éste debe ser un mal agüero, pensó mientras continuaba la marcha del ritual.
Entró a la recepción del hostal donde la encargada lo miro con la misma sonrisa de piedad que ya le tenía designada desde el segundo año, él le regresó una sonrisa boba, subió las escaleras y abrió la puerta.
Dispuso torpemente la mesita para los dos, aun era temprano para la comida, miró el reloj de pulsera que le había regalado su ángel en la primera cita y que justo esa misma noche había detenido las manecillas a las doce con un minuto, vendó sus ojos tal como se lo habían pedido la primera vez, la lluvia de la ducha sonaba atrás de la cortinita de baño, se sentó en la cama y se desnudo para estar en igualdad de condiciones, se recostó, los ojos vendados le abrieron las puerta de la fantasía haciéndolo perder la noción del tiempo, unos intentes después y de pronto, en su cuello se posaron los labios mas tiernos y calidos del mundo, su cuerpo comenzó a ser recorrido por las yemas de los dedos mas hábiles que piel alguna haya sentido, el cruce de los alientos por la habitación hicieron florecer las begonias de los tiestos de la ventana como si hubieran sido regadas por las primeras aguas dulces de alguna primavera, el ambiente se cargo de pulsos eléctricos lo mismo que cada cavidad de su cuerpo en donde la sangre suplicaba por mas espacio y latía afanosamente para ganárselo al expulsar al fin, en un solo chorro, todos los fluidos somáticos.
Un instante, la vida es un instante y en ella hay cosas que bien valen una eternidad, su boca, al final del acto, recibió como recompensa el beso que fundiría su cordura y sus labios para siempre.
Como cada año después de esa tarde mágica en donde conoció la carne y el sexo de aquel ángel, terminaba entupidamente sobrio en esa misma banca de aquel bar al llegar la noche, también como la primera vez, terminaba al amparo de la mas inmunda soledad debajo una nube de humo de cigarro.
Esa noche, a solas, al igual que todas las demás, se prometió jamás exorcizar ese recuerdo y pagar sin chistar el precio de esos besos, de esas lágrimas que se le durmieron en el pecho al terminar el último acto, se había prometido escribir el mismo verso en la misma espalda hasta que la ducha lo respetara y se volviera, sino por terquedad, si por piedad, completamente indeleble.
Se juró, a costa de su vida y de la brizna de cordura que le quedaba, pagar el costo de ese instante aunque la comida se quedara para el cesto de basura del día siguiente, aunque la mirada de la empleada del hostal fuera ya de lastima y no de piedad al verlo registrarse y después pagar la cuenta completamente a solas, aunque el verso lo escribiera en la misma cortina de baño que había hurtado la primera vez, y sus labios, completamente desfigurados y fundidos, apenas le sirvieran para musitar el nombre de su ángel y después, fumar.
Gayo. 22.3.11 en una tarde viendo como la luna se difumina lentamente, pareciera que se va inmolando en su propia soledad.
Esté año y el pasado y todos los demás lo hizo con la consigna de que todo fuera como la primera vez.
Pidió dos porciones para llevar, un puñado extra de servilletas de papel y dos flanes que finalmente olvidó junto con el cambio sobre la barra de la fonda mientras pagaba.
La primera vez bien habría podido regresar por el dinero y por los postres, ya que se dio cuenta del descuido apenas había dado unos cuantos paso, sin embargo, pensó que bien valía la pena dejarlo como propina, ya que lo que le esperaba dentro del cuarto era mas valioso que cualquier dinero y mucho mas dulce que cualquier flan. Al siguiente año se dijo; siempre es bueno inaugurar un nuevo ritual.
Caminó entre la gente de prisa, si bien era poca la distancia, las ansias de llegar eran muchas. En un descuido golpeo con la bolsa de comida la pierna de un tipo que ni se dignó a mirarlo, algo se rompió ahí adentro -era el segundo año y éste hecho lo único que varío de aquella ocasión-, demonios, éste debe ser un mal agüero, pensó mientras continuaba la marcha del ritual.
Entró a la recepción del hostal donde la encargada lo miro con la misma sonrisa de piedad que ya le tenía designada desde el segundo año, él le regresó una sonrisa boba, subió las escaleras y abrió la puerta.
Dispuso torpemente la mesita para los dos, aun era temprano para la comida, miró el reloj de pulsera que le había regalado su ángel en la primera cita y que justo esa misma noche había detenido las manecillas a las doce con un minuto, vendó sus ojos tal como se lo habían pedido la primera vez, la lluvia de la ducha sonaba atrás de la cortinita de baño, se sentó en la cama y se desnudo para estar en igualdad de condiciones, se recostó, los ojos vendados le abrieron las puerta de la fantasía haciéndolo perder la noción del tiempo, unos intentes después y de pronto, en su cuello se posaron los labios mas tiernos y calidos del mundo, su cuerpo comenzó a ser recorrido por las yemas de los dedos mas hábiles que piel alguna haya sentido, el cruce de los alientos por la habitación hicieron florecer las begonias de los tiestos de la ventana como si hubieran sido regadas por las primeras aguas dulces de alguna primavera, el ambiente se cargo de pulsos eléctricos lo mismo que cada cavidad de su cuerpo en donde la sangre suplicaba por mas espacio y latía afanosamente para ganárselo al expulsar al fin, en un solo chorro, todos los fluidos somáticos.
Un instante, la vida es un instante y en ella hay cosas que bien valen una eternidad, su boca, al final del acto, recibió como recompensa el beso que fundiría su cordura y sus labios para siempre.
Como cada año después de esa tarde mágica en donde conoció la carne y el sexo de aquel ángel, terminaba entupidamente sobrio en esa misma banca de aquel bar al llegar la noche, también como la primera vez, terminaba al amparo de la mas inmunda soledad debajo una nube de humo de cigarro.
Esa noche, a solas, al igual que todas las demás, se prometió jamás exorcizar ese recuerdo y pagar sin chistar el precio de esos besos, de esas lágrimas que se le durmieron en el pecho al terminar el último acto, se había prometido escribir el mismo verso en la misma espalda hasta que la ducha lo respetara y se volviera, sino por terquedad, si por piedad, completamente indeleble.
Se juró, a costa de su vida y de la brizna de cordura que le quedaba, pagar el costo de ese instante aunque la comida se quedara para el cesto de basura del día siguiente, aunque la mirada de la empleada del hostal fuera ya de lastima y no de piedad al verlo registrarse y después pagar la cuenta completamente a solas, aunque el verso lo escribiera en la misma cortina de baño que había hurtado la primera vez, y sus labios, completamente desfigurados y fundidos, apenas le sirvieran para musitar el nombre de su ángel y después, fumar.
Gayo. 22.3.11 en una tarde viendo como la luna se difumina lentamente, pareciera que se va inmolando en su propia soledad.
Cuandeando
Cuando los verbos de mis versos
en tu piel no te hagan falta, y
por fin tu sentir los haya archivado
en el cajón donde se guarda
lo que se ha dado de baja, y
la tinta con la que los escribí
sea agua pasada, y
el vestigio de mi hacer sobre tus días
sea acaso un vahído ligero provocado
por el humo de un cigarro en otros labios, y
a mis huellas en tus pasos
las hayas convertido en barro y
la conjunción del calor de otra piel y
el aliento de otra boca les hayan trastocado
en el polvo al que tus ojos es inmune,
cuando las y griegas de tu cuerpo rechinen
con herrumbre y
supliquen el silencio que ofrece otro aceite,
otro bálsamo,
otra poesía,
otras dos simples palabras
que se asuman verdaderas y
no como las mías a las que juzgaste
de mentiras condenándolas
a ser eco entre mis huesos,
cuando todo lo que fui en tu emoción
haya pasado, mándame panal de miel,
al menos una paloma de humo
con tu olvido en el pico,
así podré dejarte descansar en mi recuerdo,
en mis versos, y a mis verbos
en otra piel que sea de paso y
que en su paso por mi piel no se pregunte
donde aprendí ha ser, amor, amor de largo plazo.
Gayo 18.3.11 en una tarde en la que las moscas del local están más inquietas que nunca, han visto, en otro lado lejos de aquí, caer las flores de la bugambilia que jamás se equivocan cuando la primavera ha llegado y se posan en el suelo, rindiendo pleitesía.
en tu piel no te hagan falta, y
por fin tu sentir los haya archivado
en el cajón donde se guarda
lo que se ha dado de baja, y
la tinta con la que los escribí
sea agua pasada, y
el vestigio de mi hacer sobre tus días
sea acaso un vahído ligero provocado
por el humo de un cigarro en otros labios, y
a mis huellas en tus pasos
las hayas convertido en barro y
la conjunción del calor de otra piel y
el aliento de otra boca les hayan trastocado
en el polvo al que tus ojos es inmune,
cuando las y griegas de tu cuerpo rechinen
con herrumbre y
supliquen el silencio que ofrece otro aceite,
otro bálsamo,
otra poesía,
otras dos simples palabras
que se asuman verdaderas y
no como las mías a las que juzgaste
de mentiras condenándolas
a ser eco entre mis huesos,
cuando todo lo que fui en tu emoción
haya pasado, mándame panal de miel,
al menos una paloma de humo
con tu olvido en el pico,
así podré dejarte descansar en mi recuerdo,
en mis versos, y a mis verbos
en otra piel que sea de paso y
que en su paso por mi piel no se pregunte
donde aprendí ha ser, amor, amor de largo plazo.
Gayo 18.3.11 en una tarde en la que las moscas del local están más inquietas que nunca, han visto, en otro lado lejos de aquí, caer las flores de la bugambilia que jamás se equivocan cuando la primavera ha llegado y se posan en el suelo, rindiendo pleitesía.
Cordureando
Cada año le pido al azar que me invente
una dirección huérfana de esquinas,
un nuevo sur sin golondrinas ni gaviotas,
otra casa en la calle del mar
que haya extraviado el número
entre tus escasas letras y
que tenga en las ventanas distraídas
sus persianas, una morada desteñida
a la que no le hayan regado el timbre y
ya se le haya marchitado de tanto añorar
las huellas dactilares, una donde nunca vivas,
donde nunca mueras y
no tenga buzón ni ombligo ni una jacaranda
que le anuncie la llegada de las primaveras,
una donde nunca hayan vivido los recuerdos
ni se mueran nadie por leer tu apodo abrasándose
a mi nombre entre mis letras y
explicando que debajo de esta luna aún me deshidrato
al recordar que cerca de estas fechas fuimos uno,
cada año cuando llega esta harta luna
me llueven en el alma y
en los ojos tus palabras cual serpientes,
cada año envió una carta
sin moral diciendo en ella dos palabras
con tu nombre y apellido, relatando con detalles
como rayé tu pecho con los zumos de mi cuerpo y
la cordura que renté después de los desastres.
Cada tarde cerca de estas fechas me recuerdo
que entre tus piernas asfixiamos mi cordura.
No te apures, el azar es bueno y
hasta ahora no ha escogido ni un oriente,
nadie ha devuelto esas cartas,
creo que nadie sabe reclamar el exceso de amor
con el que narro ése acto en el que recorrimos
nuestros interiores y las pieles, o tal vez amor,
nadie siente, nadie abre, nadie lee.
Gayo. 18.3.11 en una tarde plena de luna llena, plena como pleno fui a su lado.
Nota 1. esta luna avisa que la próxima será día de crucifixión
Nota 2. la melancolía es hermana de todo amor fallido.
una dirección huérfana de esquinas,
un nuevo sur sin golondrinas ni gaviotas,
otra casa en la calle del mar
que haya extraviado el número
entre tus escasas letras y
que tenga en las ventanas distraídas
sus persianas, una morada desteñida
a la que no le hayan regado el timbre y
ya se le haya marchitado de tanto añorar
las huellas dactilares, una donde nunca vivas,
donde nunca mueras y
no tenga buzón ni ombligo ni una jacaranda
que le anuncie la llegada de las primaveras,
una donde nunca hayan vivido los recuerdos
ni se mueran nadie por leer tu apodo abrasándose
a mi nombre entre mis letras y
explicando que debajo de esta luna aún me deshidrato
al recordar que cerca de estas fechas fuimos uno,
cada año cuando llega esta harta luna
me llueven en el alma y
en los ojos tus palabras cual serpientes,
cada año envió una carta
sin moral diciendo en ella dos palabras
con tu nombre y apellido, relatando con detalles
como rayé tu pecho con los zumos de mi cuerpo y
la cordura que renté después de los desastres.
Cada tarde cerca de estas fechas me recuerdo
que entre tus piernas asfixiamos mi cordura.
No te apures, el azar es bueno y
hasta ahora no ha escogido ni un oriente,
nadie ha devuelto esas cartas,
creo que nadie sabe reclamar el exceso de amor
con el que narro ése acto en el que recorrimos
nuestros interiores y las pieles, o tal vez amor,
nadie siente, nadie abre, nadie lee.
Gayo. 18.3.11 en una tarde plena de luna llena, plena como pleno fui a su lado.
Nota 1. esta luna avisa que la próxima será día de crucifixión
Nota 2. la melancolía es hermana de todo amor fallido.
Godeteando
No fuiste tú pedazo de cielo en primavera,
ni tus ojos verdes sin faros huérfanos
de nidos de gaviotas, sin olas ni mareas
con cenizas de barcas y velas.
No fueron las dos gotas de cristal
que me lloraste aquella tarde
que me preguntaste sí en una definitiva
despedida yo por ti, o algún otro cualquiera,
tuviera el valor de cegarle a mi cuerpo
el don de vida, y
mordías las uñas, y
sufrías, y
ansiabas en silencio que fuera el mayor
de los cobardes para que cuando partieras
a tus playas no descerrajara en mi sien
el tiro con el que después agonizaran
tus culpabilidades,
no eras tú panal de miel de avispas,
ni el veneno de tu lengua de carnada ni
tus labios de aleluya curvos como anzuelo,
no fueron tus palabras que decían
casi de verdad que te creyera y
depositara en tus manos mi confianza,
la ruta al horizonte, el tintero y
el godete en donde se preñaban
para enamorarte letras y colores,
realidad y fantasía, verbos y acuarelas,
prosas y grafitos, borrón y cuenta nueva.
No eras tú, la culpa es toda mía, y
de ése tanto suponer que amar y enamorar,
compromiso y verdad son la misma cosa,
fue ése tanto contagiarme de todo
lo que en mi mirada eres, y
de tus piernas, y
de tu novates en ciernes para olvidarme
que en la primavera se sienten mariposas
que le abonan el vuelo a las parvadas de hormonas.
Gayo. 20.3.11 en una tarde en la que el sol, cayendo a plomo, le causa urticaria a las aceras que aún cantan la melodía de sus tacones.
ni tus ojos verdes sin faros huérfanos
de nidos de gaviotas, sin olas ni mareas
con cenizas de barcas y velas.
No fueron las dos gotas de cristal
que me lloraste aquella tarde
que me preguntaste sí en una definitiva
despedida yo por ti, o algún otro cualquiera,
tuviera el valor de cegarle a mi cuerpo
el don de vida, y
mordías las uñas, y
sufrías, y
ansiabas en silencio que fuera el mayor
de los cobardes para que cuando partieras
a tus playas no descerrajara en mi sien
el tiro con el que después agonizaran
tus culpabilidades,
no eras tú panal de miel de avispas,
ni el veneno de tu lengua de carnada ni
tus labios de aleluya curvos como anzuelo,
no fueron tus palabras que decían
casi de verdad que te creyera y
depositara en tus manos mi confianza,
la ruta al horizonte, el tintero y
el godete en donde se preñaban
para enamorarte letras y colores,
realidad y fantasía, verbos y acuarelas,
prosas y grafitos, borrón y cuenta nueva.
No eras tú, la culpa es toda mía, y
de ése tanto suponer que amar y enamorar,
compromiso y verdad son la misma cosa,
fue ése tanto contagiarme de todo
lo que en mi mirada eres, y
de tus piernas, y
de tu novates en ciernes para olvidarme
que en la primavera se sienten mariposas
que le abonan el vuelo a las parvadas de hormonas.
Gayo. 20.3.11 en una tarde en la que el sol, cayendo a plomo, le causa urticaria a las aceras que aún cantan la melodía de sus tacones.
martes, 8 de marzo de 2011
Carnivaleando
Cuando le conocí, eran los tiempos del frío sin clemencia, eran los tiempos de cubrir con mantas los recuerdos y las orejas de los vientos que sonaban a suspiros. Todo yo era el vademécum de lo que se ha sufrido, de lo que no se ha amado, del olvido que no olvida a quien ya no lo recuerda, era un tipo gris con cara de fallida tormenta y facha de lo que se ha perdido y nunca se ha buscado. Eran, por otro lado, los tiempos en que en las aceras los nativos freían sesos y huevos, de poeta los primeros, de gallina los segundos, sobre los cofres de los autos y a sus propios cerebros adentro de sus cráneos bajo el sol candente que caía aplomo incluso por debajo de las sombras, y estaban así, escuálidos, con los ombligos casi estallándoles sobre las inmensas anémicas barriga, pues el alimento era escaso, la poesía también y el frío no daba para chispas, no daba para nada.
Y ahí estaba , en la esquina de Providencia y Esperanza a las doce de todos los días con el sol cayéndose a pedazos, y yo embozado en cuatro abrigos y restregándome las palmas de las manos cubierta por los guantes de astracán que me obsequiara el ultimo amor de mis amores, exhalando vaho tibio y frotando de vez en vez los ojos para que los lagrimales no se congelaran, dando ridículas pataditas a la ardiente acera para disfrazar el temblor con el que los músculos se entretenían.
De pronto y de la nada, por allá, a media cuadra, apareció con sus rulos dorados como llanto de cielo ante la mirada de los nativos que ya babeaban su comida, y de la mía que siempre hacía agua, cubría casi sus carnes con un casi trapo casi blanco, tal vez angelicalmente demasiado blanco, el sonar de sus caderas no avizoraba que fuera a cambiar de acera, su paso era lento pero seguro, su mirada, ay, su mirada de poesía toda se alternaba entre la mía que hacía siglos no veía ningún portento y la de ellos que le miraban con las vísceras, de su ojos se colgaban horizontes completos, calmos, tibios, llenos de colores inventados sólo para ser cortados como mandarinas, y su piel, Dios mío, su piel no hay forma de describirla, sólo sé que el habla se perdía en la garganta antes de ser emitida.
Después no sé, no recuerdo quien le quitó la vida a ésa alucinación magnifica, nada importa si fui yo o fueron ellos, tampoco sé y poco importa quién le destazó y puso sus carnes a freír sobre el cofre del auto desvencijado.
Ese día, con el sol en el cenit y con mi encabronado frío de maldición verdadera, llenamos juntos nuestros intestinos de piel, carne y poesía, les enseñé a los nativos que no solo los sesos eran alimento bueno, que también la carne cuando se ve con deseo es verbo, comimos como nunca, sin remordimientos ni pecado, pues el pecado no existe cuando algo, sea lo que sea, se hace por amor, o por lo menos creyendo que por ello se hace.
Desgraciado de mí, que error tan grave, ahí tuve el remedio para el frío y preferí tragar con lujuria como en los tiempos de buenaventura, ahora vivo a salto de mata dos o tres pasos por delante de los nativos que andan tras mi carne y de mi verbo que nada tiene de poesía, lo único bueno es que de tanto correr creo que casi se me ha quitado el frío.
Gayo. 4.3.11 en una tarde en la que la un mensaje, una carta, unas palomas de humo mensajeras abrasarían un poemario con dedicatoria y tal vez se fuera el frío.
Y ahí estaba , en la esquina de Providencia y Esperanza a las doce de todos los días con el sol cayéndose a pedazos, y yo embozado en cuatro abrigos y restregándome las palmas de las manos cubierta por los guantes de astracán que me obsequiara el ultimo amor de mis amores, exhalando vaho tibio y frotando de vez en vez los ojos para que los lagrimales no se congelaran, dando ridículas pataditas a la ardiente acera para disfrazar el temblor con el que los músculos se entretenían.
De pronto y de la nada, por allá, a media cuadra, apareció con sus rulos dorados como llanto de cielo ante la mirada de los nativos que ya babeaban su comida, y de la mía que siempre hacía agua, cubría casi sus carnes con un casi trapo casi blanco, tal vez angelicalmente demasiado blanco, el sonar de sus caderas no avizoraba que fuera a cambiar de acera, su paso era lento pero seguro, su mirada, ay, su mirada de poesía toda se alternaba entre la mía que hacía siglos no veía ningún portento y la de ellos que le miraban con las vísceras, de su ojos se colgaban horizontes completos, calmos, tibios, llenos de colores inventados sólo para ser cortados como mandarinas, y su piel, Dios mío, su piel no hay forma de describirla, sólo sé que el habla se perdía en la garganta antes de ser emitida.
Después no sé, no recuerdo quien le quitó la vida a ésa alucinación magnifica, nada importa si fui yo o fueron ellos, tampoco sé y poco importa quién le destazó y puso sus carnes a freír sobre el cofre del auto desvencijado.
Ese día, con el sol en el cenit y con mi encabronado frío de maldición verdadera, llenamos juntos nuestros intestinos de piel, carne y poesía, les enseñé a los nativos que no solo los sesos eran alimento bueno, que también la carne cuando se ve con deseo es verbo, comimos como nunca, sin remordimientos ni pecado, pues el pecado no existe cuando algo, sea lo que sea, se hace por amor, o por lo menos creyendo que por ello se hace.
Desgraciado de mí, que error tan grave, ahí tuve el remedio para el frío y preferí tragar con lujuria como en los tiempos de buenaventura, ahora vivo a salto de mata dos o tres pasos por delante de los nativos que andan tras mi carne y de mi verbo que nada tiene de poesía, lo único bueno es que de tanto correr creo que casi se me ha quitado el frío.
Gayo. 4.3.11 en una tarde en la que la un mensaje, una carta, unas palomas de humo mensajeras abrasarían un poemario con dedicatoria y tal vez se fuera el frío.
martes, 22 de febrero de 2011
Esperanceando
Si al menos pudieras escuchar cuantas voces
gritan en mi yo profundo,
cuantas voces retumban como eco en mi cabeza
por el no derrumbes la E de la esperanza
de vivir contigo un segundo, y
después el otro y
uno más hasta darnos cuenta que llevamos dos caminos, o
que los caminos sean tan simples
que terminen siendo uno.
Si supieras que no entiendo de extrañezas
cuando sé, y lo juro, que tu mirada y la mía
se han fundido en un instante, en una sola,
en un acto de sexo que bien podría
enseñarle a la carne como es que de verdad se ama.
Si al menos comprendieras el dolor profundo
que devora sin piedad
la parte izquierda de mi pecho cuando no estas,
cuando no has llegado,
cuando grita la ilusión avienten paja y
mi cuerpo hecho ovillo caen en el derribo
de esperar con esperanza.
Si al menos pudieras escuchar como esas voces
muerden rabia, y
tragan saliva y hiel, y
escupen,
tal vez yo sabría acallaras alguna de esas voces,
y Dios quiera fuere la que dice; aquí no pasa nada,
no hay derrumbe.
Gayo. 20.2.10 en una tarde recordeando que hace un año y un día entré a escribir por primera vez en este portal.
gritan en mi yo profundo,
cuantas voces retumban como eco en mi cabeza
por el no derrumbes la E de la esperanza
de vivir contigo un segundo, y
después el otro y
uno más hasta darnos cuenta que llevamos dos caminos, o
que los caminos sean tan simples
que terminen siendo uno.
Si supieras que no entiendo de extrañezas
cuando sé, y lo juro, que tu mirada y la mía
se han fundido en un instante, en una sola,
en un acto de sexo que bien podría
enseñarle a la carne como es que de verdad se ama.
Si al menos comprendieras el dolor profundo
que devora sin piedad
la parte izquierda de mi pecho cuando no estas,
cuando no has llegado,
cuando grita la ilusión avienten paja y
mi cuerpo hecho ovillo caen en el derribo
de esperar con esperanza.
Si al menos pudieras escuchar como esas voces
muerden rabia, y
tragan saliva y hiel, y
escupen,
tal vez yo sabría acallaras alguna de esas voces,
y Dios quiera fuere la que dice; aquí no pasa nada,
no hay derrumbe.
Gayo. 20.2.10 en una tarde recordeando que hace un año y un día entré a escribir por primera vez en este portal.
Hieleando
El día que sacaste sin detalles
de una pésima chistera tu adiós,
también sacaste navegando
las estrellas de mis ojos,
no quedó mas que la luz real
que sabe a oscuridad cuando
se ama y
no se es correspondido,
no quedó en mi boca ni una
redentora gota de saliva para
las heridas que nacieron ese día,
esa tarde,
esa casi noche,
ese día sin padre en el que busqué
agua de hiel para endulzar el resabio
de la miel de avispa que dejaste en mis labios
y solo encontré el vinagre de mis ojos,
ese día sin luceros ni rosa de los vientos
se perdió en los recovecos de la noche en pleno y
no se haya,
no se encuentra,
sólo espera terco como yo el cambio de estaciones
para ver por fin si llueve y
regresan a mis ojos navegando las estrellas.
Gayo. en una tarde mustia en la que el sol le ha pegado con saña a la acera y ahora, como arrepentido, deja que el viento se asemeje a una brisa fría como ausencia.
de una pésima chistera tu adiós,
también sacaste navegando
las estrellas de mis ojos,
no quedó mas que la luz real
que sabe a oscuridad cuando
se ama y
no se es correspondido,
no quedó en mi boca ni una
redentora gota de saliva para
las heridas que nacieron ese día,
esa tarde,
esa casi noche,
ese día sin padre en el que busqué
agua de hiel para endulzar el resabio
de la miel de avispa que dejaste en mis labios
y solo encontré el vinagre de mis ojos,
ese día sin luceros ni rosa de los vientos
se perdió en los recovecos de la noche en pleno y
no se haya,
no se encuentra,
sólo espera terco como yo el cambio de estaciones
para ver por fin si llueve y
regresan a mis ojos navegando las estrellas.
Gayo. en una tarde mustia en la que el sol le ha pegado con saña a la acera y ahora, como arrepentido, deja que el viento se asemeje a una brisa fría como ausencia.
Sabandijeando
Debajo de qué sueño te estarás
cubriendo que no sales ni al llamado
del sol que suena para misa,
dónde te has metido sabandija
piel papel color capitulo en mi historia
que por más que oteo una luna y
falsifico una brújula perfecta
no encuentro el rastro de tu sombra
ni el sonar ni el acercar de tus caderas.
Me gustaría saber si sigues aún pensando
en ese par de aceituna que nadaban como
ojos sin pestañas en la copa martinera
la noche del cóctel en que tu aroma sacó
a bailar a todas mis hormonas,
me gustaría saber si sabes que te he escrito
a doscientas direcciones inventadas o
si en una de esas la casualidad ha estado
de mi parte y
has leído entre mis letras que te extraño y
que me gustaría mirarte la espalda brujo
en cada embrujo cuando partes a las garras
de tu tribu y
que por fin ya sabes que el único peligro
es que en alguna de tus ida se terminen
los pañuelos que se han bordado con tu nombre.
Me gustaría pensar que no te bastan
tus cobijas para ensombrecerte
por las noches la mirada y
que dejas tu escondite y
que das al sol la cara y
que vienes a escucharme la palabra,
a sentir de corazón un verbo tartamudo
que te tengo listo y
que breve de palabras y
que acompañado de otras dos letras,
sonará eterno,
mientras te permitas cobijarte en mi mirada.
Gayo. 18.2.11 en una tarde en la que el sol se ha ensañado con la acera a la cual no le ha quedado mas remedio que secar su llanto y borrar las huellas que vuelan a otros lados, a otros tiempos, a otros ojos como polvo.
cubriendo que no sales ni al llamado
del sol que suena para misa,
dónde te has metido sabandija
piel papel color capitulo en mi historia
que por más que oteo una luna y
falsifico una brújula perfecta
no encuentro el rastro de tu sombra
ni el sonar ni el acercar de tus caderas.
Me gustaría saber si sigues aún pensando
en ese par de aceituna que nadaban como
ojos sin pestañas en la copa martinera
la noche del cóctel en que tu aroma sacó
a bailar a todas mis hormonas,
me gustaría saber si sabes que te he escrito
a doscientas direcciones inventadas o
si en una de esas la casualidad ha estado
de mi parte y
has leído entre mis letras que te extraño y
que me gustaría mirarte la espalda brujo
en cada embrujo cuando partes a las garras
de tu tribu y
que por fin ya sabes que el único peligro
es que en alguna de tus ida se terminen
los pañuelos que se han bordado con tu nombre.
Me gustaría pensar que no te bastan
tus cobijas para ensombrecerte
por las noches la mirada y
que dejas tu escondite y
que das al sol la cara y
que vienes a escucharme la palabra,
a sentir de corazón un verbo tartamudo
que te tengo listo y
que breve de palabras y
que acompañado de otras dos letras,
sonará eterno,
mientras te permitas cobijarte en mi mirada.
Gayo. 18.2.11 en una tarde en la que el sol se ha ensañado con la acera a la cual no le ha quedado mas remedio que secar su llanto y borrar las huellas que vuelan a otros lados, a otros tiempos, a otros ojos como polvo.
Patrañando
Qué hacer con esta memoria tan rapaz
que se traga lunas llenas y enteras
con mis pupilas propias de mirarte
sólo para que tú vengas, y
vienes, y
me desespero con la comezón
en las pestañas y
me llenas con pequeños golpecitos dolorosos
el endeble lado izquierdo de este pecho
donde habita una muerte de amor muy mal llorada, y
me atasco de luna sin tu rostro y
recuerdos, y
pierdo lo cuerdo un momento y
te recuerdo, y
se me atora de nuevo entre los dedos
la maldita cobardía que vivía entre mis líneas y
esos versos que hubieran sido profanos si te los hubiera escrito,
esos versos que tal vez hubieran sido el dogal para tu cuello,
el anillo de tu dedo,
el presente con tu carne llena de alma a mi lado,
esos versos que hubieran sido para mi ego jake mate,
un imperativo ya no vayas,
un borrón piadoso en las leyes de otro credo,
una proeza del te quiero y soy tu dueño,
un magnifico olvido innecesario,
una corrección en las patrañas de la vida.
Gayo. 17.211 en una tarde de luna harta llena, con gran temor de que se caiga, con miedo de que sea allá en los tejados de los sin sentido, sobre sus antenas de TV que los tiene, inocentes, pensando como evadir las caricias nocturnas para el alma.
que se traga lunas llenas y enteras
con mis pupilas propias de mirarte
sólo para que tú vengas, y
vienes, y
me desespero con la comezón
en las pestañas y
me llenas con pequeños golpecitos dolorosos
el endeble lado izquierdo de este pecho
donde habita una muerte de amor muy mal llorada, y
me atasco de luna sin tu rostro y
recuerdos, y
pierdo lo cuerdo un momento y
te recuerdo, y
se me atora de nuevo entre los dedos
la maldita cobardía que vivía entre mis líneas y
esos versos que hubieran sido profanos si te los hubiera escrito,
esos versos que tal vez hubieran sido el dogal para tu cuello,
el anillo de tu dedo,
el presente con tu carne llena de alma a mi lado,
esos versos que hubieran sido para mi ego jake mate,
un imperativo ya no vayas,
un borrón piadoso en las leyes de otro credo,
una proeza del te quiero y soy tu dueño,
un magnifico olvido innecesario,
una corrección en las patrañas de la vida.
Gayo. 17.211 en una tarde de luna harta llena, con gran temor de que se caiga, con miedo de que sea allá en los tejados de los sin sentido, sobre sus antenas de TV que los tiene, inocentes, pensando como evadir las caricias nocturnas para el alma.
Lindeando
Sé que estoy viviendo en la linde
que divide tu mirada que me llega
buena y
calma y
en parte más carbona del cerebro
que se pierde fácil entre humo,
entre verbos,
entre motivo engañosos
que supuestamente nunca pierden la razón.
Sé que te has quedado preso al salir ileso
de todas las batalla de una sola tarde
cuando cuerpo a cama y
sin trincheras nos dimos lo que dimos
sin tregua ni armisticio
una cuarta arriba de la almohada y
una cuarta abajo del lábaro blanco
que fungía como sábana.
Sé que son cosas que pasan aún cuando
en la mesa se haya puesto previamente la baraja,
sé que un impulso lleva a otro y
luego el otro no sabe decir el porqué
las cosas pasan como pasan.
Sé que acariciaste las costras de mi alma y
en las cicatrices te entretuviste mirándolas
como medallas y
no como fracasos como en realidad debiste,
sé que estoy viviendo en la parte irracional
de tu momento y por descuido me he anidado
en tu mirada de esperanza
en donde, lo siento, no puedo navegar con calma.
Gayo 16.2.11 en una tarde donde la luna se ha sentido valiente y valiéndole muy poco los prejuicios y las habladurías se asoma desde muy temprano con su capa de verdad azul celeste, con su vestido de noche algo vetusto y con un jirón en el dobles que la hace verse un poquito no tan llena.
que divide tu mirada que me llega
buena y
calma y
en parte más carbona del cerebro
que se pierde fácil entre humo,
entre verbos,
entre motivo engañosos
que supuestamente nunca pierden la razón.
Sé que te has quedado preso al salir ileso
de todas las batalla de una sola tarde
cuando cuerpo a cama y
sin trincheras nos dimos lo que dimos
sin tregua ni armisticio
una cuarta arriba de la almohada y
una cuarta abajo del lábaro blanco
que fungía como sábana.
Sé que son cosas que pasan aún cuando
en la mesa se haya puesto previamente la baraja,
sé que un impulso lleva a otro y
luego el otro no sabe decir el porqué
las cosas pasan como pasan.
Sé que acariciaste las costras de mi alma y
en las cicatrices te entretuviste mirándolas
como medallas y
no como fracasos como en realidad debiste,
sé que estoy viviendo en la parte irracional
de tu momento y por descuido me he anidado
en tu mirada de esperanza
en donde, lo siento, no puedo navegar con calma.
Gayo 16.2.11 en una tarde donde la luna se ha sentido valiente y valiéndole muy poco los prejuicios y las habladurías se asoma desde muy temprano con su capa de verdad azul celeste, con su vestido de noche algo vetusto y con un jirón en el dobles que la hace verse un poquito no tan llena.
Navegueando
Se trataba de llegar a pie y
permitirle calentar a los escrúpulos
su robusto cuerpo debajo de la cama
con los trapos de las pieles
que se desprendieron con urgencia,
se trataba de tratar de navegar la colcha,
las sábanas,
los peces,
la caracola y
anclar de nuevo,
hacerle gala a las blanqueas y
estrenar agallas fondeando nuevamente
hasta que el océano vomitase y
rayarse uno u otro cuerpo en su superficie
con algunas insurrectas olas, y
pescar anémonas, y
atrapar el tiempo, y
olfatear amonia ¡que carajos!
se trataba de empaparle la piel al mar
mirando para adentro y gimiendo;
a soltar amarras, y
soltar las redes,
preparar anzuelo y
carnada y
va de nuevo,
se trataba de hacer todo sencillo
sin que el batel sufriera daños, y
quedar marino a sus ordenes, y
aprender la ruta, y
navega de nuevo.
Gayo. 15.2.11 en una tarde en donde a los luceros y a las nubes se les ha puesto falta en la lista de presente, en una tarde en donde la luna sabe que al estar presente los recuerdos le faltan el respeto al pasado, y el futuro con decencia, calla.
permitirle calentar a los escrúpulos
su robusto cuerpo debajo de la cama
con los trapos de las pieles
que se desprendieron con urgencia,
se trataba de tratar de navegar la colcha,
las sábanas,
los peces,
la caracola y
anclar de nuevo,
hacerle gala a las blanqueas y
estrenar agallas fondeando nuevamente
hasta que el océano vomitase y
rayarse uno u otro cuerpo en su superficie
con algunas insurrectas olas, y
pescar anémonas, y
atrapar el tiempo, y
olfatear amonia ¡que carajos!
se trataba de empaparle la piel al mar
mirando para adentro y gimiendo;
a soltar amarras, y
soltar las redes,
preparar anzuelo y
carnada y
va de nuevo,
se trataba de hacer todo sencillo
sin que el batel sufriera daños, y
quedar marino a sus ordenes, y
aprender la ruta, y
navega de nuevo.
Gayo. 15.2.11 en una tarde en donde a los luceros y a las nubes se les ha puesto falta en la lista de presente, en una tarde en donde la luna sabe que al estar presente los recuerdos le faltan el respeto al pasado, y el futuro con decencia, calla.
Revuelviendo
Uno busca y
busca pan con todo su aroma,
la contraparte ha vivido seca y
requiere sólo fatuo migajón caliente
pues sus días no han comido,
el hambre en las manos muerde y
no se fija qué se ofrece,
quien se rompe,
quien se da y
la homilía se revuelve.
Es como querer borrar las ojeras
estrujando los ojos que perdieron
los parpados de antemano.
La mesa estaba puesta y
aún con resquemores
se está petrificando
esperando un si como remedio.
La franqueza se lavó la cara y
tan desnuda como estaba no
pudo enjuagar las manos,
escribió en la cáscara de pan
pensando que era sólo carne.
Una parte pierde el habla
al navegar en las contradicciones,
la contraparte la perdió en el sexo y
ahora queda sin respuestas
ajándose a fuego lento en las frivolidades.
Gayo. en una tarde con una luna muy hermosa sin percha en donde colgarla, desnuda de nubes y luceros.
busca pan con todo su aroma,
la contraparte ha vivido seca y
requiere sólo fatuo migajón caliente
pues sus días no han comido,
el hambre en las manos muerde y
no se fija qué se ofrece,
quien se rompe,
quien se da y
la homilía se revuelve.
Es como querer borrar las ojeras
estrujando los ojos que perdieron
los parpados de antemano.
La mesa estaba puesta y
aún con resquemores
se está petrificando
esperando un si como remedio.
La franqueza se lavó la cara y
tan desnuda como estaba no
pudo enjuagar las manos,
escribió en la cáscara de pan
pensando que era sólo carne.
Una parte pierde el habla
al navegar en las contradicciones,
la contraparte la perdió en el sexo y
ahora queda sin respuestas
ajándose a fuego lento en las frivolidades.
Gayo. en una tarde con una luna muy hermosa sin percha en donde colgarla, desnuda de nubes y luceros.
Desinverneando
Si vieras cómo miran mis narices
los transeúntes asomar a
un lado y a otro de la calle en busca del llegar
de tus caderas y en el piso
los charcos y
el lodo
que antecede cada una de mis huellas.
Si escucharas cómo suena aquí
en el local mi onicofagia y
el desgraciado eco que semeja
el tañer de las campanas al tronarme
cada dedo y
que suena angustia,
a no tardes,
a la marimba de tu espalda.
Qué te pasa qué no has pasado
a alimentar mis fantasías que fallecen
de bulimia al mirar otras espaldas
donde creo mirarte y
que no llevan ni ilusiones
del perverso de tu aroma.
Si tan sólo enviaras
pañuelos delatores mensajeros
que dijeran donde te ocultas después
de haber dado la vuelta de mi brazo o
por lo menos palomas de la paz de mis angustias,
no estaría escribiéndote algo cursi,
y si algo tal vez inteligente,
quizás hasta sensato,
pero dándote las gracias por haberme
despertado en el lado izquierdo de mi pecho
de nuevo el nuevo revolotear de las avispas y
las mariposas que invernaban hace tiempo.
Gayo 13.2.11 en una tarde en donde me he dado cuenta que las fragancias de marca marcan las narinas, marcan al alma.
los transeúntes asomar a
un lado y a otro de la calle en busca del llegar
de tus caderas y en el piso
los charcos y
el lodo
que antecede cada una de mis huellas.
Si escucharas cómo suena aquí
en el local mi onicofagia y
el desgraciado eco que semeja
el tañer de las campanas al tronarme
cada dedo y
que suena angustia,
a no tardes,
a la marimba de tu espalda.
Qué te pasa qué no has pasado
a alimentar mis fantasías que fallecen
de bulimia al mirar otras espaldas
donde creo mirarte y
que no llevan ni ilusiones
del perverso de tu aroma.
Si tan sólo enviaras
pañuelos delatores mensajeros
que dijeran donde te ocultas después
de haber dado la vuelta de mi brazo o
por lo menos palomas de la paz de mis angustias,
no estaría escribiéndote algo cursi,
y si algo tal vez inteligente,
quizás hasta sensato,
pero dándote las gracias por haberme
despertado en el lado izquierdo de mi pecho
de nuevo el nuevo revolotear de las avispas y
las mariposas que invernaban hace tiempo.
Gayo 13.2.11 en una tarde en donde me he dado cuenta que las fragancias de marca marcan las narinas, marcan al alma.
Deshojeando
¿Cómo no si eres de los claustros
de pestañas desertor con la mirada y
te vas y vuelas a lo sueños donde tu palabra
es barca de pirata navegante,
astil contra viento y velas y
de sextante y timón tú gobernante?
¿Cómo entonces no caer como moneda
con la cara al sol y
con la cruz en la rendija
de tus afanosos brazos que atan
con el brillo de luz a plomo y
liberan con la fuerza de un corazón seguro?
¿Cómo no dejar hacer lo suyo
a la pena del azar cuando deshoja
el no me quieres para infundirme dudas y
quedarme tan tranquilo deshojando estrellas
con el suspirar seguro del que si me quieres?
Gayo 12.2.11 en una tarde en donde a las nubes se les hace tarde por llover y el frío, cínico el malvado, aún se pega a la piel cual lapa.
de pestañas desertor con la mirada y
te vas y vuelas a lo sueños donde tu palabra
es barca de pirata navegante,
astil contra viento y velas y
de sextante y timón tú gobernante?
¿Cómo entonces no caer como moneda
con la cara al sol y
con la cruz en la rendija
de tus afanosos brazos que atan
con el brillo de luz a plomo y
liberan con la fuerza de un corazón seguro?
¿Cómo no dejar hacer lo suyo
a la pena del azar cuando deshoja
el no me quieres para infundirme dudas y
quedarme tan tranquilo deshojando estrellas
con el suspirar seguro del que si me quieres?
Gayo 12.2.11 en una tarde en donde a las nubes se les hace tarde por llover y el frío, cínico el malvado, aún se pega a la piel cual lapa.
Destineando
Cuando la ocurrencia del destino
llevó tus pasos a mis brazos
ya habías tragado hojas de hierva,
incienso,
lumbre,
polvo y
brillos de cristales,
ya habías caído sin saber porqué
entre uñas,
garras y
colmillos,
en la cama de cuartos con paredes
adornadas con barquitos impresos a destajo,
casas con charolas ilusorias llenas
de galletas de jengibre y
felaciones de falacias que sabían verdaderas,
ya habías estado entre húmedos delirios,
huidas desastrosas,
llantos secos,
vueltas y regresos en dos palmos de narices,
ya en el astracán de tu espalda había quedado
por errado amor herrada con dos alas la figura
de una mariposa,
ya en tus labios,
en tus cejas y
pezones estaban las perforaciones de encontrarte
en otros días,
en otros labios,
extraviado de otros hábitos,
en otro con sus brazos quebradizos con su pecho
de árbol hueco y seco que no supo como retenerte,
ya tenías en las ojeras y en los labios diques
para retener guiños sagaces,
para contener caricias en las cejas,
para entretener ósculos efímeros,
desecar humedades en cualquier parte del cuerpo y
mantener a raya el aguacero de los cristalinos, sólo por si acaso.
Cuando la ocurrencia de mi parte fue llevarte a otra parte,
no había escrito en mi parte de guerra el blandir
el blanco trapo ante tus ojos ni someter a mis designios
a tu aliento ebrio de miedo,
no existía en el plan ni en la estrategia el extrañarte
cuando en la estación te dieras vuelta y
regresaras a ocultarte a tu feudo después de los estragos
que causaste a mi lado izquierdo, con tan sólo ir a dar la vuelta.
Gayo. en una tarde recordando como una simple vuelta, cuando es buena, puede permanecer después del frío, del calor y de la ausencia.
llevó tus pasos a mis brazos
ya habías tragado hojas de hierva,
incienso,
lumbre,
polvo y
brillos de cristales,
ya habías caído sin saber porqué
entre uñas,
garras y
colmillos,
en la cama de cuartos con paredes
adornadas con barquitos impresos a destajo,
casas con charolas ilusorias llenas
de galletas de jengibre y
felaciones de falacias que sabían verdaderas,
ya habías estado entre húmedos delirios,
huidas desastrosas,
llantos secos,
vueltas y regresos en dos palmos de narices,
ya en el astracán de tu espalda había quedado
por errado amor herrada con dos alas la figura
de una mariposa,
ya en tus labios,
en tus cejas y
pezones estaban las perforaciones de encontrarte
en otros días,
en otros labios,
extraviado de otros hábitos,
en otro con sus brazos quebradizos con su pecho
de árbol hueco y seco que no supo como retenerte,
ya tenías en las ojeras y en los labios diques
para retener guiños sagaces,
para contener caricias en las cejas,
para entretener ósculos efímeros,
desecar humedades en cualquier parte del cuerpo y
mantener a raya el aguacero de los cristalinos, sólo por si acaso.
Cuando la ocurrencia de mi parte fue llevarte a otra parte,
no había escrito en mi parte de guerra el blandir
el blanco trapo ante tus ojos ni someter a mis designios
a tu aliento ebrio de miedo,
no existía en el plan ni en la estrategia el extrañarte
cuando en la estación te dieras vuelta y
regresaras a ocultarte a tu feudo después de los estragos
que causaste a mi lado izquierdo, con tan sólo ir a dar la vuelta.
Gayo. en una tarde recordando como una simple vuelta, cuando es buena, puede permanecer después del frío, del calor y de la ausencia.
Sortilegeando
Desilusionado de mi propia ilusión
de querer escribirte algo.
En una tarde ya muy tarde para mí contigo,
en los mañanas recordé las noches que perdí
después de ti y tu tiempo a mi lado y
de las que era amante frívolo amante,
recodé el nacer suyo sensual enamorante
que iniciaba cuando la temperatura
no podía mas con el pudor, y
caía desnuda,
rendida y
sublimada ante el horizonte tímido y
hermoso que vestía sus mejores galas y
que sonrojado, se dejaba oscurecer enamorado.
Noches tan amadas que cubrían su sexo
con su negro manto salpicado en lentejuela
cuando sin decoro, y
mínima decencia, copulaban con la nada para engendrar
la luz del día a día y
de cada mañana.
Pero llegaste tú, canalla, en una tarde a rescribirme
el cuento de la vida y
entre frases,
oraciones y
suspiros me trajiste tu mirada verde calma,
la tempestad de tus cabellos,
el enamorar de tu palabra,
tus piernas delgaditas cual jirón de nube
presta a lloverse en mi alma y,
en el viento;
el tañer de las campanas de la iglesia
a todo vuelo que sonaban de tal forma tan divinas
que su canto era perseguido por el batir de las palomas.
Y fue la noche, cual celosa dama,
la que triste,
irritada y
encabronada nos miró en el lecho y
apartó de un tajo tu desnudo cuerpo
de las lindes de mi ombligo tocándole
con negra magia impaciente
al reloj el hombro para que
entre tú y yo todo pasara,
y pasó mi piel de novilunio, de inmediato
tú y las noches se negaron
a ser de mis amores mis amante y
como sortilegio,
mal encanto, o
maldición de mala madre,
condenaron a mi carne y a mi alma a tenerles
sólo entre recuerdos por las tardes, ya muy tarde.
Gayo. 10.2.11 en una encantada tarde extrañando a las amantes noches, viendo que cuando ya es tarde, sólo queda uno solo extrañando.
de querer escribirte algo.
En una tarde ya muy tarde para mí contigo,
en los mañanas recordé las noches que perdí
después de ti y tu tiempo a mi lado y
de las que era amante frívolo amante,
recodé el nacer suyo sensual enamorante
que iniciaba cuando la temperatura
no podía mas con el pudor, y
caía desnuda,
rendida y
sublimada ante el horizonte tímido y
hermoso que vestía sus mejores galas y
que sonrojado, se dejaba oscurecer enamorado.
Noches tan amadas que cubrían su sexo
con su negro manto salpicado en lentejuela
cuando sin decoro, y
mínima decencia, copulaban con la nada para engendrar
la luz del día a día y
de cada mañana.
Pero llegaste tú, canalla, en una tarde a rescribirme
el cuento de la vida y
entre frases,
oraciones y
suspiros me trajiste tu mirada verde calma,
la tempestad de tus cabellos,
el enamorar de tu palabra,
tus piernas delgaditas cual jirón de nube
presta a lloverse en mi alma y,
en el viento;
el tañer de las campanas de la iglesia
a todo vuelo que sonaban de tal forma tan divinas
que su canto era perseguido por el batir de las palomas.
Y fue la noche, cual celosa dama,
la que triste,
irritada y
encabronada nos miró en el lecho y
apartó de un tajo tu desnudo cuerpo
de las lindes de mi ombligo tocándole
con negra magia impaciente
al reloj el hombro para que
entre tú y yo todo pasara,
y pasó mi piel de novilunio, de inmediato
tú y las noches se negaron
a ser de mis amores mis amante y
como sortilegio,
mal encanto, o
maldición de mala madre,
condenaron a mi carne y a mi alma a tenerles
sólo entre recuerdos por las tardes, ya muy tarde.
Gayo. 10.2.11 en una encantada tarde extrañando a las amantes noches, viendo que cuando ya es tarde, sólo queda uno solo extrañando.
Sotaneando
No sabía que podía volar tan alto
en forma inversa al abrir el sótano
donde aguardaban las esperas,
al pintar de blanco la sala de pacientes
casi muertos de olvido,
al hacerme a la mar en un bajel donde la quilla
apenas soportaba el peso de los trapos y
que sin embargo me llevo con pausa a
puerto nuevo y seguro,
al sujetarme con denuedo de la sábana y
morder la almohada para no marearme en el descenso,
No sabía que no había perdido
la firmeza de la carne y
la entereza para soportar junto a la quilla
los embates de los vientos,
no sabía nada y después del viaje nada supe,
me extravié en fantasías, bajo nubes,
bajo le vuelo de la esperanza de volar de nuevo.
Gayo. 8.2.11 en una tarde recordando que aunque se tiene alas le damos mas importancia a los lastres.
en forma inversa al abrir el sótano
donde aguardaban las esperas,
al pintar de blanco la sala de pacientes
casi muertos de olvido,
al hacerme a la mar en un bajel donde la quilla
apenas soportaba el peso de los trapos y
que sin embargo me llevo con pausa a
puerto nuevo y seguro,
al sujetarme con denuedo de la sábana y
morder la almohada para no marearme en el descenso,
No sabía que no había perdido
la firmeza de la carne y
la entereza para soportar junto a la quilla
los embates de los vientos,
no sabía nada y después del viaje nada supe,
me extravié en fantasías, bajo nubes,
bajo le vuelo de la esperanza de volar de nuevo.
Gayo. 8.2.11 en una tarde recordando que aunque se tiene alas le damos mas importancia a los lastres.
Deliquiando
Te lo aviso, delfín del reino
de los llantos de las nubes
de mis ojos, están en la frontera
del olvido tus recuerdos,
están como fallidas hojas de poesía
listas para ser composta,
listos para el fuego que alumbra
la nocturnidad con siete cirios,
un atado de tabaco,
otros verbos,
lumbre,
pero todo sin metáfora.
La lluvia de tanto esperarte está enverdeciendo
otras miradas que por causa de la tuya parecían ciegas, y
te lo digo por lo bajo;
se están colgado nuevos bandos en las plazas,
en los cafetines,
en fundas de almohadas,
debajo de las luces de los postes
que alumbran por las noches cada calle,
cada rostro,
cada espalda,
cada esquina y todos hablan
de que está próxima la caída
de la magia de tu imperio.
Estoy cicatrizando de la herida
inferida a mansalva,
otros dedos han notado
que podían moldearla como plastilina y
al sentirlo he modelado mi figura
a la izquierda de otro tálamo, y
aunque los ojos he cerrado, no lo niego,
no he volado.
Aún me queda una brizna de esperanza
de que rompas tus votos de silencio,
escapes de las hordas de tus tribu y
deshagas a mis brazos lo andado,
pero no hay remedio y
te lo aviso deliquio de mis sueños,
la monarquía del cuento de mi vida
se te esta resquebrajando.
Gayo. 8.2.11 en una tarde como para comprar un café, subir a lo alto del carajo, prender u n Delicado y mirar sin hacer ruido como la noche, también con disimulo, fornica con la tarde.
de los llantos de las nubes
de mis ojos, están en la frontera
del olvido tus recuerdos,
están como fallidas hojas de poesía
listas para ser composta,
listos para el fuego que alumbra
la nocturnidad con siete cirios,
un atado de tabaco,
otros verbos,
lumbre,
pero todo sin metáfora.
La lluvia de tanto esperarte está enverdeciendo
otras miradas que por causa de la tuya parecían ciegas, y
te lo digo por lo bajo;
se están colgado nuevos bandos en las plazas,
en los cafetines,
en fundas de almohadas,
debajo de las luces de los postes
que alumbran por las noches cada calle,
cada rostro,
cada espalda,
cada esquina y todos hablan
de que está próxima la caída
de la magia de tu imperio.
Estoy cicatrizando de la herida
inferida a mansalva,
otros dedos han notado
que podían moldearla como plastilina y
al sentirlo he modelado mi figura
a la izquierda de otro tálamo, y
aunque los ojos he cerrado, no lo niego,
no he volado.
Aún me queda una brizna de esperanza
de que rompas tus votos de silencio,
escapes de las hordas de tus tribu y
deshagas a mis brazos lo andado,
pero no hay remedio y
te lo aviso deliquio de mis sueños,
la monarquía del cuento de mi vida
se te esta resquebrajando.
Gayo. 8.2.11 en una tarde como para comprar un café, subir a lo alto del carajo, prender u n Delicado y mirar sin hacer ruido como la noche, también con disimulo, fornica con la tarde.
Espaldeando
Con el lábaro a toda asta siempre se hizo
la liturgia a tu espalda,
sin reglas perniciosa pero con cabal respeto,
con originales ambiciones de excluir
los parangones de las ganas,
caminando paso a paso,
dedo y dedo, beso y beso y
lento –tú lo sabes, ay que lento-
los tropezones de tu espina,
contando y recontando los lunares que unía
en mi mente como ruta al tesoro.
Con aceite con el cual ungía tu cuerpo
antes de ensamblarte con el mío para terminar
mirándote como deidad aún viva después del sacrificio.
El reverso de tu cuerpo, caramelo,
ya no tiene alas,
las tomé la primera vez que cerraste
tus ojos mirando para adentro,
es marmórea aún estatua en movimiento
cuando sólo es cubierta
de los rulos tempestad de tus cabellos.
A tu espalda nunca le faltó la ceremonia
de los brazos,
el abraso,
los verbos y
mi aliento antes de allanar el tafanario,
no hay mejor lugar que la plaza de tu espalda
para notariar en la memoria tus edictos y
firmarlos con las plumas de tus alas y
la tinta blanca del deseo.
Gayo. en una tarde en que la temperatura ha caído rendida a los pies de la noche, ha caído sublimada cuando vio al horizonte hermoso, vestido de gala, pero tal vez inocente, pues se le miraba sonrojado.
la liturgia a tu espalda,
sin reglas perniciosa pero con cabal respeto,
con originales ambiciones de excluir
los parangones de las ganas,
caminando paso a paso,
dedo y dedo, beso y beso y
lento –tú lo sabes, ay que lento-
los tropezones de tu espina,
contando y recontando los lunares que unía
en mi mente como ruta al tesoro.
Con aceite con el cual ungía tu cuerpo
antes de ensamblarte con el mío para terminar
mirándote como deidad aún viva después del sacrificio.
El reverso de tu cuerpo, caramelo,
ya no tiene alas,
las tomé la primera vez que cerraste
tus ojos mirando para adentro,
es marmórea aún estatua en movimiento
cuando sólo es cubierta
de los rulos tempestad de tus cabellos.
A tu espalda nunca le faltó la ceremonia
de los brazos,
el abraso,
los verbos y
mi aliento antes de allanar el tafanario,
no hay mejor lugar que la plaza de tu espalda
para notariar en la memoria tus edictos y
firmarlos con las plumas de tus alas y
la tinta blanca del deseo.
Gayo. en una tarde en que la temperatura ha caído rendida a los pies de la noche, ha caído sublimada cuando vio al horizonte hermoso, vestido de gala, pero tal vez inocente, pues se le miraba sonrojado.
Costumbreando
Tengo la manía absurda de evadir la realidad
y creer que el silencio al madurar se vuelve ruido,
así como el llorar por lo bajito puede construir
debajo de los ojos grises canaletas, o como esa
maldecida forma que tiene la luna de cambiar y
echarme a perder la mágica ilusión cuando de nuevo
es sencilla blanca luna.
Son desatinadas conjeturas, caramelo, tonterías de
buscar una razón en donde nunca hubo conciencia.
La verdad es que ahora que el tiempo se me ha bautizado
como medida de distancia cada vez te veo mas tarde, y
el silencio con el que ataviaste tu partida suena fuerte,
suena a ruido en mi cabeza.
Hace tanto que te fuiste que no puedo ya más que pensar
que la verdad es que desde antes de que te hiciera
al olvido ya estábamos perdidos,
extraviados sin remedio,
condenados por el tiempo a las trivialidades
de los besos y caricias por costumbre.
Gayo. 5.2.11 en una tarde acalambrada por la realidad y la distancia. Una tarde escondida atrás del horizonte desde donde apenas deja ver sus ojos tímidos mirando en rumbo de lo que parece realidad…
y creer que el silencio al madurar se vuelve ruido,
así como el llorar por lo bajito puede construir
debajo de los ojos grises canaletas, o como esa
maldecida forma que tiene la luna de cambiar y
echarme a perder la mágica ilusión cuando de nuevo
es sencilla blanca luna.
Son desatinadas conjeturas, caramelo, tonterías de
buscar una razón en donde nunca hubo conciencia.
La verdad es que ahora que el tiempo se me ha bautizado
como medida de distancia cada vez te veo mas tarde, y
el silencio con el que ataviaste tu partida suena fuerte,
suena a ruido en mi cabeza.
Hace tanto que te fuiste que no puedo ya más que pensar
que la verdad es que desde antes de que te hiciera
al olvido ya estábamos perdidos,
extraviados sin remedio,
condenados por el tiempo a las trivialidades
de los besos y caricias por costumbre.
Gayo. 5.2.11 en una tarde acalambrada por la realidad y la distancia. Una tarde escondida atrás del horizonte desde donde apenas deja ver sus ojos tímidos mirando en rumbo de lo que parece realidad…
Doleando
El dolo de tu adiós no estuvo entre tus pasos
largos de zancudo cuando te miré a la espalda
al tiempo que agitabas sin mirar atrás
tu diestra mano tan siniestra,
ni de las interrogantes que se le escurrieron
con el golpe a la puerta como lagrimas de chapopote,
no germinaron, luz de luna en plata, de ninguna
bronca, pues estando uno del otro; conciliar
las discrepancias siempre terminó en el lujo
de flotar dos cuartas por encima de la cama.
El dolo le nació adulto y sin madre a tus verbos,
pues aún recuerdo, aunque estaba poco cuerdo,
que antes de colgar nuestro cariño en el cadalso
tus ultimas palabras fueron; no eres tú y
rabiando estoy porque te amo, soy yo que no
comprendo del amar la seriedad de quien me ama.
Con en eso, mi príncipe de alta mar y mal versar,
me partiste el pecho en la mitad que aún te ama, y
en la otra que atroz dolida hoy te extraña, y
en la razón, amor, el entendimiento
de lo que es el dolo sin piedad, disparado a boca jarro.
Gayo. 4.2.11 en una tarde fría perdiendo la emoción de lo que iba ser, tal vez mañana, una bella tarde, y esperando que en el mañana ya no haga tanto frío, ni sea tarde.
largos de zancudo cuando te miré a la espalda
al tiempo que agitabas sin mirar atrás
tu diestra mano tan siniestra,
ni de las interrogantes que se le escurrieron
con el golpe a la puerta como lagrimas de chapopote,
no germinaron, luz de luna en plata, de ninguna
bronca, pues estando uno del otro; conciliar
las discrepancias siempre terminó en el lujo
de flotar dos cuartas por encima de la cama.
El dolo le nació adulto y sin madre a tus verbos,
pues aún recuerdo, aunque estaba poco cuerdo,
que antes de colgar nuestro cariño en el cadalso
tus ultimas palabras fueron; no eres tú y
rabiando estoy porque te amo, soy yo que no
comprendo del amar la seriedad de quien me ama.
Con en eso, mi príncipe de alta mar y mal versar,
me partiste el pecho en la mitad que aún te ama, y
en la otra que atroz dolida hoy te extraña, y
en la razón, amor, el entendimiento
de lo que es el dolo sin piedad, disparado a boca jarro.
Gayo. 4.2.11 en una tarde fría perdiendo la emoción de lo que iba ser, tal vez mañana, una bella tarde, y esperando que en el mañana ya no haga tanto frío, ni sea tarde.
Tolereandote
Si tan sólo no estuvieras en mis días y
en mis sueños todos, piel de nube,
podría soportar la vida con mi piel
que aún por ti se me derrite enjambre
de mis inquietudes, podría soportar
que como nube te me escurrieras
por las fantasías mojando lo que en mí dejaste y
que se mira triste, y
que sabe árido y
que grita como herrumbre cada que me muevo
sobre la mordida que dejaste en mi almohada,
Si tan sólo al final de cada sueño
no me viera solo y sólo lleno
de mis corporales soluciones,
podría tolerar que como nube,
bruma o lluvia me acompañaras
en cada noche en los sueños y en los días
en los que vivir soñándote entre sueños,
príncipe de niebla,
como vaho, aún me humedeces.
Gayo.3.2.11 en una tarde viéndome solo de mi perrito, recordando los bellos silencios que me concedió, las bellas caminatas sobre el parque, los innumerables atardeceres que nos regalamos y que nunca alcanzamos, viéndome solo de su vida que se le escapó para nunca jamás cargar correa.
en mis sueños todos, piel de nube,
podría soportar la vida con mi piel
que aún por ti se me derrite enjambre
de mis inquietudes, podría soportar
que como nube te me escurrieras
por las fantasías mojando lo que en mí dejaste y
que se mira triste, y
que sabe árido y
que grita como herrumbre cada que me muevo
sobre la mordida que dejaste en mi almohada,
Si tan sólo al final de cada sueño
no me viera solo y sólo lleno
de mis corporales soluciones,
podría tolerar que como nube,
bruma o lluvia me acompañaras
en cada noche en los sueños y en los días
en los que vivir soñándote entre sueños,
príncipe de niebla,
como vaho, aún me humedeces.
Gayo.3.2.11 en una tarde viéndome solo de mi perrito, recordando los bellos silencios que me concedió, las bellas caminatas sobre el parque, los innumerables atardeceres que nos regalamos y que nunca alcanzamos, viéndome solo de su vida que se le escapó para nunca jamás cargar correa.
Frontereando
No termino de soñarte, no te sales,
no respetas el intento de olvido.
Cada noche te presentas
con tu piel de leche desnuda ante mis ojos,
sales de la nada donde al parecer te has encontrado.
Sales ofreciéndole a mis labios la sal
de mis demonios en la palma de tus manos,
exponiendo tu blanco tafanario a mis dedos,
al deseos y a las perversiones.
De nada vale que me oculte
tras convencionales rezos
con los ojos muy abiertos debajo
de los trapos de la cama,
llegas y me llueves perlas en el pecho,
en la frente, en el blasón que emerge
de mi cuerpo cuando me erotiza tu aliento.
No respetas ni las pesadillas donde te descubres
desde atrás de la apnea a mojarme con alevosía las axilas,
la frente, el bajo vientre, el madral de angustias
que lloran las distancias, mis garitas,
el amor que aún me resta y las fronteras.
Gayo.1.2.11 en una mañana en la que el Don no se conformó con dejar de su imaginación un hermoso horizonte que pintó cuala acuarela y sacó su luna delgadita, afilada, blanca como uña bien manicurada y borro con ella los rojos fuego para darle paso a los azules cielo.
no respetas el intento de olvido.
Cada noche te presentas
con tu piel de leche desnuda ante mis ojos,
sales de la nada donde al parecer te has encontrado.
Sales ofreciéndole a mis labios la sal
de mis demonios en la palma de tus manos,
exponiendo tu blanco tafanario a mis dedos,
al deseos y a las perversiones.
De nada vale que me oculte
tras convencionales rezos
con los ojos muy abiertos debajo
de los trapos de la cama,
llegas y me llueves perlas en el pecho,
en la frente, en el blasón que emerge
de mi cuerpo cuando me erotiza tu aliento.
No respetas ni las pesadillas donde te descubres
desde atrás de la apnea a mojarme con alevosía las axilas,
la frente, el bajo vientre, el madral de angustias
que lloran las distancias, mis garitas,
el amor que aún me resta y las fronteras.
Gayo.1.2.11 en una mañana en la que el Don no se conformó con dejar de su imaginación un hermoso horizonte que pintó cuala acuarela y sacó su luna delgadita, afilada, blanca como uña bien manicurada y borro con ella los rojos fuego para darle paso a los azules cielo.
lunes, 21 de febrero de 2011
Ángeleando
La ultima vez que pasó por el local fue hace año y medio, lo sé porque la pluma que cayó de sus alas aún está en el altar que le formé en mi rincón privado acompañado de tres medias docenas de veladoras.
Hoy regresó por un vaso de agua y porque allá afuera no encontró lo que buscaba, creo que siempre soy el último refugio. Sus alas como hojas en octubre se le comenzaron a marchitar y al caérsele las plumas germinaban como mala hierba en las lindes del camino. Su historia podría seguirse con facilidad recorriendo el camino desde la hierba más pequeña, hasta aquellas que ya eran altos matorrales.
Bebió en silencio mientras agitaba levemente de cuando en cuado sus alas como quien agita la melena después de salir del agua, me mostró lo que le quedaba de mirada, sus ojos seguían siendo bellos como notas musicales, su aliento aún aromaba como agua bendita y su piel blanca como la cera lunar en noche de buenos aullidos seguía sin macula. Sin embargo había mucha cosa que habían cambiado. Había conocido el amor por amor y el sexo por estar confundido, había besado para alimentar el ego y le habían besado para después decirle; te desprecio. Cosas de humanos, dijo.
Todo en su exterior menos las alas seguía siendo bello tal como lo recordaba, pero sin duda su interior estaba haciendo agua, se notaba que sufría algún dolor en alguna parte del cuerpo que no existe.
Aún así acerque mi rostro a su boca a una distancia tan breve como un suspiro, yo aún quería un beso como el que me negó la primera vez, aún estaba dispuesto a disolver mis labios en su miel y a quedarme mudo para siempre, si ese era el precio.
Me miró como hace año y medio cuando pasó por aquí, me tomo las manos y abrió una de ellas, puso una pluma casi idéntica a la que estaba en el altar enalteciendo mi rincón pero con la punta oxidada, y con una casi lagrima sobre los ojos me la obsequio al tiempo que me decía; escribe con ella mi historia, no le pongas veladoras ni esas mamadas que solo te obsesionan, falta poco para que estas dos pendejadas que traigo en la espalda caigan, entonces regresaré por ti y el beso de mis labios no tendrá costo, o quizás sólo regresaré a beber sin compromiso un poco de tu agua.
Gayo. 21.2.11 en una tarde en la que recordé que los ángeles, cuando baten sus alas, levantan polvo que después se anida en los recuerdos y en los ojos.
Hoy regresó por un vaso de agua y porque allá afuera no encontró lo que buscaba, creo que siempre soy el último refugio. Sus alas como hojas en octubre se le comenzaron a marchitar y al caérsele las plumas germinaban como mala hierba en las lindes del camino. Su historia podría seguirse con facilidad recorriendo el camino desde la hierba más pequeña, hasta aquellas que ya eran altos matorrales.
Bebió en silencio mientras agitaba levemente de cuando en cuado sus alas como quien agita la melena después de salir del agua, me mostró lo que le quedaba de mirada, sus ojos seguían siendo bellos como notas musicales, su aliento aún aromaba como agua bendita y su piel blanca como la cera lunar en noche de buenos aullidos seguía sin macula. Sin embargo había mucha cosa que habían cambiado. Había conocido el amor por amor y el sexo por estar confundido, había besado para alimentar el ego y le habían besado para después decirle; te desprecio. Cosas de humanos, dijo.
Todo en su exterior menos las alas seguía siendo bello tal como lo recordaba, pero sin duda su interior estaba haciendo agua, se notaba que sufría algún dolor en alguna parte del cuerpo que no existe.
Aún así acerque mi rostro a su boca a una distancia tan breve como un suspiro, yo aún quería un beso como el que me negó la primera vez, aún estaba dispuesto a disolver mis labios en su miel y a quedarme mudo para siempre, si ese era el precio.
Me miró como hace año y medio cuando pasó por aquí, me tomo las manos y abrió una de ellas, puso una pluma casi idéntica a la que estaba en el altar enalteciendo mi rincón pero con la punta oxidada, y con una casi lagrima sobre los ojos me la obsequio al tiempo que me decía; escribe con ella mi historia, no le pongas veladoras ni esas mamadas que solo te obsesionan, falta poco para que estas dos pendejadas que traigo en la espalda caigan, entonces regresaré por ti y el beso de mis labios no tendrá costo, o quizás sólo regresaré a beber sin compromiso un poco de tu agua.
Gayo. 21.2.11 en una tarde en la que recordé que los ángeles, cuando baten sus alas, levantan polvo que después se anida en los recuerdos y en los ojos.
lunes, 31 de enero de 2011
Miradeando
Qué harás cuando a ésta mía tuya alma
de piel de manzana
se le fracture en la memoria el recuerdo
de las aceitunas de tus ojos y
sepas que me bebo otra mirada sin necesidad
del agua destilada de tu pila que era mi bautismo.
Qué harás cuando tu mirada le inaugure a tu alma
la ausencia de la mía y mi alma mire a la misma luna
ahora refugiando a otra alma, o tus ojos se descubran
como ciegos lazarillos desprovistos para siempre y
nunca más de mi mirada. Qué harás cuando tengas
qué hacer sobre tu ombligo el recuento de mis
finas letras y no encuentres vida ni en los mismos verbos,
y tu mente se perturbe al saber que fue de tu alma
la miopía que no dejó que te aprendieras el verso de amor
que embriagado de ti mi religión, en el pomar cerca de tu nuca,
muy quedito, muy despacio, siempre te rezaba.
Gayo. 30.1.11 en una tarde recontando en mi piel al lado del ombligo las muescas de amor, los rasguños con valor, dos o tres caricias, un desamor eterno y un dolor sin fin.
Hoy la luna será apenas un filón de plata, acaso una tímida sonrisa, pero sé de buena fuente que hermosa, muy hermosa.
de piel de manzana
se le fracture en la memoria el recuerdo
de las aceitunas de tus ojos y
sepas que me bebo otra mirada sin necesidad
del agua destilada de tu pila que era mi bautismo.
Qué harás cuando tu mirada le inaugure a tu alma
la ausencia de la mía y mi alma mire a la misma luna
ahora refugiando a otra alma, o tus ojos se descubran
como ciegos lazarillos desprovistos para siempre y
nunca más de mi mirada. Qué harás cuando tengas
qué hacer sobre tu ombligo el recuento de mis
finas letras y no encuentres vida ni en los mismos verbos,
y tu mente se perturbe al saber que fue de tu alma
la miopía que no dejó que te aprendieras el verso de amor
que embriagado de ti mi religión, en el pomar cerca de tu nuca,
muy quedito, muy despacio, siempre te rezaba.
Gayo. 30.1.11 en una tarde recontando en mi piel al lado del ombligo las muescas de amor, los rasguños con valor, dos o tres caricias, un desamor eterno y un dolor sin fin.
Hoy la luna será apenas un filón de plata, acaso una tímida sonrisa, pero sé de buena fuente que hermosa, muy hermosa.
Despojeando
Y yo que de las noches todas fui amante,
suave con las buenas y
no tanto con las malas,
a cada una le busqué su luz debajo
de su insomnio,
les expliqué con tierno tiento su sueño y
pesadilla a las que se me quedaron colgadas
del fino natalicio y muerte de Selene.
Por cada una me bebí una oscuridad entera,
por las más, en la sobriedad de la tranquilidad completa y
por las menos deshojé al azar la piel del amor
que si me quiere y la del desamor que no me quiere.
Pero amante fui, amante fiel de todas ellas.
Hasta que con luz en la razón perdida o
media luz en la mirada, me dejé embaucar
dos noches por dos labios curvos y
brillantes cual navaja, y
una mirada verde como mar en calma, y
al filo de una de esas noches,
con dos brazos delgaditos colgados de mis hombros y
dos piernas de jirón de nube, blancas como espuma
colgaditas de mi cuerpo,
me prendí de ellos, me perdí en ellos; en dos noches,
de las noches,
en los labios,
en los ojos,
en las piernas y
en los brazos, y
finos todos ellos como eran; me cortaron,
primero las noches como amante, y
todos los demás en fiambres, en despojo de amante.
Gayo. 28.1.11 en una tarde viendo que el tiempo es una flor a la que se le van cayendo sus hojas y su aroma, entendiendo que cuando ella se desnude toda, todo habrá pasado.
suave con las buenas y
no tanto con las malas,
a cada una le busqué su luz debajo
de su insomnio,
les expliqué con tierno tiento su sueño y
pesadilla a las que se me quedaron colgadas
del fino natalicio y muerte de Selene.
Por cada una me bebí una oscuridad entera,
por las más, en la sobriedad de la tranquilidad completa y
por las menos deshojé al azar la piel del amor
que si me quiere y la del desamor que no me quiere.
Pero amante fui, amante fiel de todas ellas.
Hasta que con luz en la razón perdida o
media luz en la mirada, me dejé embaucar
dos noches por dos labios curvos y
brillantes cual navaja, y
una mirada verde como mar en calma, y
al filo de una de esas noches,
con dos brazos delgaditos colgados de mis hombros y
dos piernas de jirón de nube, blancas como espuma
colgaditas de mi cuerpo,
me prendí de ellos, me perdí en ellos; en dos noches,
de las noches,
en los labios,
en los ojos,
en las piernas y
en los brazos, y
finos todos ellos como eran; me cortaron,
primero las noches como amante, y
todos los demás en fiambres, en despojo de amante.
Gayo. 28.1.11 en una tarde viendo que el tiempo es una flor a la que se le van cayendo sus hojas y su aroma, entendiendo que cuando ella se desnude toda, todo habrá pasado.
Hubierando
Si tan sólo hubiera sido piel sobre la piel de cama,
una bandada de suspiros, las palabras de cajón
con sus clichés mal aprendidos,
la guerra sobre quien debiera enarbolar
la bandera blanca de armisticio después
de las trivialidades del sabor, el aroma,
el color o la textura de la protección
del germen del futuro.
Si tan sólo hubiera sido una broma
aderezada con la sal de las axilas,
con el dulce elixir del halago y
la mentira, con tu mirada brava
verde de alta mar en calma en la almohada y
no en la absurda inocencia de mi mirada esperanzada.
Si tan sólo hubiera sido el dogal junto a la pena y
la ropa arrumbada por el suelo al pie de la silla
de la esquina y no en el vórtices de las palabras,
tus piernitas de jirón de nube blanca entre
las mías recias, frágiles, amantes de color canela,
una buena pesadilla,
un mal sueño,
sólo sexo en temporada,
del amor de otro reino un simple desliz y
no el entronizar tu testa con imaginación
laureles y un sinfín maldito de hubieras.
Gayo. 25.1.11 en una tarde brillante cual diamante, pero llena de polvo, gris como acero, como el cuerpo de puñal o daga curva, y con dos granitos de ausencia atorados en los lagrimales.
una bandada de suspiros, las palabras de cajón
con sus clichés mal aprendidos,
la guerra sobre quien debiera enarbolar
la bandera blanca de armisticio después
de las trivialidades del sabor, el aroma,
el color o la textura de la protección
del germen del futuro.
Si tan sólo hubiera sido una broma
aderezada con la sal de las axilas,
con el dulce elixir del halago y
la mentira, con tu mirada brava
verde de alta mar en calma en la almohada y
no en la absurda inocencia de mi mirada esperanzada.
Si tan sólo hubiera sido el dogal junto a la pena y
la ropa arrumbada por el suelo al pie de la silla
de la esquina y no en el vórtices de las palabras,
tus piernitas de jirón de nube blanca entre
las mías recias, frágiles, amantes de color canela,
una buena pesadilla,
un mal sueño,
sólo sexo en temporada,
del amor de otro reino un simple desliz y
no el entronizar tu testa con imaginación
laureles y un sinfín maldito de hubieras.
Gayo. 25.1.11 en una tarde brillante cual diamante, pero llena de polvo, gris como acero, como el cuerpo de puñal o daga curva, y con dos granitos de ausencia atorados en los lagrimales.
Atardeciendote
Habría que hacer de los atardeceres uno y
tragárselos en una copa de abstinencias
con dos hielos y su dejo de melancolía, o
verterlos en la tina junto a sales aromáticas,
el nombre con el que te llamaba por las madrugadas
usarlas hasta que tu halo salga y dejarlas que se vayan con el agua, o
hacer un cuadro, si es posible al óleo
para colgarlo al revés en la pared de la recamara
que tan bien te conocía, o
con acuarela, con acuarela príncipe del reino de mis emociones
para que las gotas de agua que dejaste
a media tarde en mis lagrimales hagan su trabajo
cada que no puedan más y lo acaricien, o
tragar en seco el mudo nudo que se forma en el cogote
cuando me regresan a la mente con sorna y sin piedad
los recuerdos que me endilgaste, o
o de plano hacerle una gandayada a mis convicciones y
voltear sin miramientos a otros lares hasta olvidarte, o
dormir, enano mío, en ese lapso de la tarde en los que tu mirada
se asemeja a los atardeceres y pasarlos por la vida
como si tú y ellos sólo fuesen una mala broma y
jamás hubiesen existido,
como si tan sólo lo que te profeso fuese un sueño,
como si no te hubiera hilado a mi vida,
a la vida toda, a todos los atardeceres.
Gayo. 23.1.11 en una tarde fría de verdad, de esas de ponerse guantes antes de que las caricias en los dactilares pierdan el sentido, pierdan lo sentido.
tragárselos en una copa de abstinencias
con dos hielos y su dejo de melancolía, o
verterlos en la tina junto a sales aromáticas,
el nombre con el que te llamaba por las madrugadas
usarlas hasta que tu halo salga y dejarlas que se vayan con el agua, o
hacer un cuadro, si es posible al óleo
para colgarlo al revés en la pared de la recamara
que tan bien te conocía, o
con acuarela, con acuarela príncipe del reino de mis emociones
para que las gotas de agua que dejaste
a media tarde en mis lagrimales hagan su trabajo
cada que no puedan más y lo acaricien, o
tragar en seco el mudo nudo que se forma en el cogote
cuando me regresan a la mente con sorna y sin piedad
los recuerdos que me endilgaste, o
o de plano hacerle una gandayada a mis convicciones y
voltear sin miramientos a otros lares hasta olvidarte, o
dormir, enano mío, en ese lapso de la tarde en los que tu mirada
se asemeja a los atardeceres y pasarlos por la vida
como si tú y ellos sólo fuesen una mala broma y
jamás hubiesen existido,
como si tan sólo lo que te profeso fuese un sueño,
como si no te hubiera hilado a mi vida,
a la vida toda, a todos los atardeceres.
Gayo. 23.1.11 en una tarde fría de verdad, de esas de ponerse guantes antes de que las caricias en los dactilares pierdan el sentido, pierdan lo sentido.
Tardeando
Fuiste una tarde en la que el viento
casi de cristal se anidó en las venas
junto con tu alma, junto con tu vaho
casi blanco como mármol, casi doloroso
cual astilla de cristal girando desde
el pecho hasta la razón casi perdida,
fuiste tarde con tu edad casi estrenada
entre los causes de verdades dolorosas
de mi cara, entre las casi escondidas canas
de mi entender la vida de otra forma,
entre mis manos que desde antes
de que el viento fuera de cristal
entre mis venas ya te dibujaba,
fuiste tarde entre mis dedos de entibiar
el te, el café y sostener con pasusa
el cigarro mientras mis palmas
te entretiene con mis rezos, fuiste tarde
entre mis tardes que sin falta ahora eres.
Gayo 22.1.11 en una tarde tan negra como recibir una llamada ansiada y que no seas tú el de la línea.
casi de cristal se anidó en las venas
junto con tu alma, junto con tu vaho
casi blanco como mármol, casi doloroso
cual astilla de cristal girando desde
el pecho hasta la razón casi perdida,
fuiste tarde con tu edad casi estrenada
entre los causes de verdades dolorosas
de mi cara, entre las casi escondidas canas
de mi entender la vida de otra forma,
entre mis manos que desde antes
de que el viento fuera de cristal
entre mis venas ya te dibujaba,
fuiste tarde entre mis dedos de entibiar
el te, el café y sostener con pasusa
el cigarro mientras mis palmas
te entretiene con mis rezos, fuiste tarde
entre mis tardes que sin falta ahora eres.
Gayo 22.1.11 en una tarde tan negra como recibir una llamada ansiada y que no seas tú el de la línea.
Ignoranciando
No sabes cuantas ganas se le escurren
a mis dedos por dibujarle a tu espalda
unas alas y a tu pecho escribirle un verso,
unas alas que al moverse batan con su viento
cada una de las telarañas que aún le quedan
vírgenes a los rincones de tu cuerpo
que se cubren misteriosos con su propio himen,
listos para mi,
prestos a mis dedos,
sólo acariciados por arañas en tus sueños,
no sabes como mueren de ganas
mis dedos por escribirte un hereje verso
que contenga el poder de despertar
tus ganas cual si fuera el hechizo brujo
que al leerse frente al espejo prende
en los nervios un erecto verbo,
no sabes corazón sin dios ni santos
que ganas tengo junto con mis dedos
de llevarte a mi guarida para aposentarte
en la cama de los sacrificios y
sin misa de por medio sentenciarte
a mis caprichos,
a mi leña verde, y
quemarte muy despacio -brujo amor tan brujo-
hasta que los aceites de tu cuerpo todos
sean los que casi apaguen la hoguera
para descansar del fuego y
avivar el tiempo suficiente para releer el verso
escrito con antelación, amor, en el lienzo de tu pecho.
Gayo. 20.1.11 en una tarde que de mística sólo tiene, acaso medio gramo, de su alma que encontré en mis uñas junto con su piel de miel y leche.
a mis dedos por dibujarle a tu espalda
unas alas y a tu pecho escribirle un verso,
unas alas que al moverse batan con su viento
cada una de las telarañas que aún le quedan
vírgenes a los rincones de tu cuerpo
que se cubren misteriosos con su propio himen,
listos para mi,
prestos a mis dedos,
sólo acariciados por arañas en tus sueños,
no sabes como mueren de ganas
mis dedos por escribirte un hereje verso
que contenga el poder de despertar
tus ganas cual si fuera el hechizo brujo
que al leerse frente al espejo prende
en los nervios un erecto verbo,
no sabes corazón sin dios ni santos
que ganas tengo junto con mis dedos
de llevarte a mi guarida para aposentarte
en la cama de los sacrificios y
sin misa de por medio sentenciarte
a mis caprichos,
a mi leña verde, y
quemarte muy despacio -brujo amor tan brujo-
hasta que los aceites de tu cuerpo todos
sean los que casi apaguen la hoguera
para descansar del fuego y
avivar el tiempo suficiente para releer el verso
escrito con antelación, amor, en el lienzo de tu pecho.
Gayo. 20.1.11 en una tarde que de mística sólo tiene, acaso medio gramo, de su alma que encontré en mis uñas junto con su piel de miel y leche.
Pregunteando
Qué sería de ti mi miel de avispa
si no te hubiera erigido en mi reino príncipe del ruido;
irías tal vez por ahí como si nada de puntitas
cual cuatrero entre otros candidos borregos
que confían en otros sueños,
ahuecando quizá otra almohada
que no es de algodón de amar como la mía y
tal vez tus vértebras serían de frío como mis anhelos,
qué sería de ti si no te hubiera instituido
como el icono de mis desvelos cuando estoy despierto;
tal vez el hilo del punto de cruz con el que están bordadas
tus blancas alas de ilusión se hubiera desteñido
en otros vuelos a otros brazos,
en otros descender a otros tálamos,
en otro aletear para limpiarlas de silencios
parásitos que tragan sin hacer ni el menor murmullo,
Que sería de mi si alguna vez, o de una vez,
déjaseme de preguntarme que sería de ti
si no te hubiera instituido príncipe del ruido en mi querer y
mi querer y mis angustias de una vez dejaran
de angustiarse en mí con ese tu acre silencio
que me sabe a tanto ruido.
Gayo. 19.1.11 en una tarde en la que el viento es casi cristal para las venas que aún recuerdan como se entibia el te, el café y casi, casi todos los recuerdos.
si no te hubiera erigido en mi reino príncipe del ruido;
irías tal vez por ahí como si nada de puntitas
cual cuatrero entre otros candidos borregos
que confían en otros sueños,
ahuecando quizá otra almohada
que no es de algodón de amar como la mía y
tal vez tus vértebras serían de frío como mis anhelos,
qué sería de ti si no te hubiera instituido
como el icono de mis desvelos cuando estoy despierto;
tal vez el hilo del punto de cruz con el que están bordadas
tus blancas alas de ilusión se hubiera desteñido
en otros vuelos a otros brazos,
en otros descender a otros tálamos,
en otro aletear para limpiarlas de silencios
parásitos que tragan sin hacer ni el menor murmullo,
Que sería de mi si alguna vez, o de una vez,
déjaseme de preguntarme que sería de ti
si no te hubiera instituido príncipe del ruido en mi querer y
mi querer y mis angustias de una vez dejaran
de angustiarse en mí con ese tu acre silencio
que me sabe a tanto ruido.
Gayo. 19.1.11 en una tarde en la que el viento es casi cristal para las venas que aún recuerdan como se entibia el te, el café y casi, casi todos los recuerdos.
Converseando
Ahora que las hordas en tu tribu
te han logrado exorcizar los ojos
que en mi tiempo te guardaste
en el bolsillo, y
ya no miras ni en tus adentros
el horizonte que por ti robé
la tarde que con versos diseñé
el andamio donde ahora se sientan
para esbozar fantasías ajenas otros ángeles,
otros ojos,
otros dueños,
otros sueños en los sueños,
pasas de largo dando largos pasos de zancudo,
pasos que se comen el asfalto,
pasos de ida y de largo
que patean los botes como quien reniega;
adiós nunca te he visto,
pasas con la cabeza enfundada
en lanas de borrego para no perder ninguna idea,
para no sentir que eres converso,
para olvidar que un día fuiste el guardián
de mi mirada, el apóstol de mis besos.
Gayo. 14.1.11 en una tarde fría en la que tu recuerdo entibia el café y disuelve el verso con el que, cuando pienso en ti, lo endulzo.
te han logrado exorcizar los ojos
que en mi tiempo te guardaste
en el bolsillo, y
ya no miras ni en tus adentros
el horizonte que por ti robé
la tarde que con versos diseñé
el andamio donde ahora se sientan
para esbozar fantasías ajenas otros ángeles,
otros ojos,
otros dueños,
otros sueños en los sueños,
pasas de largo dando largos pasos de zancudo,
pasos que se comen el asfalto,
pasos de ida y de largo
que patean los botes como quien reniega;
adiós nunca te he visto,
pasas con la cabeza enfundada
en lanas de borrego para no perder ninguna idea,
para no sentir que eres converso,
para olvidar que un día fuiste el guardián
de mi mirada, el apóstol de mis besos.
Gayo. 14.1.11 en una tarde fría en la que tu recuerdo entibia el café y disuelve el verso con el que, cuando pienso en ti, lo endulzo.
Lunamieleando
Se quedó como postrer recordatorio
el paso de tu piel de nube en mis yemas,
una partícula minúscula de tu alma
en la fosa del ahora casi campo santo
que le abrí profundo en mi pecho, y
todo tú en las endemoniadas exageraciones
de decirte caramelo cuando eras sólo un cuerpo,
cuerpo del delito de asumirme en ti un preso
condenado sin miramientos a perpetua,
de decirte miel de avispa cuando a eso me sabías,
de decirle plaza del cadalso a tu espalada
cuando cada vértebra formó el laberinto
donde se rehallaron mis aullidos casi extintos,
de decirle piel de leche a tus piernitas
de palito de paleta cuando eran nada más
hielo con tintura y el sabor de la guanábana, y
mentir que se quedó a un lado de la axila tú caricia
en forma de la cruz con la que dibujaste esas dos palabras
que dijiste que apuntaban en todas direcciones y
que así volaron, y
que así se esparcieron cual papel después
del estallido de los fuegos de artificio.
Se quedó en mí, príncipe de sotavento,
el rezo de cada mañana
de que vuelvas pronto a extender
lo que todavía pueden ser manteles largos
que suplanten las sábanas de piel del tálamo
que hoy me sabe a hiel y
que sé muy bien
que sabes tú que en la boca nos sabrá a luna y miel.
Gayo.10.1.11 en una tarde viendo, acá en el local, como pasa el tiempo hecho la madre, como pasa anunciando tintes para canas, fajas para lonjas, cajas para vivos, panzas para no nacidos y que adema lo hace sin facha ni prejuicios, ni agencias de publicidad, ni estudios de mercado.
el paso de tu piel de nube en mis yemas,
una partícula minúscula de tu alma
en la fosa del ahora casi campo santo
que le abrí profundo en mi pecho, y
todo tú en las endemoniadas exageraciones
de decirte caramelo cuando eras sólo un cuerpo,
cuerpo del delito de asumirme en ti un preso
condenado sin miramientos a perpetua,
de decirte miel de avispa cuando a eso me sabías,
de decirle plaza del cadalso a tu espalada
cuando cada vértebra formó el laberinto
donde se rehallaron mis aullidos casi extintos,
de decirle piel de leche a tus piernitas
de palito de paleta cuando eran nada más
hielo con tintura y el sabor de la guanábana, y
mentir que se quedó a un lado de la axila tú caricia
en forma de la cruz con la que dibujaste esas dos palabras
que dijiste que apuntaban en todas direcciones y
que así volaron, y
que así se esparcieron cual papel después
del estallido de los fuegos de artificio.
Se quedó en mí, príncipe de sotavento,
el rezo de cada mañana
de que vuelvas pronto a extender
lo que todavía pueden ser manteles largos
que suplanten las sábanas de piel del tálamo
que hoy me sabe a hiel y
que sé muy bien
que sabes tú que en la boca nos sabrá a luna y miel.
Gayo.10.1.11 en una tarde viendo, acá en el local, como pasa el tiempo hecho la madre, como pasa anunciando tintes para canas, fajas para lonjas, cajas para vivos, panzas para no nacidos y que adema lo hace sin facha ni prejuicios, ni agencias de publicidad, ni estudios de mercado.
Magiando
Se están perdiendo, príncipe de azul celeste y gala,
las palabras que atrapé del viento aquella tarde
en que tú y el tiempo
se morían de miedo entre mis brazos,
el tiempo por perdernos y
tú por regresar al claustro sin suelas ni ventanas
que tenían tus dudas junto a tu garaje,
junto a otra mirada,
junto a tu bicicleta en donde al andar
derretías mi horizontes y
tus piernitas de paleta color guanábana con hielo,
se están perdiendo, caramelo,
los alcances de esas dos palabras
que ante tu ausencia derribaban cual remedio
garitas y fronteras,
sueños y verdades,
lunas para aullarles,
significados inventados y
el hueco que en mi vientre de almohada
creaste aquella tarde en que recostado
repasabas con tus dedos la cicatriz
anticipada que también se está perdiendo.
Estoy casi creyendo o casi cayendo en la cuenta
sortilegio mío, que los sueños nos muestran
las maravillas que la vida nos deja de tarea, y
tú eres o eras, una nota casi indeleble o
un borrón caricia mía, un invento de mi mente,
una magia no aprendida.
Gayo. 9.1.11 en una tarde en la que el Señor hizo magia con el horizonte; sacó pinceles delgaditos, lienzo cielo y colores azul celeste, magenta, gris recuerdo y pintó locuras reales, locuras de ensueño.
las palabras que atrapé del viento aquella tarde
en que tú y el tiempo
se morían de miedo entre mis brazos,
el tiempo por perdernos y
tú por regresar al claustro sin suelas ni ventanas
que tenían tus dudas junto a tu garaje,
junto a otra mirada,
junto a tu bicicleta en donde al andar
derretías mi horizontes y
tus piernitas de paleta color guanábana con hielo,
se están perdiendo, caramelo,
los alcances de esas dos palabras
que ante tu ausencia derribaban cual remedio
garitas y fronteras,
sueños y verdades,
lunas para aullarles,
significados inventados y
el hueco que en mi vientre de almohada
creaste aquella tarde en que recostado
repasabas con tus dedos la cicatriz
anticipada que también se está perdiendo.
Estoy casi creyendo o casi cayendo en la cuenta
sortilegio mío, que los sueños nos muestran
las maravillas que la vida nos deja de tarea, y
tú eres o eras, una nota casi indeleble o
un borrón caricia mía, un invento de mi mente,
una magia no aprendida.
Gayo. 9.1.11 en una tarde en la que el Señor hizo magia con el horizonte; sacó pinceles delgaditos, lienzo cielo y colores azul celeste, magenta, gris recuerdo y pintó locuras reales, locuras de ensueño.
Entierneado
Acá en mi mundo
que aun se cubre con tu cielo,
la luna está como si fuera el monumento
a tus labios,
afilada cual guadaña,
como puntas de perchero
listas para sujetar la vida y
un suspiro y
un beso y
mis sueños a tu lado,
dulce y delgada madre
de las sombras de la noche,
bella como recordarte,
nacarada como el nacimiento de tu espalda,
afinada como para aullarte,
nueva la gandaya como nueva fue tu piel
antes de los rezos de mis dactilares,
bella luna,
bello mundo y bella tu partida
que enternece los recuerdos
aunque siga, caramelo, loco,
infame, poco cuerdo.
Gayo .7.1.11 en una tarde casi noche recuerdeando cuando la luna era solo luna y no el ancla de mis devociones.
que aun se cubre con tu cielo,
la luna está como si fuera el monumento
a tus labios,
afilada cual guadaña,
como puntas de perchero
listas para sujetar la vida y
un suspiro y
un beso y
mis sueños a tu lado,
dulce y delgada madre
de las sombras de la noche,
bella como recordarte,
nacarada como el nacimiento de tu espalda,
afinada como para aullarte,
nueva la gandaya como nueva fue tu piel
antes de los rezos de mis dactilares,
bella luna,
bello mundo y bella tu partida
que enternece los recuerdos
aunque siga, caramelo, loco,
infame, poco cuerdo.
Gayo .7.1.11 en una tarde casi noche recuerdeando cuando la luna era solo luna y no el ancla de mis devociones.
Acomodando
Y mirarte en el espejo
al lado de mi cuerpo
cuando sé que no te acomodas y
le ofreces a la cama una rodilla y
después la otra y
después la espalda y
un gemido que se ahoga
como rezo en la almohada y
sentir que ese incomodo es el tropezón
de tu moral que cual herencia
te estorba para acomodarte en el cuenco
de mis brazos,
en la y griega de mis piernas con su i latina,
pero cedes y te acomodas,
te haces tan bien al sudor como lo sueños
se hacen hacia la marea y
te miro de nuevo en el espejo agotado
del reflejo de tu piel venera
agotando tus reservas en mi piel canela,
extinguiendo los espacios,
siendo dos en uno,
creando de la nada nata y leche,
espacios en la mente así; sin nada,
nuevos caminos a los rincones
que de antiguos se te habían agotado, y
mirarme, piel de novilunio en tu mirada, y
saber que te miras en mis ojos claustros
de amor con sexo y esperaza.
Gayo. 07.01.11 en una tarde de profunda meditación pensando en que ya mañana es sábado y después domingo y luego lunes y luego martes…
al lado de mi cuerpo
cuando sé que no te acomodas y
le ofreces a la cama una rodilla y
después la otra y
después la espalda y
un gemido que se ahoga
como rezo en la almohada y
sentir que ese incomodo es el tropezón
de tu moral que cual herencia
te estorba para acomodarte en el cuenco
de mis brazos,
en la y griega de mis piernas con su i latina,
pero cedes y te acomodas,
te haces tan bien al sudor como lo sueños
se hacen hacia la marea y
te miro de nuevo en el espejo agotado
del reflejo de tu piel venera
agotando tus reservas en mi piel canela,
extinguiendo los espacios,
siendo dos en uno,
creando de la nada nata y leche,
espacios en la mente así; sin nada,
nuevos caminos a los rincones
que de antiguos se te habían agotado, y
mirarme, piel de novilunio en tu mirada, y
saber que te miras en mis ojos claustros
de amor con sexo y esperaza.
Gayo. 07.01.11 en una tarde de profunda meditación pensando en que ya mañana es sábado y después domingo y luego lunes y luego martes…
Blanqueando
Hay veces en que amor con tinta leche es como escribo,
blanco como el blanco mar donde navegan tus pupilas,
como los trapos de cubrir la cama y
de levar las anclas al primer suspiro,
como los ríos de mi veta escurriendo por tu cuerpo
cuando tu mirada llega al lugar secreto aquel donde
se esconde cuando cada nervio tiembla,
son mis ganas piel de luna,
mis ganas que van más allá de mí y
confunden el amor con apetito y
tu alma con la carne y con los huesos,
con la ropa en el piso en una esquina abajo del ropero,
y tú y yo frente a la cama paredón del fuego y del deseo,
son mis blancas veces que te escriben con deseo,
con la angustia propia de saberte lejos,
de saberme cerca,
de saber a lo que sabe cada macula en tu piel cordero,
tus lunares, tus cabellos, tus caderas y
todos tus vocablos de artificio,
son mis ganas de servir la leche
compartiéndonos la sal si eso merece,
el pan si eso te place,
dos palabras de amor si aún te caben,
un suspiro por botón,
la medialuna en un cajón y
tu cuerpo amor, y
mi cuerpo amor.
Gayo. 050111 en una tarde viendo al cielo, con una resortera en la diestra, una piedra en la siniestra y en la mirada toda la puntería digna de tres reyes magos, que en mi tiempo de esperanza jamás me dejaron ni una nota que dijera; sigue participando
blanco como el blanco mar donde navegan tus pupilas,
como los trapos de cubrir la cama y
de levar las anclas al primer suspiro,
como los ríos de mi veta escurriendo por tu cuerpo
cuando tu mirada llega al lugar secreto aquel donde
se esconde cuando cada nervio tiembla,
son mis ganas piel de luna,
mis ganas que van más allá de mí y
confunden el amor con apetito y
tu alma con la carne y con los huesos,
con la ropa en el piso en una esquina abajo del ropero,
y tú y yo frente a la cama paredón del fuego y del deseo,
son mis blancas veces que te escriben con deseo,
con la angustia propia de saberte lejos,
de saberme cerca,
de saber a lo que sabe cada macula en tu piel cordero,
tus lunares, tus cabellos, tus caderas y
todos tus vocablos de artificio,
son mis ganas de servir la leche
compartiéndonos la sal si eso merece,
el pan si eso te place,
dos palabras de amor si aún te caben,
un suspiro por botón,
la medialuna en un cajón y
tu cuerpo amor, y
mi cuerpo amor.
Gayo. 050111 en una tarde viendo al cielo, con una resortera en la diestra, una piedra en la siniestra y en la mirada toda la puntería digna de tres reyes magos, que en mi tiempo de esperanza jamás me dejaron ni una nota que dijera; sigue participando
Habladurías
Desde que la razón se dio en él siempre quiso consagrarse en cuerpo y alma al Señor. Él si sufrió su primera erección, su primer pensamiento lascivo, el primer contacto casual y sin intención de la carne viva y el conocimiento de su alcance. Fue entonces cuando pidió, y le fue concedido, entrar al seminario. Su sueño era conocer todo del Señor y ayudarlo a que quien iba por buen camino siguiera así, y quien no, encausarlo por la buena vera.
Pronto se convirtió en un hombre hecho y derecho. Entendió perfectamente que los actos y pensamientos pecaminosos de la gente provenían en gran parte de su herencia original, es decir de su educación y, otra gran parte, era obra de la curiosidad natural del ser vivo.
Ya como sacerdote oficio catorce mil seiscientas homilías, dos por día incluyendo aquellos en que la gripa le bajaba las defensas. Sus sermones siempre supieron a miel, tanto así que todos quienes lo escuchaban sabían que eran consejos de vida y no reprimendas. En sus ratos de ocio, que eran realmente pocos, ya que mantenía una casa de huérfanos y un comedor publico para indigentes de la tercera edad, leía de economía, de fútbol y política para estar al tanto de las cosas que afectaban, de una forma o de otra, a su Grey.
Siendo pues, de verdad un hombre probo, una noche a solas se le presento el Señor en cuerpo y alma, si es que así se le puede decir a tan divina aparición, habló con él, lo consoló y le pidió que se esforzara más en dar a conocer entre la gente su omnipotente palabra.
Así lo hizo, desde aquel día le habló a todo el que lo quiso escuchar de esa bella aparición, de lo que Él le había dicho, de lo que le había pedido. Lo hizo con tal denuedo que entre su propio rebaño se dudó de su palabra y se instituyó una comisión para internarlo en un sanatorio mental y así lo hicieron aún en contra de sus cariñosas palabras, de sus ruegos, de sus suplicas.
Hoy en día continúa recluido y oficiando dos misas al día entre los locos del sanatorio mental que no lo escuchan, pues locos verdaderos como son, escuchan al Señor a cada instante vía directa y le rezan con sus dementes sonrisas. Él por las noches, a solas habla con el Señor y le reclama acremente su sino, y el Señor cada noche, cansado y cabizbajo, presente junto a él en cuerpo y alma, le repite; perdónalos, no saben lo que hacen.
Gayo .03.01.11 en una tarde en la que el viento, más que viento parece el aletear de ángeles, calidos y buenos.
Nota 1. hablar de él es bueno, pero decir que él hablo con uno no tanto.
Nota 2. mañana habrá lluvia de estrellas
Nota 3. ¿serán estrellas internacionales o locales?
Pronto se convirtió en un hombre hecho y derecho. Entendió perfectamente que los actos y pensamientos pecaminosos de la gente provenían en gran parte de su herencia original, es decir de su educación y, otra gran parte, era obra de la curiosidad natural del ser vivo.
Ya como sacerdote oficio catorce mil seiscientas homilías, dos por día incluyendo aquellos en que la gripa le bajaba las defensas. Sus sermones siempre supieron a miel, tanto así que todos quienes lo escuchaban sabían que eran consejos de vida y no reprimendas. En sus ratos de ocio, que eran realmente pocos, ya que mantenía una casa de huérfanos y un comedor publico para indigentes de la tercera edad, leía de economía, de fútbol y política para estar al tanto de las cosas que afectaban, de una forma o de otra, a su Grey.
Siendo pues, de verdad un hombre probo, una noche a solas se le presento el Señor en cuerpo y alma, si es que así se le puede decir a tan divina aparición, habló con él, lo consoló y le pidió que se esforzara más en dar a conocer entre la gente su omnipotente palabra.
Así lo hizo, desde aquel día le habló a todo el que lo quiso escuchar de esa bella aparición, de lo que Él le había dicho, de lo que le había pedido. Lo hizo con tal denuedo que entre su propio rebaño se dudó de su palabra y se instituyó una comisión para internarlo en un sanatorio mental y así lo hicieron aún en contra de sus cariñosas palabras, de sus ruegos, de sus suplicas.
Hoy en día continúa recluido y oficiando dos misas al día entre los locos del sanatorio mental que no lo escuchan, pues locos verdaderos como son, escuchan al Señor a cada instante vía directa y le rezan con sus dementes sonrisas. Él por las noches, a solas habla con el Señor y le reclama acremente su sino, y el Señor cada noche, cansado y cabizbajo, presente junto a él en cuerpo y alma, le repite; perdónalos, no saben lo que hacen.
Gayo .03.01.11 en una tarde en la que el viento, más que viento parece el aletear de ángeles, calidos y buenos.
Nota 1. hablar de él es bueno, pero decir que él hablo con uno no tanto.
Nota 2. mañana habrá lluvia de estrellas
Nota 3. ¿serán estrellas internacionales o locales?
Dedeando
Índice jalaría con rabia. Una fracción de segundo y ya jamás lo meterían en ningún orificio. No habría más, sólo era cuestión de esperar a que Mano introdujera el cañón a la boca y él mismo jalara el gatillo. La bala estaba lista y esperando carne en la recamara del revolver.
A Índice siempre le produjeron un asco infernal los pelos de la nariz, cualquier otro pelo y hasta hacerla de juez al indiciar a un pendejo melenudo le daba igual, pero los pelos nasales lo habrían hecho vomitar si hubiera tenido boca. Las costras de moco pasaban por asquerosas que fueran, pero el pelo nasal que se le quedaban entre uña y carne siempre lo hicieron sentiste un Meñique cualquiera y, caray, no es que juzgara el infame oficio de ése dedo menor de hurgar entre los colmillos para coleccionar pedacitos de carne y sarro ¡no señor!, a él lo que le producía aversión y asco eran los pelos de la nariz. Si al menos hubiera sido Medio. Estaba seguro que fuera cual fuera el orificio en donde lo anidaran a Medio era más digno que la nariz y, juraba por todos los altos cielos, que mucho más divertidos. Incluso, pensaba, habría aceptado de buen grado ser Anular y soportar por siempre cualquier añillo.
Mano estaba lista, él por supuesto sólo esperaba la orden de jalar del gatillo. El cañón ya estaba en la boca. Una fracción de segundo y todo sería historia.
Listo, no más pelos, no más ascos, no más indiciar a nadie, no más vida.
Entonces, sonó una entupida melodía en el celular; si nos dejan, nos vamos a querer toda la vida… No, por Dios, ¡no!. Rogó a todos los santos para que Pulgar no hiciera su trabajo. Todos sus ruegos fueron en vano, Mano sacó el cañón de la boca y Pulgar, cínico como era, hizo lo que parecía su única función en la vida, apretó, apretó el botón para contestar en el celular; era la reconciliación, Dorso secó algunas lagrimas, Palma acomodó los cabellos y dio tiernos golpecitos en las mejillas. Se escucharon risas entupidas a través de la línea, Pulgar también reía, sabía que todo seguiría igual y lo que más disfrutaba era que, justo en ese momento, Índice ya se convulsionaba de nuevo y para siempre, adentro de la nariz…
Gayo. 02.01.11 en una tarde en donde mi índice no señala más lo que pudo haber sido un muy buen horizonte.
Nota 1. Si se hurga la nariz, plis; hágalo donde nadie lo vea.
Nota 2. Por el amor a Dios, no dejé lo que de la nariz salga debajo de las mesas, se siente espantoso pasar la mano por ahí y encontrar rastros de otro ser.
Nota 3. Coma frutas y verduras, haga el amor sanamente y si fuma; invite
A Índice siempre le produjeron un asco infernal los pelos de la nariz, cualquier otro pelo y hasta hacerla de juez al indiciar a un pendejo melenudo le daba igual, pero los pelos nasales lo habrían hecho vomitar si hubiera tenido boca. Las costras de moco pasaban por asquerosas que fueran, pero el pelo nasal que se le quedaban entre uña y carne siempre lo hicieron sentiste un Meñique cualquiera y, caray, no es que juzgara el infame oficio de ése dedo menor de hurgar entre los colmillos para coleccionar pedacitos de carne y sarro ¡no señor!, a él lo que le producía aversión y asco eran los pelos de la nariz. Si al menos hubiera sido Medio. Estaba seguro que fuera cual fuera el orificio en donde lo anidaran a Medio era más digno que la nariz y, juraba por todos los altos cielos, que mucho más divertidos. Incluso, pensaba, habría aceptado de buen grado ser Anular y soportar por siempre cualquier añillo.
Mano estaba lista, él por supuesto sólo esperaba la orden de jalar del gatillo. El cañón ya estaba en la boca. Una fracción de segundo y todo sería historia.
Listo, no más pelos, no más ascos, no más indiciar a nadie, no más vida.
Entonces, sonó una entupida melodía en el celular; si nos dejan, nos vamos a querer toda la vida… No, por Dios, ¡no!. Rogó a todos los santos para que Pulgar no hiciera su trabajo. Todos sus ruegos fueron en vano, Mano sacó el cañón de la boca y Pulgar, cínico como era, hizo lo que parecía su única función en la vida, apretó, apretó el botón para contestar en el celular; era la reconciliación, Dorso secó algunas lagrimas, Palma acomodó los cabellos y dio tiernos golpecitos en las mejillas. Se escucharon risas entupidas a través de la línea, Pulgar también reía, sabía que todo seguiría igual y lo que más disfrutaba era que, justo en ese momento, Índice ya se convulsionaba de nuevo y para siempre, adentro de la nariz…
Gayo. 02.01.11 en una tarde en donde mi índice no señala más lo que pudo haber sido un muy buen horizonte.
Nota 1. Si se hurga la nariz, plis; hágalo donde nadie lo vea.
Nota 2. Por el amor a Dios, no dejé lo que de la nariz salga debajo de las mesas, se siente espantoso pasar la mano por ahí y encontrar rastros de otro ser.
Nota 3. Coma frutas y verduras, haga el amor sanamente y si fuma; invite
viernes, 14 de enero de 2011
Mi inestabilidad mental
Nació de las entrañables entrañas
de tus pensamientos,
de la humedad de tus ganas y
sudores que en gotas de rocío empapó
mis hombros, mi pecho, mi ser de hombre,
mi mente y alma que aún se sujetan a tu imagen
de estampa salida en el pan de caja,
nació, príncipe de luz,
del arrebato de mis ojos de quedarse ciegos
al vestirte,
al atarte los cordones,
al dar la media vuelta y
cerrarla puerta con el ruido sordo
que se queda con las interrogantes,
al pronosticar que nunca más verían
a una cuarta de suspiro tus hermosas blancas nalgas.
Nació al comprender y hacer propia la desdicha
que se anida en las distancias,
al sumar el uno y uno y que el resultado sea triste solo uno,
nació del desliz de tus labios de carnada
al espetarme en la cara tu palabra de quedarte,
de amarme un punto más de lo que yo te amaba,
germinó de la cor-dura de mi sexo,
Nació, terrón de pies de azúcar,
llorando cual niño en tiempo, de tu vientre.
Gayo. en una tarde en la que no pasó el camión de la basura y la basura se arremolinó en los ojos y en los inútiles recuerdos.
de tus pensamientos,
de la humedad de tus ganas y
sudores que en gotas de rocío empapó
mis hombros, mi pecho, mi ser de hombre,
mi mente y alma que aún se sujetan a tu imagen
de estampa salida en el pan de caja,
nació, príncipe de luz,
del arrebato de mis ojos de quedarse ciegos
al vestirte,
al atarte los cordones,
al dar la media vuelta y
cerrarla puerta con el ruido sordo
que se queda con las interrogantes,
al pronosticar que nunca más verían
a una cuarta de suspiro tus hermosas blancas nalgas.
Nació al comprender y hacer propia la desdicha
que se anida en las distancias,
al sumar el uno y uno y que el resultado sea triste solo uno,
nació del desliz de tus labios de carnada
al espetarme en la cara tu palabra de quedarte,
de amarme un punto más de lo que yo te amaba,
germinó de la cor-dura de mi sexo,
Nació, terrón de pies de azúcar,
llorando cual niño en tiempo, de tu vientre.
Gayo. en una tarde en la que no pasó el camión de la basura y la basura se arremolinó en los ojos y en los inútiles recuerdos.
Sireneando
Vamos a inundar las naves
con los mares de mis ojos,
que no queden ascuas,
que se hundan los bajeles con sus baos y
sus trapos,
con sus costras,
con su viento,
con sus ratas y
con sus recuerdos.
Inaugurémosles el bajo mar oscuro,
las miradas a otros lados y
el azul profundo,
ahoguemos cada cirio,
cada fósforo,
cada suspiro y
quememos en la leña verde a las sirenas
con sus cantos,
con su magia,
con sus ganas,
con sus bromas,
no sea que en una de esas me arrepienta y
de nuevo me haga a la marea con rumbo a tus playas.
Vamos príncipe de mirada de aceituna y
altamar y guerra en el silencio,
vamos a inundar las naves;
tú me haces llorar, yo levanto el oleaje.
Gayo. 31.12.10 en una tarde en donde el valor es más bravo que la realidad, pero también más cauto, más calido, más mentiroso.
con los mares de mis ojos,
que no queden ascuas,
que se hundan los bajeles con sus baos y
sus trapos,
con sus costras,
con su viento,
con sus ratas y
con sus recuerdos.
Inaugurémosles el bajo mar oscuro,
las miradas a otros lados y
el azul profundo,
ahoguemos cada cirio,
cada fósforo,
cada suspiro y
quememos en la leña verde a las sirenas
con sus cantos,
con su magia,
con sus ganas,
con sus bromas,
no sea que en una de esas me arrepienta y
de nuevo me haga a la marea con rumbo a tus playas.
Vamos príncipe de mirada de aceituna y
altamar y guerra en el silencio,
vamos a inundar las naves;
tú me haces llorar, yo levanto el oleaje.
Gayo. 31.12.10 en una tarde en donde el valor es más bravo que la realidad, pero también más cauto, más calido, más mentiroso.
Magiando
Se están perdiendo, príncipe de azul celeste y gala,
las palabras que atrapé del viento aquella tarde
en que tú y el tiempo
se morían de miedo entre mis brazos,
el tiempo por perdernos y
tú por regresar al claustro sin suelas ni ventanas
que tenían tus dudas junto a tu garaje,
junto a otra mirada,
junto a tu bicicleta en donde al andar
derretías mi horizontes y
tus piernitas de paleta color guanábana con hielo,
se están perdiendo, caramelo,
los alcances de esas dos palabras
que ante tu ausencia derribaban cual remedio
garitas y fronteras,
sueños y verdades,
lunas para aullarles,
significados inventados y
el hueco que en mi vientre de almohada
creaste aquella tarde en que recostado
repasabas con tus dedos la cicatriz
anticipada que también se está perdiendo.
Estoy casi creyendo, casi cayendo en la cuenta
sortilegio mío, que los sueños nos muestran
las maravillas que la vida nos deja de tarea, y
tú eres, eras no lo sé, una nota casi indeleble,
un borrón casi caricia mía, un invento de mi mente,
una magia no aprendida.
Gayo. 9.1.11 en una tarde en la que el Señor hizo magia con el horizonte; sacó pinceles delgaditos, lienzo cielo y colores azul celeste, magenta, gris recuerdo y pintó locuras reales, locuras de ensueño.
las palabras que atrapé del viento aquella tarde
en que tú y el tiempo
se morían de miedo entre mis brazos,
el tiempo por perdernos y
tú por regresar al claustro sin suelas ni ventanas
que tenían tus dudas junto a tu garaje,
junto a otra mirada,
junto a tu bicicleta en donde al andar
derretías mi horizontes y
tus piernitas de paleta color guanábana con hielo,
se están perdiendo, caramelo,
los alcances de esas dos palabras
que ante tu ausencia derribaban cual remedio
garitas y fronteras,
sueños y verdades,
lunas para aullarles,
significados inventados y
el hueco que en mi vientre de almohada
creaste aquella tarde en que recostado
repasabas con tus dedos la cicatriz
anticipada que también se está perdiendo.
Estoy casi creyendo, casi cayendo en la cuenta
sortilegio mío, que los sueños nos muestran
las maravillas que la vida nos deja de tarea, y
tú eres, eras no lo sé, una nota casi indeleble,
un borrón casi caricia mía, un invento de mi mente,
una magia no aprendida.
Gayo. 9.1.11 en una tarde en la que el Señor hizo magia con el horizonte; sacó pinceles delgaditos, lienzo cielo y colores azul celeste, magenta, gris recuerdo y pintó locuras reales, locuras de ensueño.
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