miércoles, 23 de marzo de 2011

Perpetuideando

Qué vas hacer conmigo
cuándo ya no tenga sexo,
ni brazos,
ni piernas, y
el tronco sólo sea una caja hueca
sin lugar a resonancias, y
a mis ojos sean las sombras todas
las que lleguen y
ya no tenga párpados
para cubrirlos de temores,

qué vas hacerle a mi nombre
cuándo sea más número que letra y
se mantenga en la costilla
de un simple expediente, y
mis labios y
mi lengua no se muevan para reclamarle
a los terrores que no vuelvan,
que no abracen mi recuerdo
cada vez que la gaveta se abra y
sea mi número y
mis letras las que no se muevan,
las que nadie busque,
las que queden arrumbadas
tras la broma del destino,

qué vas hacer con los gusanos
que se cuelguen de las cuencas
de mi cráneo cuando ya no quede carne,
cuando todo haya pasado,
cuando todo sea un jirón de pelos
adornando acaso una sardónica sonrisa,

qué haré yo cuando me lleves y
a un lado de tu plano me vea como despojo,
sin luz,
sin voz
ni movimiento cuando exhumen
lo que quede, cuando la perpetuidad
del papel del camposanto haya vencido
como todo vence
entre tus manos de reloj y calendario.

Gayo. 3.3.11 en un tarde en la que pasó por mi mente que todo pasa cuando ya es tarde, cuando no hay remedio ni lágrima que riegue lo que ya es árido para las tardes

Casiando

casi aurora, casi tarde, casi noche,
casi cínica luna la muy desvergonzada,
sonriente con su labios curvos de perchero
para colgar cual trapo casi un recuerdo,
para secar sin sol casi todos los suspiros,
para ahorcarse sin remedio mientras
no se acobarde el olvido,

casi es una palabra casi hermosa
cuando mantiene viva la esperanza,
cuando ya no hay agua,
cuando no hay retorno,
cuando ya no hay dios y
adiós es la única palabra con verdad
que de verdad será casi la ultima, y

se ve tan bella luna, casi bella luna
quitándoles la pena y
las ilusiones a los adoradores
del colorín del cuento que se ha terminado,
alunando a los novatos que se juran así mismos
que el primero amor sí es eterno
aunque sólo dure el lamento de los cierres y
botones botando por el suelo las ropas y
en la cama las saleas a las que casi sala y
mata,
a las que casi endulza y
cura, y
sale casi tarde para ser de noche, y
aunque no le toque sale casi siempre,
casi noche surge para ser de día,
casi nunca, casi luna, casi siempre.

Gayo 8.3.11 en una tarde en la que casi olvido que el tiempo lo cura todo, menos a la verdad.

Postergueando

Tal vez era martes o
tal vez quizás un jueves,
no recuerdo el día ni que mes
del calendario le apellidaba,
sólo sé que era un día como hoy
pues en el negro firmamento había
un filón de luna y
tres estrellas
como esos tres lunares arriba de tu pecho,

sólo sé que era tarde y
con las prisas no leíste los versos
con los que lloró la ducha mientras
de tu piel los iba deslavando,
no recuerdo tanto el primer beso
como el ultimo cariño,

pero aún tengo atorado en el pecho
el apremio que tenias de unos labios
que pagaran tus urgencias,

he olvidado mucho y
mucho he idealizado,
mucho he escrito de aquel lunes o
de aquel viernes embustero
en la que te bordé una casi noche con caricias,
con amor de largo plazo, con estrellas
como fuegos de artificio,
un divino baile loco,
una puesta en escena a tus pies
declamándote poemas,
un anillo en tu dedo sin mentiras y
un olvido sin recuerdos sumamente postergable.

Gayo 8.3.11 esa tarde casi noche había en el cielo tres lucero y una luna delgadita como guiño, como broma, como la de ahora.

Fumar

Esa tarde había comido arroz con camarones y un cóctel de mariscos que compró en una fonda cercana al hostal igual que lo había hecho los años anteriores. No era fanático de ese tipo de comida, pero la primera vez intuyó que ello sería lo más rápido antes de regresar a su habitación.
Esté año y el pasado y todos los demás lo hizo con la consigna de que todo fuera como la primera vez.

Pidió dos porciones para llevar, un puñado extra de servilletas de papel y dos flanes que finalmente olvidó junto con el cambio sobre la barra de la fonda mientras pagaba.
La primera vez bien habría podido regresar por el dinero y por los postres, ya que se dio cuenta del descuido apenas había dado unos cuantos paso, sin embargo, pensó que bien valía la pena dejarlo como propina, ya que lo que le esperaba dentro del cuarto era mas valioso que cualquier dinero y mucho mas dulce que cualquier flan. Al siguiente año se dijo; siempre es bueno inaugurar un nuevo ritual.

Caminó entre la gente de prisa, si bien era poca la distancia, las ansias de llegar eran muchas. En un descuido golpeo con la bolsa de comida la pierna de un tipo que ni se dignó a mirarlo, algo se rompió ahí adentro -era el segundo año y éste hecho lo único que varío de aquella ocasión-, demonios, éste debe ser un mal agüero, pensó mientras continuaba la marcha del ritual.

Entró a la recepción del hostal donde la encargada lo miro con la misma sonrisa de piedad que ya le tenía designada desde el segundo año, él le regresó una sonrisa boba, subió las escaleras y abrió la puerta.

Dispuso torpemente la mesita para los dos, aun era temprano para la comida, miró el reloj de pulsera que le había regalado su ángel en la primera cita y que justo esa misma noche había detenido las manecillas a las doce con un minuto, vendó sus ojos tal como se lo habían pedido la primera vez, la lluvia de la ducha sonaba atrás de la cortinita de baño, se sentó en la cama y se desnudo para estar en igualdad de condiciones, se recostó, los ojos vendados le abrieron las puerta de la fantasía haciéndolo perder la noción del tiempo, unos intentes después y de pronto, en su cuello se posaron los labios mas tiernos y calidos del mundo, su cuerpo comenzó a ser recorrido por las yemas de los dedos mas hábiles que piel alguna haya sentido, el cruce de los alientos por la habitación hicieron florecer las begonias de los tiestos de la ventana como si hubieran sido regadas por las primeras aguas dulces de alguna primavera, el ambiente se cargo de pulsos eléctricos lo mismo que cada cavidad de su cuerpo en donde la sangre suplicaba por mas espacio y latía afanosamente para ganárselo al expulsar al fin, en un solo chorro, todos los fluidos somáticos.

Un instante, la vida es un instante y en ella hay cosas que bien valen una eternidad, su boca, al final del acto, recibió como recompensa el beso que fundiría su cordura y sus labios para siempre.

Como cada año después de esa tarde mágica en donde conoció la carne y el sexo de aquel ángel, terminaba entupidamente sobrio en esa misma banca de aquel bar al llegar la noche, también como la primera vez, terminaba al amparo de la mas inmunda soledad debajo una nube de humo de cigarro.

Esa noche, a solas, al igual que todas las demás, se prometió jamás exorcizar ese recuerdo y pagar sin chistar el precio de esos besos, de esas lágrimas que se le durmieron en el pecho al terminar el último acto, se había prometido escribir el mismo verso en la misma espalda hasta que la ducha lo respetara y se volviera, sino por terquedad, si por piedad, completamente indeleble.
Se juró, a costa de su vida y de la brizna de cordura que le quedaba, pagar el costo de ese instante aunque la comida se quedara para el cesto de basura del día siguiente, aunque la mirada de la empleada del hostal fuera ya de lastima y no de piedad al verlo registrarse y después pagar la cuenta completamente a solas, aunque el verso lo escribiera en la misma cortina de baño que había hurtado la primera vez, y sus labios, completamente desfigurados y fundidos, apenas le sirvieran para musitar el nombre de su ángel y después, fumar.

Gayo. 22.3.11 en una tarde viendo como la luna se difumina lentamente, pareciera que se va inmolando en su propia soledad.

Cuandeando

Cuando los verbos de mis versos
en tu piel no te hagan falta, y
por fin tu sentir los haya archivado
en el cajón donde se guarda
lo que se ha dado de baja, y
la tinta con la que los escribí
sea agua pasada, y
el vestigio de mi hacer sobre tus días
sea acaso un vahído ligero provocado
por el humo de un cigarro en otros labios, y
a mis huellas en tus pasos
las hayas convertido en barro y
la conjunción del calor de otra piel y
el aliento de otra boca les hayan trastocado
en el polvo al que tus ojos es inmune,

cuando las y griegas de tu cuerpo rechinen
con herrumbre y
supliquen el silencio que ofrece otro aceite,
otro bálsamo,
otra poesía,
otras dos simples palabras
que se asuman verdaderas y
no como las mías a las que juzgaste
de mentiras condenándolas
a ser eco entre mis huesos,

cuando todo lo que fui en tu emoción
haya pasado, mándame panal de miel,
al menos una paloma de humo
con tu olvido en el pico,
así podré dejarte descansar en mi recuerdo,
en mis versos, y a mis verbos
en otra piel que sea de paso y
que en su paso por mi piel no se pregunte
donde aprendí ha ser, amor, amor de largo plazo.

Gayo 18.3.11 en una tarde en la que las moscas del local están más inquietas que nunca, han visto, en otro lado lejos de aquí, caer las flores de la bugambilia que jamás se equivocan cuando la primavera ha llegado y se posan en el suelo, rindiendo pleitesía.

Cordureando

Cada año le pido al azar que me invente
una dirección huérfana de esquinas,
un nuevo sur sin golondrinas ni gaviotas,
otra casa en la calle del mar
que haya extraviado el número
entre tus escasas letras y
que tenga en las ventanas distraídas
sus persianas, una morada desteñida
a la que no le hayan regado el timbre y
ya se le haya marchitado de tanto añorar
las huellas dactilares, una donde nunca vivas,
donde nunca mueras y
no tenga buzón ni ombligo ni una jacaranda
que le anuncie la llegada de las primaveras,
una donde nunca hayan vivido los recuerdos
ni se mueran nadie por leer tu apodo abrasándose
a mi nombre entre mis letras y
explicando que debajo de esta luna aún me deshidrato
al recordar que cerca de estas fechas fuimos uno,


cada año cuando llega esta harta luna
me llueven en el alma y
en los ojos tus palabras cual serpientes,
cada año envió una carta
sin moral diciendo en ella dos palabras
con tu nombre y apellido, relatando con detalles
como rayé tu pecho con los zumos de mi cuerpo y
la cordura que renté después de los desastres.
Cada tarde cerca de estas fechas me recuerdo
que entre tus piernas asfixiamos mi cordura.

No te apures, el azar es bueno y
hasta ahora no ha escogido ni un oriente,
nadie ha devuelto esas cartas,
creo que nadie sabe reclamar el exceso de amor
con el que narro ése acto en el que recorrimos
nuestros interiores y las pieles, o tal vez amor,
nadie siente, nadie abre, nadie lee.

Gayo. 18.3.11 en una tarde plena de luna llena, plena como pleno fui a su lado.

Nota 1. esta luna avisa que la próxima será día de crucifixión

Nota 2. la melancolía es hermana de todo amor fallido.

Godeteando

No fuiste tú pedazo de cielo en primavera,
ni tus ojos verdes sin faros huérfanos
de nidos de gaviotas, sin olas ni mareas
con cenizas de barcas y velas.
No fueron las dos gotas de cristal
que me lloraste aquella tarde
que me preguntaste sí en una definitiva
despedida yo por ti, o algún otro cualquiera,
tuviera el valor de cegarle a mi cuerpo
el don de vida, y
mordías las uñas, y
sufrías, y
ansiabas en silencio que fuera el mayor
de los cobardes para que cuando partieras
a tus playas no descerrajara en mi sien
el tiro con el que después agonizaran
tus culpabilidades,

no eras tú panal de miel de avispas,
ni el veneno de tu lengua de carnada ni
tus labios de aleluya curvos como anzuelo,

no fueron tus palabras que decían
casi de verdad que te creyera y
depositara en tus manos mi confianza,
la ruta al horizonte, el tintero y
el godete en donde se preñaban
para enamorarte letras y colores,
realidad y fantasía, verbos y acuarelas,
prosas y grafitos, borrón y cuenta nueva.

No eras tú, la culpa es toda mía, y
de ése tanto suponer que amar y enamorar,
compromiso y verdad son la misma cosa,
fue ése tanto contagiarme de todo
lo que en mi mirada eres, y
de tus piernas, y
de tu novates en ciernes para olvidarme
que en la primavera se sienten mariposas
que le abonan el vuelo a las parvadas de hormonas.


Gayo. 20.3.11 en una tarde en la que el sol, cayendo a plomo, le causa urticaria a las aceras que aún cantan la melodía de sus tacones.

martes, 8 de marzo de 2011

Carnivaleando

Cuando le conocí, eran los tiempos del frío sin clemencia, eran los tiempos de cubrir con mantas los recuerdos y las orejas de los vientos que sonaban a suspiros. Todo yo era el vademécum de lo que se ha sufrido, de lo que no se ha amado, del olvido que no olvida a quien ya no lo recuerda, era un tipo gris con cara de fallida tormenta y facha de lo que se ha perdido y nunca se ha buscado. Eran, por otro lado, los tiempos en que en las aceras los nativos freían sesos y huevos, de poeta los primeros, de gallina los segundos, sobre los cofres de los autos y a sus propios cerebros adentro de sus cráneos bajo el sol candente que caía aplomo incluso por debajo de las sombras, y estaban así, escuálidos, con los ombligos casi estallándoles sobre las inmensas anémicas barriga, pues el alimento era escaso, la poesía también y el frío no daba para chispas, no daba para nada.

Y ahí estaba , en la esquina de Providencia y Esperanza a las doce de todos los días con el sol cayéndose a pedazos, y yo embozado en cuatro abrigos y restregándome las palmas de las manos cubierta por los guantes de astracán que me obsequiara el ultimo amor de mis amores, exhalando vaho tibio y frotando de vez en vez los ojos para que los lagrimales no se congelaran, dando ridículas pataditas a la ardiente acera para disfrazar el temblor con el que los músculos se entretenían.

De pronto y de la nada, por allá, a media cuadra, apareció con sus rulos dorados como llanto de cielo ante la mirada de los nativos que ya babeaban su comida, y de la mía que siempre hacía agua, cubría casi sus carnes con un casi trapo casi blanco, tal vez angelicalmente demasiado blanco, el sonar de sus caderas no avizoraba que fuera a cambiar de acera, su paso era lento pero seguro, su mirada, ay, su mirada de poesía toda se alternaba entre la mía que hacía siglos no veía ningún portento y la de ellos que le miraban con las vísceras, de su ojos se colgaban horizontes completos, calmos, tibios, llenos de colores inventados sólo para ser cortados como mandarinas, y su piel, Dios mío, su piel no hay forma de describirla, sólo sé que el habla se perdía en la garganta antes de ser emitida.

Después no sé, no recuerdo quien le quitó la vida a ésa alucinación magnifica, nada importa si fui yo o fueron ellos, tampoco sé y poco importa quién le destazó y puso sus carnes a freír sobre el cofre del auto desvencijado.

Ese día, con el sol en el cenit y con mi encabronado frío de maldición verdadera, llenamos juntos nuestros intestinos de piel, carne y poesía, les enseñé a los nativos que no solo los sesos eran alimento bueno, que también la carne cuando se ve con deseo es verbo, comimos como nunca, sin remordimientos ni pecado, pues el pecado no existe cuando algo, sea lo que sea, se hace por amor, o por lo menos creyendo que por ello se hace.

Desgraciado de mí, que error tan grave, ahí tuve el remedio para el frío y preferí tragar con lujuria como en los tiempos de buenaventura, ahora vivo a salto de mata dos o tres pasos por delante de los nativos que andan tras mi carne y de mi verbo que nada tiene de poesía, lo único bueno es que de tanto correr creo que casi se me ha quitado el frío.


Gayo. 4.3.11 en una tarde en la que la un mensaje, una carta, unas palomas de humo mensajeras abrasarían un poemario con dedicatoria y tal vez se fuera el frío.

martes, 22 de febrero de 2011

Esperanceando

Si al menos pudieras escuchar cuantas voces
gritan en mi yo profundo,
cuantas voces retumban como eco en mi cabeza
por el no derrumbes la E de la esperanza
de vivir contigo un segundo, y
después el otro y
uno más hasta darnos cuenta que llevamos dos caminos, o
que los caminos sean tan simples
que terminen siendo uno.
Si supieras que no entiendo de extrañezas
cuando sé, y lo juro, que tu mirada y la mía
se han fundido en un instante, en una sola,
en un acto de sexo que bien podría
enseñarle a la carne como es que de verdad se ama.
Si al menos comprendieras el dolor profundo
que devora sin piedad
la parte izquierda de mi pecho cuando no estas,
cuando no has llegado,
cuando grita la ilusión avienten paja y
mi cuerpo hecho ovillo caen en el derribo
de esperar con esperanza.
Si al menos pudieras escuchar como esas voces
muerden rabia, y
tragan saliva y hiel, y
escupen,
tal vez yo sabría acallaras alguna de esas voces,
y Dios quiera fuere la que dice; aquí no pasa nada,
no hay derrumbe.


Gayo. 20.2.10 en una tarde recordeando que hace un año y un día entré a escribir por primera vez en este portal.

Hieleando

El día que sacaste sin detalles
de una pésima chistera tu adiós,
también sacaste navegando
las estrellas de mis ojos,
no quedó mas que la luz real
que sabe a oscuridad cuando
se ama y
no se es correspondido,
no quedó en mi boca ni una
redentora gota de saliva para
las heridas que nacieron ese día,
esa tarde,
esa casi noche,
ese día sin padre en el que busqué
agua de hiel para endulzar el resabio
de la miel de avispa que dejaste en mis labios
y solo encontré el vinagre de mis ojos,

ese día sin luceros ni rosa de los vientos
se perdió en los recovecos de la noche en pleno y
no se haya,
no se encuentra,
sólo espera terco como yo el cambio de estaciones
para ver por fin si llueve y
regresan a mis ojos navegando las estrellas.


Gayo. en una tarde mustia en la que el sol le ha pegado con saña a la acera y ahora, como arrepentido, deja que el viento se asemeje a una brisa fría como ausencia.

Sabandijeando

Debajo de qué sueño te estarás
cubriendo que no sales ni al llamado
del sol que suena para misa,
dónde te has metido sabandija
piel papel color capitulo en mi historia
que por más que oteo una luna y
falsifico una brújula perfecta
no encuentro el rastro de tu sombra
ni el sonar ni el acercar de tus caderas.

Me gustaría saber si sigues aún pensando
en ese par de aceituna que nadaban como
ojos sin pestañas en la copa martinera
la noche del cóctel en que tu aroma sacó
a bailar a todas mis hormonas,
me gustaría saber si sabes que te he escrito
a doscientas direcciones inventadas o
si en una de esas la casualidad ha estado
de mi parte y
has leído entre mis letras que te extraño y
que me gustaría mirarte la espalda brujo
en cada embrujo cuando partes a las garras
de tu tribu y
que por fin ya sabes que el único peligro
es que en alguna de tus ida se terminen
los pañuelos que se han bordado con tu nombre.

Me gustaría pensar que no te bastan
tus cobijas para ensombrecerte
por las noches la mirada y
que dejas tu escondite y
que das al sol la cara y
que vienes a escucharme la palabra,
a sentir de corazón un verbo tartamudo
que te tengo listo y
que breve de palabras y
que acompañado de otras dos letras,
sonará eterno,
mientras te permitas cobijarte en mi mirada.

Gayo. 18.2.11 en una tarde en la que el sol se ha ensañado con la acera a la cual no le ha quedado mas remedio que secar su llanto y borrar las huellas que vuelan a otros lados, a otros tiempos, a otros ojos como polvo.

Patrañando

Qué hacer con esta memoria tan rapaz
que se traga lunas llenas y enteras
con mis pupilas propias de mirarte
sólo para que tú vengas, y
vienes, y
me desespero con la comezón
en las pestañas y
me llenas con pequeños golpecitos dolorosos
el endeble lado izquierdo de este pecho
donde habita una muerte de amor muy mal llorada, y
me atasco de luna sin tu rostro y
recuerdos, y
pierdo lo cuerdo un momento y
te recuerdo, y
se me atora de nuevo entre los dedos
la maldita cobardía que vivía entre mis líneas y
esos versos que hubieran sido profanos si te los hubiera escrito,
esos versos que tal vez hubieran sido el dogal para tu cuello,
el anillo de tu dedo,
el presente con tu carne llena de alma a mi lado,
esos versos que hubieran sido para mi ego jake mate,
un imperativo ya no vayas,
un borrón piadoso en las leyes de otro credo,
una proeza del te quiero y soy tu dueño,
un magnifico olvido innecesario,
una corrección en las patrañas de la vida.

Gayo. 17.211 en una tarde de luna harta llena, con gran temor de que se caiga, con miedo de que sea allá en los tejados de los sin sentido, sobre sus antenas de TV que los tiene, inocentes, pensando como evadir las caricias nocturnas para el alma.

Lindeando

Sé que estoy viviendo en la linde
que divide tu mirada que me llega
buena y
calma y
en parte más carbona del cerebro
que se pierde fácil entre humo,
entre verbos,
entre motivo engañosos
que supuestamente nunca pierden la razón.
Sé que te has quedado preso al salir ileso
de todas las batalla de una sola tarde
cuando cuerpo a cama y
sin trincheras nos dimos lo que dimos
sin tregua ni armisticio
una cuarta arriba de la almohada y
una cuarta abajo del lábaro blanco
que fungía como sábana.
Sé que son cosas que pasan aún cuando
en la mesa se haya puesto previamente la baraja,
sé que un impulso lleva a otro y
luego el otro no sabe decir el porqué
las cosas pasan como pasan.
Sé que acariciaste las costras de mi alma y
en las cicatrices te entretuviste mirándolas
como medallas y
no como fracasos como en realidad debiste,
sé que estoy viviendo en la parte irracional
de tu momento y por descuido me he anidado
en tu mirada de esperanza
en donde, lo siento, no puedo navegar con calma.

Gayo 16.2.11 en una tarde donde la luna se ha sentido valiente y valiéndole muy poco los prejuicios y las habladurías se asoma desde muy temprano con su capa de verdad azul celeste, con su vestido de noche algo vetusto y con un jirón en el dobles que la hace verse un poquito no tan llena.

Navegueando

Se trataba de llegar a pie y
permitirle calentar a los escrúpulos
su robusto cuerpo debajo de la cama
con los trapos de las pieles
que se desprendieron con urgencia,
se trataba de tratar de navegar la colcha,
las sábanas,
los peces,
la caracola y
anclar de nuevo,
hacerle gala a las blanqueas y
estrenar agallas fondeando nuevamente
hasta que el océano vomitase y
rayarse uno u otro cuerpo en su superficie
con algunas insurrectas olas, y
pescar anémonas, y
atrapar el tiempo, y
olfatear amonia ¡que carajos!
se trataba de empaparle la piel al mar
mirando para adentro y gimiendo;
a soltar amarras, y
soltar las redes,
preparar anzuelo y
carnada y
va de nuevo,
se trataba de hacer todo sencillo
sin que el batel sufriera daños, y
quedar marino a sus ordenes, y
aprender la ruta, y
navega de nuevo.

Gayo. 15.2.11 en una tarde en donde a los luceros y a las nubes se les ha puesto falta en la lista de presente, en una tarde en donde la luna sabe que al estar presente los recuerdos le faltan el respeto al pasado, y el futuro con decencia, calla.

Revuelviendo

Uno busca y
busca pan con todo su aroma,
la contraparte ha vivido seca y
requiere sólo fatuo migajón caliente
pues sus días no han comido,
el hambre en las manos muerde y
no se fija qué se ofrece,
quien se rompe,
quien se da y
la homilía se revuelve.

Es como querer borrar las ojeras
estrujando los ojos que perdieron
los parpados de antemano.
La mesa estaba puesta y
aún con resquemores
se está petrificando
esperando un si como remedio.

La franqueza se lavó la cara y
tan desnuda como estaba no
pudo enjuagar las manos,
escribió en la cáscara de pan
pensando que era sólo carne.

Una parte pierde el habla
al navegar en las contradicciones,
la contraparte la perdió en el sexo y
ahora queda sin respuestas
ajándose a fuego lento en las frivolidades.

Gayo. en una tarde con una luna muy hermosa sin percha en donde colgarla, desnuda de nubes y luceros.

Desinverneando

Si vieras cómo miran mis narices
los transeúntes asomar a
un lado y a otro de la calle en busca del llegar
de tus caderas y en el piso
los charcos y
el lodo
que antecede cada una de mis huellas.

Si escucharas cómo suena aquí
en el local mi onicofagia y
el desgraciado eco que semeja
el tañer de las campanas al tronarme
cada dedo y
que suena angustia,
a no tardes,
a la marimba de tu espalda.

Qué te pasa qué no has pasado
a alimentar mis fantasías que fallecen
de bulimia al mirar otras espaldas
donde creo mirarte y
que no llevan ni ilusiones
del perverso de tu aroma.

Si tan sólo enviaras
pañuelos delatores mensajeros
que dijeran donde te ocultas después
de haber dado la vuelta de mi brazo o
por lo menos palomas de la paz de mis angustias,
no estaría escribiéndote algo cursi,
y si algo tal vez inteligente,
quizás hasta sensato,
pero dándote las gracias por haberme
despertado en el lado izquierdo de mi pecho
de nuevo el nuevo revolotear de las avispas y
las mariposas que invernaban hace tiempo.


Gayo 13.2.11 en una tarde en donde me he dado cuenta que las fragancias de marca marcan las narinas, marcan al alma.

Deshojeando

¿Cómo no si eres de los claustros
de pestañas desertor con la mirada y
te vas y vuelas a lo sueños donde tu palabra
es barca de pirata navegante,
astil contra viento y velas y
de sextante y timón tú gobernante?

¿Cómo entonces no caer como moneda
con la cara al sol y
con la cruz en la rendija
de tus afanosos brazos que atan
con el brillo de luz a plomo y
liberan con la fuerza de un corazón seguro?

¿Cómo no dejar hacer lo suyo
a la pena del azar cuando deshoja
el no me quieres para infundirme dudas y
quedarme tan tranquilo deshojando estrellas
con el suspirar seguro del que si me quieres?

Gayo 12.2.11 en una tarde en donde a las nubes se les hace tarde por llover y el frío, cínico el malvado, aún se pega a la piel cual lapa.

Destineando

Cuando la ocurrencia del destino
llevó tus pasos a mis brazos
ya habías tragado hojas de hierva,
incienso,
lumbre,
polvo y
brillos de cristales,
ya habías caído sin saber porqué
entre uñas,
garras y
colmillos,
en la cama de cuartos con paredes
adornadas con barquitos impresos a destajo,
casas con charolas ilusorias llenas
de galletas de jengibre y
felaciones de falacias que sabían verdaderas,
ya habías estado entre húmedos delirios,
huidas desastrosas,
llantos secos,
vueltas y regresos en dos palmos de narices,
ya en el astracán de tu espalda había quedado
por errado amor herrada con dos alas la figura
de una mariposa,
ya en tus labios,
en tus cejas y
pezones estaban las perforaciones de encontrarte
en otros días,
en otros labios,
extraviado de otros hábitos,
en otro con sus brazos quebradizos con su pecho
de árbol hueco y seco que no supo como retenerte,
ya tenías en las ojeras y en los labios diques
para retener guiños sagaces,
para contener caricias en las cejas,
para entretener ósculos efímeros,
desecar humedades en cualquier parte del cuerpo y
mantener a raya el aguacero de los cristalinos, sólo por si acaso.

Cuando la ocurrencia de mi parte fue llevarte a otra parte,
no había escrito en mi parte de guerra el blandir
el blanco trapo ante tus ojos ni someter a mis designios
a tu aliento ebrio de miedo,
no existía en el plan ni en la estrategia el extrañarte
cuando en la estación te dieras vuelta y
regresaras a ocultarte a tu feudo después de los estragos
que causaste a mi lado izquierdo, con tan sólo ir a dar la vuelta.

Gayo. en una tarde recordando como una simple vuelta, cuando es buena, puede permanecer después del frío, del calor y de la ausencia.

Sortilegeando

Desilusionado de mi propia ilusión
de querer escribirte algo.


En una tarde ya muy tarde para mí contigo,
en los mañanas recordé las noches que perdí
después de ti y tu tiempo a mi lado y
de las que era amante frívolo amante,
recodé el nacer suyo sensual enamorante
que iniciaba cuando la temperatura
no podía mas con el pudor, y
caía desnuda,
rendida y
sublimada ante el horizonte tímido y
hermoso que vestía sus mejores galas y
que sonrojado, se dejaba oscurecer enamorado.

Noches tan amadas que cubrían su sexo
con su negro manto salpicado en lentejuela
cuando sin decoro, y
mínima decencia, copulaban con la nada para engendrar
la luz del día a día y
de cada mañana.

Pero llegaste tú, canalla, en una tarde a rescribirme
el cuento de la vida y
entre frases,
oraciones y
suspiros me trajiste tu mirada verde calma,
la tempestad de tus cabellos,
el enamorar de tu palabra,
tus piernas delgaditas cual jirón de nube
presta a lloverse en mi alma y,
en el viento;
el tañer de las campanas de la iglesia
a todo vuelo que sonaban de tal forma tan divinas
que su canto era perseguido por el batir de las palomas.

Y fue la noche, cual celosa dama,
la que triste,
irritada y
encabronada nos miró en el lecho y
apartó de un tajo tu desnudo cuerpo
de las lindes de mi ombligo tocándole
con negra magia impaciente
al reloj el hombro para que
entre tú y yo todo pasara,
y pasó mi piel de novilunio, de inmediato
tú y las noches se negaron
a ser de mis amores mis amante y
como sortilegio,
mal encanto, o
maldición de mala madre,
condenaron a mi carne y a mi alma a tenerles
sólo entre recuerdos por las tardes, ya muy tarde.


Gayo. 10.2.11 en una encantada tarde extrañando a las amantes noches, viendo que cuando ya es tarde, sólo queda uno solo extrañando.

Sotaneando

No sabía que podía volar tan alto
en forma inversa al abrir el sótano
donde aguardaban las esperas,
al pintar de blanco la sala de pacientes
casi muertos de olvido,
al hacerme a la mar en un bajel donde la quilla
apenas soportaba el peso de los trapos y
que sin embargo me llevo con pausa a
puerto nuevo y seguro,
al sujetarme con denuedo de la sábana y
morder la almohada para no marearme en el descenso,
No sabía que no había perdido
la firmeza de la carne y
la entereza para soportar junto a la quilla
los embates de los vientos,
no sabía nada y después del viaje nada supe,
me extravié en fantasías, bajo nubes,
bajo le vuelo de la esperanza de volar de nuevo.

Gayo. 8.2.11 en una tarde recordando que aunque se tiene alas le damos mas importancia a los lastres.