lunes, 1 de marzo de 2010

Dios y dios

Mientras levantaba mis brazos al cielo
para hacerle una seña obscena,
fui recordando tus pasos en la recamara,
recordé cada beso,
recordé tu espalda al salir por la puerta
–que bello has embarnecido Jesús-
y después del pinche portazo, sólo tu aroma.
Debe haber sido un viaje eterno
el de mis brazos al cielo,
como eterno lo que vivimos,
como el amor de todos mis siglos que te dedico,
como la sal de los mares que se destilaron
a través de mis lagrimales,
como la flecha que atravesaba
la manzana de mi garganta hasta
el pezón de la izquierda que fungió como diana

Me harté de los malos designios,
Y de los alevosos dolores,
miré con la furia de todos los ángeles negros al cielo
y esgrimí contra todo lo azul,
contra todo lo blanco y lo negro la blasfemia
que aprendí en mi paso por el infierno.

Y Dios me escuchó con su omnipotente asombro;
me erigió como el dios de mi propio delirio,
la lluvia de mis mejillas cesó,
y supe con el asombro sencillo del hombre
que también los amores y desamores
que hay entre hombres, nacen benditos por el Señor.


6ayo 28.2.10 en un 28 destinado a Judas

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